El espíritu del trampeo, o “una tesis normal”

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Pedro Sánchez interviene en Nueva York en un foro sobre Violencia contra las Mujeres y Jóvenes con Discapacidad, impulsado por el propio Sánchez y organizado por el Fondo de Población de Naciones Unidas.

(El texto siguiente es un informe preparado sobre la tesis de Pedro Sánchez por un doctor español que quiere mantener en reserva su identidad por las razones que explica al final. Por mi parte, he comprobado que los datos que ofrece para cuestionar la calidad del trabajo doctoral del presidente figuran en la tesis y en las fuentes originales tal  y como los recoge el autor) 

Por “Autor de una tesis doctoral”*

Una de las peores prácticas de la investigación académica, sin duda extendida por la banalización de trabajos tan dignos de respeto y admiración como las tesis doctorales, es el deseo que muestran muchos investigadores (o supuestos investigadores) por aparentar un dominio de las fuentes rico, variado, políglota y con un toque exótico y erudito.

La tesis de Pedro Sánchez no se puede caracterizar por ese dominio de las fuentes. Más allá de los plagios puntuales, de las numerosas citas textuales sin comillas, de las carencias más básicas en el uso de las referencias bibliográficas (falta de uniformidad, aleatoria referencia a páginas, editoriales, ciudades de edición, etc.), el tipo de documentación citada en la tesis carece de la calidad propia de una buena investigación doctoral (no hay ni aproximación a un análisis profundo de estudios e investigaciones en los distintos campos que trata, más allá de un puñado de obras de referencia básicas –nada que ver con la extensa y necesaria revisión de artículos académicos propia de estos trabajos-, y, eso sí, una intensa utilización de documentos e informes oficiales que, como ha dicho el antiguo ministro Miguel Sebastián, todos ellos son de dominio público… o no). Pero claro, sólo con esos mimbres la base documental de una tesis puede parecer pobre, y es ahí donde habitualmente aparece la tentación de añadir esos elementos de multilingüismo y erudición que, cuando se tiene poco tiempo, acaban aportándose con la muy mala práctica académica de citar de “segunda mano” –de apropiarse de las lecturas de otros, como si fueran propias-, añadiendo autores que dan color y empaque a los textos. Es la hora del trampeo, de la picaresca que es necesaria para construir un trabajo doctoral en los poco más de doce meses que van desde el tuit “Tengo que escribir unas notas sobre diplomacia Economica, alguien puede aconsejarme literatura Economica para leer?” (sept. 2011) hasta el supuesto –en condiciones normales- depósito de la tesis un par de meses antes (sept./oct. 2012) de la defensa (nov. 2012).

Me temo que en Innovaciones de la diplomacia económica española hay varios casos de esa práctica tramposa y picaresca, con la que con facilidad se llega a obtener un trabajo más o menos rico en fuentes y citas (la tesis tiene 424 citas y 158 referencias en sus 17 hojas de bibliografía). Ya lo delataba simbólicamente el “Voir (ver) M. Granovetter” de Arcadi Espada, pero los ejemplos se multiplican sin límite. Todos ellos muestran un patrón de comportamiento claro y sencillo: en la parte teórica, sobre algunos de los temas o subtemas abordados, se trata de apoyarse en la lectura de una o de unas pocas fuentes (más rápido y mejor si son en castellano), para extraer de ellas, según convenga, citas y referencias a otras fuentes (mejor si son extranjeras), como si uno las hubiese consultado. Esta parte teórica o doctrinal es la que menos se ha analizado y en la que más en evidencia queda –ya que las partes “aplicadas” de la tesis sólo reproducen informes y documentación administrativos de nula originalidad y valor científico- el sinsentido investigador y el cúmulo de malas prácticas de este trabajo doctoral.

Empecemos por dos ejemplos de esas malas prácticas: uno, en un idioma que el doctorando dominaba (el inglés), y otro, en un idioma del que no se tiene noticia de tal dominio (el alemán).

El ejemplo inglés

En un momento de la tesis, al hablar de la marca país y la estrategia marca país (9.4.1.), Pedro Sánchez escribe:

                “La marca se convierte en un elemento clave de la mayor competitividad de empresas y países. Para Van Ham Peter (2001) la marca es un factor definitorio de competitividad, que sitúa a todas las instituciones y empresas en el escenario de las relaciones económicas internacionales; y en las que los Estados no sólo competirán entre ellos, sino que también “lo harán con otros entes subestatales, empresas y el tercer sector a nivel global”380. De igual opinión es Cerviño (2005) para quien la marca, como máximo exponente del capital comercial del agente económico, sea empresa o Estado, es “una variable estratégica de creciente importancia dentro de las decisiones, políticas y estratégicas de internacionalización empresarial”, cuestión que puede perfectamente trasladarse al Estado”.

La referencia a Van Ham (380), en la nota a pie que acompaña a ese párrafo, es la siguiente:

380 Van Ham Peter (2001): The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation, pps. 2-6. http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2

Más allá de que no sepamos en qué página de la obra de van Ham está esa cita textual, lo cierto es que la referencia de Sánchez a la idea de van Ham es casi calcada –aunque con una mala traducción, nada literal ¿e interesada?- a la que escriben dos autores españoles, Iglesias y Molina en “Iglesias Onofrio, M y Molina Rabadán, D. (2008): “La Estrategia Marca País en la sociedad informacional”. Historia Actual Online” (así está citado este texto en la bibliografía final de Sánchez, a falta de algunos datos fundamentales que habría que haber añadido: “HAOL, Núm. 16 (Primavera) 109-126”. Pero dejándonos de “pequeñeces”, vayamos al texto de Iglesias y Molina que cita a van Ham:

Peter van Ham, en su artículo “El ascenso del estado-marca”, señala que la globalización y la revolución mediática han provocado que cada Estado sea más consciente de sí mismo, de su imagen, de su reputación de su actitud, resumiendo, de su marca. Esto conlleva un cambio en los paradigmas políticos, un paso desde el mundo moderno de la geopolítica y el poder hacia el mundo posmoderno de las imágenes y la influencia. “[…] Brand states will compete not only among themselves but also with superbrands such as the EU, CNN, Microsoft, and the Roman Catholic Church (boasting the oldest and most recognized logo in the world, the crucifix). In this crowded arena, states that lack relevant brand equity will not survive”5.

Sin comentar el hecho de que Sánchez sustituya a la EU, CNN, Microsoft y Roman Catholic Church por “entes subestatales, empresas y el tercer sector a nivel global” (a los que nunca hace referencia van Ham –basta con leer su trabajo en: https://www.researchgate.net/publication/266866125_The_Rise_of_the_Brand_State_The_Postmodern_Politics_of_Image_and_Reputation), está claro que el autor no ha consultado ese texto –aunque diga que sí en la cita-, sino que lo ha traído de “segunda mano” de la obra de Iglesias y Molina. Tan es así, que la referencia final de Sánchez es, también, calcada a la de esos autores:

(Sánchez) Van Ham Peter (2001): “The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation”. Foreign Affair, LXXX-5 (septiembre-octubre 2001). 2-6. Disponible en http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2

(Iglesias y Molina) Van Ham Peter, “The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation”. Foreign Affairs, LXXX-5 (septiembre-octubre 2001), 2-6. También está disponible desde Internet en: <http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2&gt;.

Sólo hay una pequeña adaptación al modo de citar más o menos habitual (que no homogéneo) que utiliza Sánchez. Eso sí, con dos errores: En la de Sánchez se ha engullido una “s” en Foreign Affairs, y a la hora de arreglar la cita se ha olvidado (al corregir el paste) que en la de Iglesias y Osorio el año 2001 ya se incluía al final.

El ejemplo alemán

En el apartado 5.5. de la tesis, titulado “Caso práctico (II): El Día Europeo del Deporte, Diputación de Barcelona”, el autor de la tesis, al hablar de la importancia de las actividades deportivas y su relación con la diplomacia económica, hace referencia a una obra en alemán (Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa). Ya se sabe que alguna cita en un idioma tan minoritario como noble siempre viene bien y viste mucho. La cita es la siguiente:

                En cifras, según un informe presentado en 2006 durante la Presidencia Austriaca de la UE, el Valor Añadido del deporte europeo supuso 407 billones de euros (2004), un 3,7% del PIB europeo, empleando a 15 millones de personas (el 5,4% de la fuerza laboral europea)209.

La referencia 209, de donde se supone que se ha traducido ese párrafo, es:

209 D. Dimitrov/C. Helmenstein/A. Kleissner/B. Moser/J. Schindler (2006): Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa.

Por supuesto, tampoco hay página de referencia del párrafo, ni nada que se le parezca. Sánchez no ha consultado esa obra, sino que simplemente ha reproducido de forma literal (sin decirlo), un párrafo de un texto en castellano que sí ha debido consultar, y que está citado en la página anterior, por otro motivo (El Libro Blanco del –mejor sobre– el Deporte, 2007), que en su página 12 dice así:

Un estudio presentado durante la Presidencia de Austria en 2006 sugería que, en 2004, el deporte, en un sentido amplio, generó un valor añadido de cuatrocientos siete mil millones de euros, es decir, el 3,7 % del PIB de la UE, y dio trabajo a quince millones de personas, es decir, el 5,4 % de la mano de obra6

Por supuesto, la nota al pie era la que Sánchez también reproducía, en este caso, además, sin ni siquiera adaptar a su estilo más o menos homogéneo de citas la utilización de las barras entre autor y autor:

  1. D. Dimitrov / C. Helmenstein / A. Kleissner / B. Moser / J. Schindler: Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa, Studie im Auftrag des Bundeskanzleramts, Sektion Sport, Viena, 2006.

Obviamente, esta referencia completa es la que aparece también literalmente en la bibliografía final de Sánchez (aunque comiéndose la D. de Dimitrov, y sustituyendo Viena por Wien…):

Dimitrov/C. Helmenstein/A. Kleissner/B. Moser/J. Schindler (2006): Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa, Studie im Auftrag des Bundeskanzleramts, Sektion Sport, Wien.

Lo mejor de este caso es que más allá de que Sánchez hubiera cogido la referencia de este texto del Libro Blanco (o incluso de otros textos que me temo que hicieron lo mismo con esta obra alemana: no es difícil encontrarlos en la red), el ejemplo muestra uno de los problemas más graves de ese “citar de segunda mano”, que es tan perverso, poco profesional y menos científico. El texto original es público y se puede consultar fácilmente (https://www.sportministerium.at/files/doc/Studien/Makro effektedesSportsinEU_Finalkorrektur.pdf),  e incluso si uno no sabe alemán, se da cuenta de que todos los datos y el estudio completo hacen referencia al año 2003, y no al 2004, como se dice en el Libro Blanco, en la tesis de Sánchez y en otros textos que lo citan de “segunda mano”. Es obvio que alguna vez alguien debió consultar el informe y se equivocó en ese dato, y se ha repetido después en múltiples ocasiones erróneamente (es lo que tiene la “cita de segunda, tercera, o cuarta mano”…).

Los cambios en la forma de citar, la aparición o no en la bibliografía final de las referencias completas de los autores que se citan en el texto, la utilización repetida de la idea de un autor –casi siempre la misma idea-, etc., etc., son indicios que delatan muchas otras actuaciones de este tipo. Algunas, clamorosas.

Los ejemplos “holandeses”

Una de las fuentes más importantes de la tesis de Sánchez son algunos artículos publicados entre 2006 y 2008 por el Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’. Hay más de una decena de citas a trabajos de ese Instituto, y por ello, parece que el autor de la tesis sí consultó esos trabajos (o al menos, algunos de ellos). Ahora bien, cada uno de los artículos consultados servía para citar de “segunda mano” a dos o tres autores más incluidos en ellos, cuyas obras Sánchez no consultaba, aunque las citara como si lo hubiera hecho. Sirvan dos casos como ejemplo.

El primero tiene que ver con un artículo publicado en una publicación del Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’ firmada por Pluijm (y Jan Melissen, aunque en la tesis no se cite su coautoría). Sánchez escribe en la página 61 de la tesis:

“El activismo internacional de las regiones puede provocar efectos positivos, toda vez que la acción exterior de las CC.AA, puede complementar la estrategia internacional de los Estados137; pero también fricciones. Así, el que el responsable último en el cumplimiento de un acuerdo internacional (o europeo) sea diferente al encargado de su implementación provoca tensiones, como por ejemplo, en el caso del cumplimiento de los compromisos de estabilidad presupuestaria derivados del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. A ello volveremos a lo largo del presente capítulo. De igual forma, la cooperación competitiva entre el Estado Nación y el ente subnacional, en este caso las CC.AA puede degenerar en una acción diplomática disfuncional incurriendo en costos económicos por el ejercicio de una doble actividad internacional innecesaria. A mayor abundamiento, en un entorno en el que los asuntos a tratar son cada vez más (inter)domésticos que propiamente domésticos o internacionales, la acción exterior del Estado y las CC.AA puede derivar en interferencias competenciales138.

En ese párrafo hay dos citas, a un trabajo de Wang (137 Wang, J. (2005): Localising public diplomacy: The role of sub-national actors in nation branding, p. 34) y otra al artículo de Pluijm en la revista de Clingendael (138 Pluijm van der, R. (2007): City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics, p.27). Por otros datos de la tesis (varias citas a otras ideas del trabajo de Pluijm), el autor ha leído el segundo de los textos, pero no el primero. De hecho, la referencia a Wang que hace Sánchez, que es exactamente la que Pluijm utiliza en su trabajo, citando bien la página 34 del original, es utilizada por Sánchez, de “segunda mano”, dos veces en la tesis: en la página 61 y en la 139.

Por supuesto, la cita en la bibliografía final a la obra tomada de “segunda mano” es también de “segunda división” académica:

Wang, J. (2005): “Localising public diplomacy: The role of sub-national actors in nation branding”. Vol.2, Place Branding. (sin número de ejemplar, y sin páginas de referencia)

El segundo ejemplo de la intensa utilización de los trabajos del Netherlands Institute of International Relations tiene que ver con un artículo de Szondi. Cuando en la página 282 de la tesis Pedro Sánchez explica distintas definiciones de Marca País, escribe en un párrafo lo siguiente:

“Szondi (2008) apunta que el término Marca País adquirió relevancia a partir de 1996, gracias a las aportaciones de Simon Anholt385. Desde el punto de vista teórico la Marca País, aún siendo una subdisciplina del marketing, se ha nutrido de aportaciones provenientes de otras tales como la política, cultura, sociología y la aproximación histórica al término de la identidad nacional386. Para Fan, Y. (2006) la MP resulta de la aplicación de técnicas de branding y marketing a la promoción de la imagen de un país387. Para Gudjonsson (2005) la MP usa las herramientas del branding para alterar y cambiar la actitud, el comportamiento y la identidad o imagen del país en cuestión hacia parámetros más positivos”388.

Las notas que acompañan al párrafo son las siguientes:

385 Anholt, S. y Hildreth, J. (2004): The Mother of all Brands.

386 Szondi, G. (2008): Public Diplomacy and Nation Branding: Conceptual Similarities and Differences, pps.1-52.

387 Fan, Y. (2006): Nation branding: what is being branded?, pps. 5-14

388 Gudjonsson, H. (2005): Nation Branding, pps. 283-298.

Sin duda, la única obra consultada por el autor de la tesis ha sido la de Szondi, ya que este autor, en su artículo, también en un mismo párrafo, destaca exactamente las dos definiciones que traduce Sánchez. El párrafo de la obra de Szondi, en las páginas 4 y 5 de su artículo (véase: http://www.kamudiplomasisi.org/pdf/nationbranding.pdf) entrecomilla adecuadamente las definiciones literales y las cita por la página en la que aparecen (Fan, 2006, 6) y (Gudjonsson, 2005, 285). Por supuesto, el texto de Sánchez no tiene en cuenta ni siquiera ese rigor de localizar en una página concreta tales definiciones “robadas”.

La tercera cita del párrafo que merece comentario –la primera, en orden de cita de Sánchez- es la referencia a los trabajos de Anholt y Hildreth. Szondi (el único texto consultado por el autor de la tesis) desgrana numerosas ideas de las obras de Anholt, entre ellas su famoso modelo de las seis dimensiones de un país en el exterior. Si Sánchez hubiese consultado esta obra, la citaría de “primera mano”, y no a través de otros autores como Szondi… o Javier Noya. Y es que en la página 283, Sánchez escribe:

“Javier Noya (2005) describe las seis dimensiones que, para Anholt, configuran en forma de hexágono la percepción de un país en el exterior392.”

La nota a pie de página dice así:

392 Las definiciones literales de las variables del hexágono son las expuestas en el trabajo de Noya, J. (2005): El final del espejismo: un análisis de los últimos datos sobre la imagen de España, pps.1-11.

Es otra buena muestra de “vagancia” investigadora. Y por si no estaba claro que Anholt no estuvo entre las lecturas del doctorando, en la bibliografía final ni siquiera aparece mencionado (a pesar de que en el cuerpo de la tesis se le he citado tres veces).

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Pedro Sánchez, durante una entrevista para la Cadena Ser.

Los líos de los capítulos y libros

Uno de los casos más interesantes de las citas de autores que con toda seguridad no se han consultado al realizar la tesis es el de los trabajos de Duchacek y Soldatos. En este caso, todo conduce a pensar que estos autores son citados de “segunda mano” a través del trabajo de Cornago, autor que aparece citado una veintena de veces en la memoria doctoral. El trabajo de Cornago es el citado por Sánchez como: Cornago, N. (2010): “On the normalization of Sub-State Diplomacy”, pps. 11-36, The Hague Journal of Diplomacy, La Haya. (De hecho, la cita bien hecha debería decir: Cornago, N. (2010): “On the normalization of Sub-State Diplomacy”, The Hague Journal of Diplomacy, 5 (1), pps. 11-36).

Aunque se pueden encontrar otros momentos de la tesis en los que las citas a estos autores, Duchacek y Soldatos, replican con exactitud la forma en que son tratados en el texto de Cornago, quizá el más claro de ellos es en la página 41, cuando el autor de la tesis escribe:

“Duchacek y Soldatos (1990), Aldecoa y Keating (1999) han calificado la acción exterior de los entes territoriales como “paradiplomacia”, esto es, el conjunto de acciones emprendidas por los entes subnacionales en el terreno de las relaciones internacionales46”.

Y la cita correspondiente es:

46 Duchacek, I. (1990): Perforated Sovereignties: Towards a Typology of New Actors in International Relations, pps.1-33.

La cita está mal, ya que Duchacek y Soldatos no son autores de ninguna obra conjunta, sino que cada uno escribe un capítulo de la obra: Michelmann, Hans J. and Panayotis Soldatos (eds) (1990) Federalism and International Relations: The Role of Subnational Units (Oxford: Clarendon Press). Sin embargo, esa misma forma “conjunta” de citar es la que utiliza Cornago en un texto no citado en la tesis (Cornago,N. (2010) “La descentralización como elemento de innovación diplomatica: aproximación a sus causas estructurales y lógicas de acción”, Maira, L. (Ed.) La política internacional subnacional en América Latina, Buenos Aires, El Zorzal, pp. 107-134), donde escribe:

“Siguiendo el trabajo pionero en este campo de autores como Duchacek y Soldatos (1990) este fenómeno ha sido frecuentemente caracterizado como paradiplomacia. (…) A los efectos del presente trabajo puede no obstante ser definida como la participación de los gobiernos no centrales en las relacionaes internacionales”.

En las citas a estos autores en el cuerpo de la tesis se ve claramente que se trabajan “de oídas”, ya que, por ejemplo (véase en la página 57, Notas 82 y 83) se dice que el texto de Duchacek va de la página 1 a 33, y el de Soldatos de la 20 a la 60. Obviamente, siendo dos capítulos en un mismo libro, el solapamiento de la 20 a la 33 es imposible. ¡Oh no!…, el autor dos páginas después (página 59, Nota 93, dice que el texto de Duchacek, el mismo citado antes, va de la 50 a la 57). La realidad es que el primero va de la 1 a la 33, y el segundo de la 34 a 45, lo que parece más razonable (y sobre todo, posible).

Las citas a los capítulos de Duchacek y Soldatos en la bibliografía final –una con referencia más completa al libro al que pertenecen, y otra más descuidada (como se puede ver más abajo)-, dejan constancia de que el autor de la tesis no las ha manejado de primera mano, ya que en ese caso no habría olvidado citar, en esa misma bibliografía final, la obra completa a la que pertenecen (Michelmann, Hans J. and Panayotis Soldatos (eds) (1990) Federalism and International Relations: The Role of Subnational Units (Oxford: Clarendon Press).

Duchacek (1990): ”Perforated Sovereignties: Towards a Typology of New Actors in International Relations”, Federalism and International Relations, Michelmann and Soldatos, eds. Clarendon Press, Oxford.

Soldatos, P. (1990): “An Explanatory Framework for the Study of Federal States as Foreign-policy Actors”. Federalism and International Relations, Michelmann and Soldatos, eds.

De hecho, tampoco está muy claro si Sánchez ha utilizado más obras de Cornago, además de la que cita todo el tiempo en la tesis. En un momento de la tesis se dice (pág. 67): “Sin ánimo, insistimos, de hacer una investigación profunda sobre la diplomática de las regiones, señalaremos a continuación (ver Cuadro 3) las principales acciones desarrolladas por estos entes subnacionales. Para ello, utilizaremos como principal referencia los trabajos desarrollados por Cornago (2000 y 2010) partiendo del concepto de normalización, antes referido, y con el cual el autor califica la acción exterior de las regiones en las Relaciones Internacionales. También, será referencia la investigación de Colino (2007)”. Pues bien, el “Cornago (2000)” no aparece más en la tesis, ni tampoco en la bibliografía final, y la verdad es que nos quedamos sin saber a qué texto de Cornago se refiere esa cita.

Por último, y ante esas dudas sobre los textos de Cornago realmente utilizados, es más que probable que su (o sus obras) sean también fuente original de otras citas que se hacen en la tesis a trabajos como los de Aldecoa y Keating (1999) o Zhimin (2005), por ejemplo.

 “The New Economic Diplomacy”

Un caso parecido, aunque distinto, al anterior, es la utilización de la obra de Bayne y Woolcok (2011) The New Economic Diplomacy. A tenor del número de citas que se hacen en la tesis de este libro (12 citas), no cabe duda que Pedro Sánchez lo manejó. Más allá de que también es muy posible que de ese texto se deriven algunas citas de segunda mano -Odell (2000) y Putman, en Sánchez (Putnam, en la realidad) (1988)-, llama la atención el poco rigor que muestra el autor al referirse a los verdaderos trabajos que utiliza de ese libro. Ese es un libro colectivo editado por Bayne y Woolcock, pero con capítulos de muchos autores. De hecho, teniendo en cuenta las páginas que cita del libro, parece que el autor de la tesis sólo se refiere a ideas de los dos primeros capítulos del libro (Nicholas Bayne and Stephen Woolcock, “What is Economic Diplomacy?” y Stephen Woolcock, “Factors Shaping Economic Diplomacy: An Analytical Toolkit”). Sólo uno de esos capítulos, el primero, es citado en una ocasión en el cuerpo del texto (pág. 48); en todas las demás hay referencias genéricas al libro, no a cada uno de estos dos trabajos, al que correspondiera la cita en cada caso.

Obviamente, tampoco en la bibliografía final constan esos dos capítulos específicos (unas 40 páginas de un libro de casi 400), que el lector tiene derecho a conocer. Ah!, y a lo largo de toda la tesis rebautiza al Stephen Woolcock: más o menos la mitad de las citas es “Woolcock” (su apellido original) y la otra mitad “Woolcok” (sin esa c antes de la k, que no sirve de nada en spanglish). Y tampoco es que dé mucha importancia al orden de los autores, que realmente es Bayne y Woolcok (2011): Sánchez a veces utiliza Woolco(c)k y Bayne (2011) y otras Bayne y Woolco(c)k (2011)…, “tanto monta, monta tanto”.

Citando abstracts

De las muchas irregularidades que se pueden encontrar analizando el uso de las fuentes por parte de Pedro Sánchez, un ejemplo interesante es una cita al trabajo de Asquer (Asquer, A. (2012): What is Corporate Diplomacy?”. http://ssrn.com/abstract=2009812), en la página 273 de la tesis. Pedro Sánchez escribe:

“Asquer (2012) plantea diferentes acciones que englobarían la diplomacia corporativa369: lógicamente, su principal objetivo sería la consecución de ganancias y ventajas empresariales para la compañía; pero también, la DC trataría de establecer condiciones favorables para el desempeño empresarial. Así, dependiendo de las circunstancias, las empresas tratarán de persuadir a los Estados y organismos reguladores para aprobar friendly-rules mientras que, en situaciones ya consolidadas, tratarán de entorpecer cualquier cambio legislativo que provoque cambios en el status quo del mercado en el que operan. Finalmente, la salvaguarda de la reputación de la empresa, prevenir conflictos y crear y ampliar las oportunidades de negocio estarían, a ojos de este autor, dentro del ámbito de acción de la DC”.

La cita de referencia es la siguiente:

369 Asquer, A. (2012): What is Corporate Diplomacy?”. http://ssrn.com/abstract=2009812.

Como se puede observar, se cita el “abstract” del trabajo (véase el enlace en Internet), y no la obra completa. De hecho, el texto original completo prácticamente no habla de lo que dice la tesis que habla, sino de cuestiones conceptuales, desde una perspectiva cognitiva-lingüística, tal y como se explica en su interior, al hablar del objetivo del estudio:

“This study aims to analyze the concept of corporate diplomacy, that is, the organizational behavior aimed at implementing favorable conditions for carrying out corporate activities. By following a cognitive-linguistic approach, the analysis outlines the meaning of corporate diplomacy along various dimensions, and in relation to other ‘bordering’ concepts such as diplomacy, economic or commercial diplomacy, negotiation, and public relations”.

Así pues, es una verdadera incógnita saber de dónde ha surgido el párrafo de explicación de la obra de Asquer, a no ser que a partir de la lectura del abstract se hayan generalizado algunas ideas de sentido común sobre la diplomacia corporativa, que son las que se vierten en esas líneas.

Citando trabajos de alumnos…, eso sí, de alumnos de Columbia!

En la página 23, cuando el autor de la tesis está hablando sobre la diplomacia económica e distintos países, escribe:

“Del estudio de las estrategias de diplomacia económica realizadas por los países destacan el proyecto de investigación, recientemente publicado, por la Universidad de Columbia (2012) con el nombre de “Exploring Public and Economic Diplomacy” en el que se analizan las acciones que sobre la materia se han puesto en marcha por los Gobiernos de Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido, Brasil, Rusia y Turquía”.

No es fácil encontrar la referencia a esa investigación de Columbia en la bibliografía, ya que no se cita por “Universidad de Columbia (2012)”, sino que hay que deducir cuál es el origen de ese trabajo. Cuando uno lo encuentra, ve que la cita al estudio es un tanto extraña (sin siquiera contener el título del supuesto proyecto de investigación). La cita en la bibliografía final es:

-Final Report SIPA Capstone Project (2012). Team: Borchmeyer, S.; El- Rayess S.; Gibson, A.; Kalms, D. Lee, T. O’Brien G.; Ritchie, K.; Tobias, S. bajo la supervisión de Christopher J. Loso de la School of International and Public Affairs, Columbia University. Capstone Project Final Report- Spring 2012.

Pues bien, esa supuesta investigación es un trabajo de un curso de posgrado hecho por alumnos (véase lo de “Team”), en un programa de la School of International & Public Affairs (SIPA) de la Universidad de Columbia. Utilizar ese tipo de documento –un trabajo de alumnos- para referenciarlo como “fuente” de autoridad, nada menos que para ofrecer un repaso a la acción de la diplomacia económica en Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido, Brasil, Rusia y Turquía, es totalmente inaceptable en una memoria de investigación.

Los bailes de fechas!

En los trabajos académicos de Sánchez en torno a la diplomacia económica, publicados antes y después de la tesis, hay citas que divergen con las de la tesis, aun cuando los contenidos son los mismos. Un buen caso es el del trabajo “AZUELOS, M., “Les évolutions de la diplomatie économique américaine”, en L’age d’or de la Diplomatie Économique. Géoeconomie, París 2010, pp. 2-19. En todos esos trabajos, esa es la cita que se utiliza, a pesar de que en la tesis todo el rato se alude a la fecha de edición como 2011, y también en la bibliografía final: Azuelos, M. (2011): “Les évolutions de la diplomatie économique américaine”, pps.2-19, Géoéconomie, Paris. Lo mejor del caso es que ninguna está bien, que el trabajo está en el número de Géoeconomie de “Hivier (invierno) 2010-2011”. Obviamente, si los trabajos se consultan y se citan bien, se evitan este tipo de errores.

Estos bailes de fechas, frutos del descuido y la poca atención –o peor, de que no se han manejado esas obras de primera mano-, son habituales en la tesis. Por ejemplo, cabe preguntarse por qué la obra de Bergeijk y Moons (“Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”) se cita en toda la tesis como Bergeijk y Moons (2010), y en la bibliografía la cita es: Bergeijk van Peter A.G. y Moons J.V. Selwyn. (2011): “Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”. La obra es de 2011, no de 2010.

Los bailes de fechas pueden ser causados por simples descuidos, pero también se pueden originar cuando un autor no usa fuentes originales, sino que “pica” de textos de autores de diversos lugares, y en esos lugares hay referencias o citas discordantes.

Las misteriosas referencias incompletas y las citas no referenciadas

La bibliografía de la tesis es un monumento al despropósito, tanto en el fondo como en la forma. Centrándonos sólo en esos aspectos formales –y más allá de la absoluta falta de rigor en la adopción de algún sistema de citas conocido: APA, Harvard, Sage…-, hay bastantes referencias que misteriosamente están incompletas, “a medio hacer”. No sabemos si los textos referenciados son libros, capítulos, artículos, documentos online.., y tampoco datos básicos sobre su procedencia, páginas, etc. Véanse las siguientes:

(Referencia en la tesis) Bergeijk van Peter A.G. y Moons J.V. Selwyn. (2011): “Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”.

(Referencia bien citada) Moons, Selwyn and van Bergeijk, Peter A. G., Does Economic Diplomacy Work? A Meta Analysis on the Effect of Economic Diplomacy on International Economic Flows (August 12, 2011). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=1908699 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.1908699

(Referencia en la tesis) Economía Mundial en Transformación, Edit: Paraninfo.

(Referencia bien citada) Durán Romero, G., García de la Cruz, J.M. y Sánchez Díez, A. (2011). Economía Mundial en Transformación. Edit: Paraninfo: Madrid.

(Referencia en la tesis) Eurosport Health: http://www.eurosporthealth.eu/en/creaciodiaeuropeu _en.asp y http://www.eurosporthealth.eu/en/creaciodiaeuropeu_en.asp

(Referencia bien citada) Imposible saberlo, ya que los enlaces ya no dirigen a ningún documento.

Y hay muchos más del mismo tipo:

Amolo, T. (2009): “Some thoughts on Economic Diplomacy and its impact on International Relations” (¿Nada más?)

Berridge, Geoff R., Alan James (2001): (¿Entrada de los autores?), A dictionary of Diplomacy, Ed. Palgrave Macmillan, Basingstoke, Paris.

Kishan R. (2000): “Diplomacia Interior”. Capítulo 4. y Capítulo 6 (¿Dos capítulos del libro de un mismo autor?). Edit. Manas, Nueva Delhi.

Ögütcü, M Mehmet y Saner, Raymond. Julio de 2008. EurasiaCritic Magazine. (¿Qué es esto, que además no se cita en el cuerpo de la tesis?)

Van Bergeijk Van, Peter A.G., y Moons S. (2011): “Economic Diplomacy and Economic Security”. (¿Nada más?).

Zakaria, F. (1997): “The rise of Illiberal Democracy”. Council on Foreign Relations. (¿Nada más?)

Ante esta falta de pulcritud bibliográfica, solo caben dos posibilidades: o el autor es el colmo del descuido (igual que su director, miembros del tribunal, etc.), o las referencias forman parte de ese gran cúmulo de “lecturas de segunda mano” que acaban siendo citadas también “de oídas”.

La misma causa suele ser habitualmente la responsable de que a veces se citen en el cuerpo de la tesis autores (normalmente pillados al vuelo en otras lecturas) que no aparecen en la bibliografía final. En la tesis hay bastantes, entre otros Abott (2011), MacNaughton (2011), Rivas y Sánchez Díaz (2007), Lecours (2002), citados una vez. Pero hay alguno más llamativo, como Melissen, citado varias veces, que tampoco se recoge en la bibliografía final.

Todo este desorden y caos de citas y referencias se unen a los enormes problemas de identificación de trabajos, autores, etc., que ya se han destacado en otros lugares, por ejemplo con el divertido enredo de las citas a Kishan Rana (véase Jesús Alfaro Águila-Real https://derechomercantilespana.blogspot.com/2018/09/la-tesis-del-doctor-sanchez-esto-va-de.html?spref= tw) o a Tom Amolo (http://blogs.periodistadigital.com/desdeelatlantico.php/2018/09/17/algunos-ejemplos-de-fraude-intelectual-e).

El colmo de la vagancia

Por otros indicios que hay en la tesis (11 referencias a esa obra, sobre temas variados, y reproduciendo algún cuadro literal), parece que el autor de la tesis sí ha manejado la obra Saner, R. y Yiu, L.D.P. (2001): “International Economic Diplomacy: Mutations in Post-Modern Times”, Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’, La Haya. Por eso llama la atención que un momento de la tesis, a la hora de diferenciar la diplomacia económica de otras diplomacias, el autor de la tesis dice, en la Nota 53 (pág. 42), que va a utilizar la traducción que de las ideas de Saner y Yiu hace un autor español, Rebollar (Rebollar G. (2010): Notas sobre diplomacia económica, pps. 25-34). A continuación, toda la página 43 está dedicada a copiar (sin comillas y de forma literal) la traducción que Rebollar hace de los cinco tipos de diplomacia económica explicados por Saner y Yiu.

Aquí el texto de Rebollar, traduciendo y sintetizando a Saner y Yiu:

“En Saner y otros (2001) se aborda la problemática mencionada en el punto anterior y apuntan una clasificación de los diferentes actores de la nueva diplomacia:

– Diplomacia económica: engloba el trabajo de los funcionarios de ministerios sectoriales responsables de organismos multilaterales de economía y comercio, y a los funcionarios que realizan el seguimiento de las políticas económicas y comerciales de otros países.

– Diplomacia comercial: incluye principalmente el trabajo de las oficinas comerciales en el exterior en la promoción de exportaciones y la captación de inversiones extranjeras.

– Diplomacia empresarial: es la actividad de los ejecutivos de las empresas multinacionales en sus relaciones exteriores, tanto en las tareas realizadas en la sede central como en las sucursales en el exterior.

– Diplomacia del negocio: es la parte del trabajo de los ejecutivos de una multinacional que tiene relación con los Gobiernos con el fin de influir sobre una legislación concreta, participar en concursos públicos o realizar campañas de imagen ante los Gobiernos, las ONG u otros medios de opinión.

– Diplomacia de ONG nacional: cuando su papel se extiende fuera del país.

– Diplomacia de ONG multinacional: se trata de redes bien conectadas en los principales países que llegan a ser prescriptores de opinión y a condicionar las políticas de los Gobiernos y de las empresas (por ejemplo, Greenpeace).

A continuación el texto de Sánchez, sin entrecomillar, exponiendo las ideas de Saner y Yu, vía Rebollar (se señalan en negrita las “aportaciones” del autor que tratan de enmascarar la literalidad):

Saner y Yiu (2001)53 diferencian la diplomacia económica del resto de acciones diplomáticas en función de los actores implicados en la misma (…). Así:

– La diplomacia económica: incluye la tarea desempeñada por los funcionarios de los Ministerios encargados de las relaciones con los organismos multilaterales de economía y comercio, y la de los funcionarios que realizan el seguimiento de las políticas económicas y comerciales del país.

– La diplomacia comercial: recogería la labor realizada por las Oficinas Comerciales en el exterior en la promoción de las exportaciones y la captación de inversiones extranjeras.

– La diplomacia corporativa: (es) la actividad de los ejecutivos de las empresas multinacionales encargados de las relaciones externas tanto en la labor que realizan en la sede central como en las oficinas en el exterior.

– La diplomacia de los negocios: (es la parte del trabajo de los ejecutivos de una multinacional que tiene relación con los Gobiernos con el fin de influir sobre una legislación concreta, participar en concursos públicos o realizar campañas de imagen ante los Gobiernos, las ONG u otros medios de opinión) la acción realizada por las empresas ante las Administraciones Públicas y Organismos Internacionales con el fin de influir en legislaciones concretas, concursos públicos, etc.

– La diplomacia de la ONG multinacional y nacional: (se trata de) redes conectadas en distintos países que tratan de condicionar las decisiones de gobiernos, organismos multilaterales o regionales, y de empresas multinacionales.(y de las empresas (por ejemplo, Greenpeace)

Este es un caso que muestra especial “vagancia” y “desidia”, ya que no sólo cita, sino que utiliza como traducción, de “segunda mano”, un texto de terceros sobre un original que el autor de la tesis ha trabajado con toda seguridad directamente en inglés.

Otros deslices… imperdonables en un trabajo doctoral

La tesis está inundada de otros cientos de detalles –y de no tan detalles- que invalidarían cualquier trabajo académico mínimamente presentable. Por supuesto, ya se ha escrito bastante sobre la frase “El presupuesto total de fabricación del A-400M alcanzó los 20 billones de euros”, pero ese “error” no es puntal. En la referencia ya comentada al informe alemán sobre lo que supone el deporte en Europa, y que Sánchez toma de “segunda mano” de Libro Blanco sobre el Deporte 2007, el problema con los “billones” se vuelve a repetir. En el Libro Blanco se hace referencia a esa cifra de esta forma: “generó un valor añadido de cuatrocientos siete mil millones de euros”; en la tesis de Sánchez, parece que se multiplican por mil: “el Valor Añadido del deporte europeo supuso 407 billones de euros” (página 156). Por otra parte, cuando es necesario utilizar el concepto de billón europeo (como en la página 249), el autor no lo hace, y dice: “Con todo, entre 2008 y 2009 se registró una recuperación en el ritmo inversor de los países con PIDM alcanzando valores nunca observados en la última década: 4.494.354,64 millones de euros”. En el apartado 8.4.6. (Las relaciones de inversión entre España y los países PIDM), en el que se interpretan unas Tablas de Ministerio (Tabla 42 en la página 251, y Tabla 43 en la 254), esa confusión se repite de forma sistemática: al comentar los datos en el texto en lugar de hacerlo en “miles”, se hace en “millones” (convirtiendo así las cifras de “miles de millones” en “billones” de euros!!!!). Uno se pregunta si realmente el economista doctor Sánchez, y Presidente del Gobierno de España, sabe realmente qué es un billón (en castellano).

De otro tipo es un “error” menor –pero que es imposible que pase inadvertido a cualquiera que se dedica al mundo de los textos académicos- que se comete en la bibliografía, cuando se subraya, como si fuera el título de un libro (ese es el criterio que más o menos sigue el autor), el nombre de la editorial. Véase en la página 326: Barston, R. (2006): “Modern Diplomacy”. Longman Publishing Group. Londres. Sin duda es una tontería, pero tonterías como ésta muestran a las claras la absoluta falta de cuidado y profesionalidad con la que se hace un trabajo.

El análisis “econotétrico”

Incluso para un no economista como quien escribe estas líneas (pero a quien le guste la estadística y lee los libros de Econometría que estudia su hija en primeros cursos de la carrera de Economía), el análisis empírico que se realiza en la tesis (ya se sabe, correlaciones, regresiones lineales, series temporales, etc.) se podría encuadrar como como un buen ejemplo de “análisis econotétrico”. El análisis de correlaciones que realiza Sánchez (o quien sea) y la regresión lineal (primero múltiple pero fallida, y después ya lineal), ajustada para las “peculiaridades” de que trabaja con series temporales (bueno, miniseries, con N=11, que por cierto, cuyos datos bien se podrían mostrar en una sencilla Tabla), no tiene ni pies ni cabeza, a pesar de la rimbombante utilización del método “Cochrane-Orcutt”. De hecho, la conclusión a la que llega con ese análisis (que, por cierto, uno no sabe muy bien qué pega ese “estudio” en un estudio de las innovaciones en diplomacia económica) es tan simple (y a la vez tan ‘peligrosa’) como la siguiente (página, 259):

“Podemos concluir que el modelo que explica las exportaciones a través de las importaciones es muy bueno”.

No se le ocurre al autor ni siquiera comentar tal conclusión, ni relacionarla con la extensa investigación (de calidad) que existe sobre esa “relación” entre las importaciones y exportaciones. Se queda tan tranquilo sin ni siquiera abordar el discutido asunto de la cointegración de las exportaciones e importaciones a largo plazo, tan común en ese campo.

En torno a esta cuestión (sobre la que prefiero no continuar) deberían decir algo los economistas, sobre todo aquellos que defienden una investigación económica de calidad. Es patético leer lo que se ha escrito sobre la tesis en Nada es Gratis, ese blog de economistas ilustres que desde su torre de marfil hablan una y otra vez de las malas prácticas educativas e investigadoras en nuestro país, que las comparan con sus “experiencias y prestigio internacional”. Con todo ese bagaje, no se les ocurre decir otra cosa que lo siguiente:

“No todos los programas de doctorado tienen como objetivo formar investigadores de primera línea que publiquen en revistas de prestigio académico internacional. Por esta razón muchas de las tesis que se producen en España no aportan realmente novedades científicas, sino que sirven para tener una certificación con valor legal que permite acceder a la docencia universitaria, o dar un cierto empaque a un currículum (por ejemplo el de un político con escasa experiencia fuera de su campo).

(…) Muchos de los expertos que están opinando sobre la tesis de Pedro Sánchez, algunos considerados en los medios de comunicación como verdaderos gurús de la economía, o bien no son doctores en Economía o bien sus tesis tampoco han pasado por el filtro de haber sido publicadas en revistas académicas de prestigio internacional. Creemos que la opinión pública debería ser consciente de ello.

Otros expertos, citados de forma anónima en uno de los muchos artículos cargados de intencionalidad política publicados estos días, pero que supuestamente han pasado el filtro del reconocimiento internacional y que supuestamente han leído la tesis de Pedro Sánchez, ponen en duda la calidad de la tesis dudando de su capacidad de dar lugar a publicaciones de prestigio (que ya sabemos que no lo ha hecho) o de dar acceso a una plaza en un departamento académico de primer nivel (que tampoco), pero olvidan la realidad de la universidad española al no avisar que lo mismo ocurre con muchas otras tesis doctorales”.

Decir que la tesis de Sánchez es “normal” (estadísticamente normal), que es un ejemplo más de la mala calidad de muchas tesis –cuando el análisis “econotétrico” es de aurora boreal-, y además desacreditar a los ‘gurús de la economía’ que no son doctores y la critican –cuando ellos viven en la Web of Science y ni se han debido leer el trabajo-, es todo menos presentable.

Bibliografía 2×1

Saltando de nuevo a temas menos “profundos”, pero que muestran una vez más la dejadez con la que se ha gestionado la tesis del Presidente, queda comentar alguna cosa sobre la bibliografía final. De hecho, las páginas finales de referencia en muchos casos son una buena síntesis del esmero y cuidado –o de la superficialidad y descuido- con el que se ha hecho un trabajo de este tipo. Ya se han comentado algunos temas que afectan a la cita de trabajos, pero este último (la “Bibliografía 2×1”) es más que revelador.

En las páginas finales de referencias hay dos obras que se repiten dos veces. No hay mucho más que decir. He aquí los casos (el primero, un tanto especial, ya que es la obra más citada en la tesis…):

Bayne N. y Woolcock S. (2011): The New Economic Diplomacy. Edit: Ashgate, Burlington. (pagina 326)

Nicholas Bayne y Stephen Woolcock, “The New Economic Diplomacy”. Second Edition, 2011. Global Financial Services, Edit: Ashgate, Burlington. (página 335)

 

Pluijm van der, R. (2007): “City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics”. Netherlands Institute of International Relations. ‘Clingendael’, La Haya.

Van der Pluijm, Rogier.City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics. 2007. Netherlands Institute of International Relations. Clingendael, La Haya.

 

Las consecuencias de los botones que no cazan los programas antiplagio

No merece la pena continuar con más ejemplos el desmadre y la chapuza académica, aunque “haberlos haylos”. No está nada claro que pequeños esfuerzos de análisis como éste, al que tantas veces nos dedicamos en el mundo académico, por el bien de la investigación, del rigor y de la verdad, tengan mucho sentido en el enorme alboroto que se ha generado en torno a la tesis de Sánchez. Tampoco está claro o no si por cuestiones como éstas –y por las muchas otras que han ido apareciendo, unas bien argumentadas, otras menos- un Presidente debe dimitir, debe acudir o no al Congreso de los Diputados, o qué debe hacer. Por supuesto, es bastante ingenuo pensar que los famosos programas antiplagio puedan hacer el trabajo de captar los innumerables problemas de malas praxis, como estos, que hay en las tesis y los trabajos de investigación. Las tesis doctorales son primeros trabajos de aprendices de orfebre, no los primeros martillazos de un herrero en prácticas –con todo el respeto para los herreros, sobre todo para aquellos que no quieren pasar por orfebres cuando no lo son-, y los software de coincidencias se ocupan más de los martillazos que de las filigranas.

El objetivo de este artículo es muy simple: sería una pena, sobre todo para el mundo académico, que todo esto quedara en una anécdota. Dediqué más de cuatro años de mi vida a trabajar de “sol a sol” en mi tesis, con sacrificios enormes para mí y para mi familia,  y aprendí que si queremos ser un país presentable el trabajo bien hecho está lleno de desvelos por cosas tan pequeñas como estos “botones de muestra”, que tan a menudo son pisoteados. Creo que en España hay miles de investigadores y profesores universitarios que, como yo, trabajan apasionadamente por dignificar el mundo académico, por evitar que nuestros colegas en el extranjero vean nuestro  mundo académico como un mundo de pandereta, y que no desean que el ruido, el debate y la confusión que ha generado toda esta polémica se quede sólo en eso. Que el Presidente del Gobierno diga en un programa de televisión en prime time (el programa de Ana Pastor) que su tesis doctoral es una tesis “normal”, no hace ningún favor a la academia y a la investigación de nuestro país; más bien, muestra un gran menosprecio por ellos. Es más, cualquier doctor e investigador “normal” podría preparar casi un curso de Doctorado –o al menos, varias sesiones de un curso- con las malas prácticas de la tesis del Presidente (desde las más nimias, pero importantes, hasta las más graves e inhabilitantes).

Habrá que aprender alguna lección de todo este caso, y la lección no puede ser que en nuestro país da igual que en todos los ámbitos de la vida gobierne el espíritu de la trampa y la picaresca.

 

 

(*) Razones para el anonimato de este trabajo. Hay muchas razones que explican que el autor de este artículo opte por el anonimato, pero tres destacan sobre las demás.

  1. En el mundo académico estamos acostumbrados a que las investigaciones se soporten por sí mismas, por la fuerza de las pruebas y los argumentos que esgrimen, no por su relación con una cierta autoría, que siempre condiciona la interpretación del texto. Por eso existe la blind review (la revisión ciega), que tanto ayudaría en otros ámbitos –también en el periodismo- a trabajar por la búsqueda de la verdad.
  2. Creo que un análisis como éste (sin ni siquiera entrar al fondo del tema de la tesis) sería parte, sólo parte, del estudio que cualquier doctor con un poco de experiencia (como el autor del artículo) haría de los aspectos de los que depende la calidad y la honradez de un trabajo doctoral.
  3. Soy un simple doctor que no anhela notoriedad ni protagonismo, y que desea seguir desarrollando su actividad académica “normal” sin ser objeto de dimes y diretes, y menos aún del dedo acusador de todo un Gobierno de España.

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Tres siglos en 54 años

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Foto del acto de presentación del libro de Beatriz Becerra en la sede del Europarlamento Europeo en Madrid. Tomada de http://mep.euwatch.eu/2606343247.html

(Presentación en Madrid del libro Eres liberal y no lo sabes de Beatriz Becerra. Editorial Deusto, 2018)

Quiero felicitar a Beatriz por este libro. También a Deusto y a su editor, Roger Domingo. Sé que llevaba muchos años buscando a alguien que escribiera un título así. Lo consiguió y pienso que no podía haber mejor autora que Beatriz Becerra. Ella misma confiesa que no sabía que era liberal hasta que se sorprendió siéndolo. Esto confirma que ser liberal es una cierta manera de mirar al mundo desde unos principios, en vez de una ideología a través de la cual mirar al mundo.

Esta manera amistosa, amena y hasta cierto punto ingenua que emplea Beatriz para narrarnos su aventura intelectual y política con el Liberalismo es enormemente seductora. Pero eso no significa que sea menos rigurosa. Casi me caigo de espaldas el viernes cuando me descargué mi ejemplar de The Economist y traía un manifiesto para reinventar el Liberalismo. Pues las coincidencias entre ese manifiesto y el libro de Beatriz son enormes, tanto a la hora de señalar los errores que ha cometido el Liberalismo como a la hora de sugerir por dónde debe discurrir su futuro.

Una coincidencia clave, por ejemplo, es la de que ambos señalan que el Liberalismo ha permanecido de espaldas ante cuestiones como la igualdad de género, la sexualidad, el amor al terruño, el medio ambiente, la igualdad de oportunidades… y ambos sostienen que, sin los principios liberales, el mundo no gozaría de la prosperidad que hoy disfruta.

Me gusta mucho de este libro que recuerde esa frase de Keynes de que “no se trata de que el Estado haga lo mismo que el mercado ya hace un poco mejor o peor, sino de que se encargue de lo que no hace en absoluto”. Y me gusta su insistencia en que el Liberalismo y el Nacionalismo son incompatibles. Como lo son el Liberalismo con el Populismo. También me gusta su europeísmo, natural en alguien que pasa tanto tiempo en Bruselas. Pero pese a la burocracia europea, pienso que Europa es el único proyecto de civilización hoy vigente que merece la pena.

En el pasado, quizá había más proyectos de civilización a los que apuntarse: la carrera espacial, el genoma humano, las Naciones Unidas… Hoy, cuando la ONU sólo es un sitio para colocar a izquierdistas que jubilaron los votantes, secuestrado por su Consejo de Seguridad, la Unión Europea, con todos sus defectos, es el único proyecto al que aún vale la pena apuntarse.

Por eso, esta frase de Beatriz evocando la saga de La Guerra de las Galaxias es tan afortunada: “Europa es la República antes de que el Lado Oscuro se hiciera con el poder”.

Yo también comparto con ella el aprecio por el “centrismo insurgente” de Macron, aunque no pierdo de vista sus ribetes de populismo mainstream, como se ha dicho.

Con todo, hay aquí párrafos realmente acertados. Déjenme leerles uno que me parece brillante:

“Como liberal, no necesito ser judía para oponerme al antisemitismo, ni musulmana para defender la libertad de culto, ni negra para luchar contra el racismo, ni yazidí para exigir la protección de las minorías. No necesito ser mujer para defender los derechos de las mujeres, ni discapacitada para defender los derechos de las personas discapacitadas, ni LGBTI para defender los derechos de las personas LGBTI…” (Página 39)

Creo que aquí hay una clave del Liberalismo moderno. Y digo moderno, porque la globalización no existía en tiempos de Adam Smith. Y esa clave es que el Liberalismo hoy es capaz de reconocer la igualdad esencial de derechos de nuestra especie de una forma que antes no hizo. Los padres fundadores de EEUU defendían la esclavitud, The Economist no apoyó el sufragio femenino, los Liberales españoles se apoyaban indiscriminadamente en el voto y en los espadones… en fin. La historia del Liberalismo está llena de reinvenciones. Pero hoy, como nunca, somos conscientes de que la Humanidad sufre cuando la libertad de uno solo de nosotros se ve menoscabada por la acción de otros hombres.

Pero no creo que la misión del presentador de un libro sea colmar a la autora de elogios. Sobre todo, si te has leído el libro. Además, si me aplico lo que he dicho al comienzo -que ser liberal es mirar el mundo a través de unos principios-, ¡cómo no voy a ejercer mi derecho a la discrepancia!

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De izquierda a derecha. John Müller, Beatriz Becerra y Cayetana Álvarez de Toledo. Selfie del autor.

Voy a limitar mis desacuerdos a dos puntos y a una anécdota:

Resuelvo rápidamente la anécdota. Beatriz se pregunta cómo es posible que Thomas Jefferson, padre de la Constitución estadounidense, pidiera un gobierno federal lo más pequeño posible y no se preocupara del grado de opresión de los gobiernos locales, en este caso estatales. Bueno, una repuesta posible es que a su lado estaba su discípulo, James Madison, que hizo el camino inverso al de Jefferson: empezó creyendo que debía existir un gobierno federal fuerte y acabó aceptando un equilibrio entre los estados y el poder central. De hecho, no pocos estadounidenses creen que la capital del país se debería llamar Madison DC en vez de Washington DC.

En todo caso, tanto Jefferson como Madison fueron capaces de alumbrar un mecanismo de frenos y contrapesos casi perfecto. Su interés por el desarrollo de instituciones perfectibles contrasta con el cortoplacismo de la política mundial y española actual. Allí, Trump hace locuras por Twitter y aquí, el doctor Sánchez prefiere proceder a desmantelar aspectos clave de nuestra institucionalidad económica con la osadía que sólo brinda la ignorancia y la ambición sin freno.

Respecto de mis dos desacuerdos con tu libro, estos son:

1º El Liberalismo no puede rendirse ante el gobierno grande y el Estado benefactor.

Discrepo de esta afirmación que haces en la página 123: “Creo que los liberales debemos comprometernos con el estado de Bienestar, con los servicios públicos esenciales y, por tanto, con la igualdad de oportunidades”.

El Estado moderno, que apenas tiene 200 años de antigüedad, es una manifestación reglada y civilizada de la opresión de la mayoría sobre el individuo, pero no deja de ser una forma de opresión. Si el Liberalismo no se centra en el individuo, las personas estamos perdidas. Y una cosa son las personas ejerciendo la acción colectiva y otra es el colectivismo y el colectivo que Ortega y Gasset llamaba “las masas”.

Resulta cansino hablar contra el Estado en España, porque yo sé que la mayoría de los españoles creen que el Estado es justiciero, que les ayuda a tener lo que creen que nunca van a tener, que protege sus derechos, que evita los abusos de los poderosos, que financia obras como el AVE que nunca serán rentabilizadas…

La misma autora demuestra que es una buena española: en la página 35 nos dice que los Estados-nación tienen “el poder de conceder derechos a los individuos”. ¡Noooo! Las Constituciones existen para que el Estado sepa que esos derechos y libertades que figuran allí son inalienables y son una severa limitación de su capacidad de acción. Lo primero que debe el Estado es respeto a los derechos y libertades de las personas, porque esos derechos y libertades son anteriores al Estado y a la propia Constitución.

Esta idea del Estado protector y justiciero es lo que nos lleva a la patología colectiva hispana de pensar que lo público es idéntico a lo estatal. Y no es así. Hay partes de España donde hay autopistas públicas que gestiona un privado y cada usuario paga por su uso. Los medios de comunicación que no son estatales son empresas privadas que prestan un servicio al público. Hay países como Chile o Singapur que no tienen Sanidad pública y la gente no muere en las calles como dice la propaganda. Es más, la esperanza de vida en Chile bajo un modelo privado de Sanidad es de 82 años. Apenas uno menos que en España.

Creo que los liberales debemos seguir distinguiéndonos por la apuesta por un Estado y un gobierno -que es su administrador circunstancial-, pequeño. Y frente al Estado de Bienestar socialdemócrata debemos plantear la existencia de una Sociedad de Bienestar, un modelo mucho más flexible -con un papel mucho más relevante de la iniciativa privada y de la sociedad civil-, sobre todo ante los embates de la globalización que se traducen en deslocalización de empresas, pérdida de empleos, de eficiencia y de competitividad. El bienestar está huyendo de Europa y el que no quiera darse cuenta de ello que eche una mirada a las cuentas de la Seguridad Social española.

Un Estado pequeño no significa unas leyes débiles, como un Estado grande no garantiza que las leyes se cumplan. España es la demostración viva de lo que digo: si hay un problema en este país no es la calidad de las leyes, sino la dificultad para que se cumplan.

Cabe traer aquí la reflexión que hacía Paul Samuelson en una de las introducciones a su famoso Manual de Economía. Si nadie respetara las luces rojas, el sistema de semáforos sería costosísimo porque habría que poner un policía junto a cada uno de ellos. Es decir, debe existir un cierto nivel de consenso en el respeto a la ley, de lo contrario esta resulta inaplicable por costosa.

Este ejemplo, sin embargo, me viene de perillas para ofrecer otro argumento para que los Liberales sigamos recelando del Estado y su poder: las nuevas tecnologías. ¿Y si ponemos un radar online en cada semáforo? Bueno, efectivamente, ahí hay una posibilidad tecnológica de perfeccionar la coacción. Y es esa combinación entre las aspiraciones del Estado moderno y la tecnología lo que me hace temer que, si abdicamos de la exigencia del gobierno limitado, caminamos ciegamente hacia una dictadura que, además, a muchos les gustará. La dictadura de la psicopolítica que dice Bjung Chul-han con aquella frase de “protégeme de lo que quiero” de la artista Jenny Holzer.

 

2º No hay razón para el optimismo: viejos enemigos con nuevos ropajes.

El libro de Beatriz es profundamente optimista y yo discrepo de esa visión. Y lo explico. En mi vida, y sólo tengo 54 años, he tenido la suerte de vivir en tres siglos. Hasta los 25 años, que cumplí en 1989, viví en lo que hemos llamado el siglo XX, el siglo de las dos grandes guerras mundiales, el siglo de la Guerra Fría. Y lo vi acabarse. El 9 de noviembre de 1989, desde la redacción de El Mundo, asistimos a la caída del Muro de Berlín y el sistema de países de lo que se llamaba socialismo real o comunismo se vino abajo.

Desde ahí y hasta 2016, cuando cumplí 52 años, viví en lo que yo llamo “el pequeño siglo XXI”. Un periodo maravilloso, en lo individual y en lo que concierne a la Humanidad, o sea a vosotros. En esa época nació Internet, y la productividad y el bienestar se dispararon por todo el mundo con el advenimiento de nuevas tecnologías. En esos 27 años, China, Brasil y la India sacaron un número de personas de la pobreza que nunca nadie imaginó. El mundo se hizo más igualitario que nunca. Fue un tiempo tan próspero que pensamos que duraría para siempre. Aprendimos a inflar burbujas y hacia el final, una muy gorda estalló. Los gobernantes no hicieron más que agravar las cosas.

Con todo, fue un tiempo magnífico. La década de 1990 fue realmente prodigiosa: Gorbachov, Bill Clinton, Mónica Lewinsky, Regreso al Futuro, Michael J. Fox… también desaparecieron esas detestables hombreras y los pelos eléctricos… todo eso fue estupendo.

La globalización se expandió por todo el planeta pese a ese agricultor francés rabioso que quemaba los McDonald’s y que ha sido compañero de Beatriz en el Parlamento Europeo: José Bové.

La globalización se proyectó con una fuerza inaudita gracias a tres motores: la libertad de comercio, que ya la conocíamos, pero nunca había llegado hasta estos extremos (gracias Pascal Lamy por todos tus desvelos), la libertad de movimiento de capitales (que curiosamente acabó con la necesidad de tener cuentas en Suiza) y la libertad de movimiento de personas. Estas tres fuerzas han sido claves en la consecución de la prosperidad actual.

Pero llegó la segunda semana de julio de 2016, la que comenzó el lunes 11 de ese mes. Yascha Mounk, un profesor de teoría política de Harvard tuvo el acierto periodístico de llamarla La semana en que murió la democracia en la revista Slate. Yo la rebauticé como La semana en que murió la globalización. En sólo siete días, una crisis política en Londres acabó con lo que quedaba de David Cameron después del referéndum del Brexit y dio paso a Theresa May, cuyo nuevo mandato pasó a ser el de sacar al Reino Unido de Europa. Un ataque terrorista en Niza puso de manifiesto la vulnerabilidad de nuestros países ante el fanatismo fundamentalista. Un golpe de estado fracasado en Estambul puso fin al sueño de un modelo democrático en Turquía compatible con el islam, y un multimillonario grosero se transformó en el candidato republicano a la presidencia de EEUU. No nos lo creíamos, pero ese tipo que metía mano descaradamente a las mujeres ganó las elecciones.

Todo eso pasó en menos de siete días. Ahí, señores y señoras, empezó realmente el siglo XXI o lo que sea esto donde nos hemos metido. Sólo sé que llevo dos años advirtiendo de que la globalización se ha frenado y que va a empezar a ir marcha atrás. Que los tres motores que he mencionado están gripados. Y que esto va a tener consecuencias sobre nosotros y sobre nuestras vidas.

No me quiero extender sobre los sistemas iliberales que Beatriz también analiza. China, por ejemplo, apenas descubra una narrativa tan seductora como la del constitucionalismo estadounidense, se alzará como única potencia de la Tierra. Y mucha gente apostará por la eficacia y el bienestar económico y preferirá subordinar las otras libertades a su bienestar. Eso ocurrirá tan pronto el gigante asiático abandone su somnolienta historia de emperadores y dinastías y encuentre un relato seductor que pueda globalizar tan fácilmente como su comida.

Así que no soy optimista como la autora. Pero, por lo mismo, creo que tu libro es imprescindible porque estoy seguro de que, al leerlo, muchas más personas descubrirán que son liberales y no lo sabían.

¡Enhorabuena!

Tim Bresnahan: “Facebook aprendió que los ordenadores son muy malos para detectar las ‘fakenews'”

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Bresnahan, en la sede de la Fundación BBVA en Madrid.

(En este texto, lo que aparece en negrita fue publicado en el diario El Mundo de Madrid en su edición del 16.06.2018. Lo demás, es el resto de nuestra conversación).

Tim Bresnahan (1953, EEUU) es una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de los mercados. Ha sido el economista jefe de la División Antitrust del departamento de Justicia de su país. Acaba de recibir el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA.

– Uno de sus hallazgos es que el progreso no siempre lleva a productos más baratos y mejores. ¿Por qué?

– El progreso tecnológico normalmente conduce a productos más baratos y mejores. Pero hay excepciones. Una de ellas es cuando el avance es capturado por un monopolista. He estudiado empresas como IBM o Microsoft, en cada caso el primer beneficiario fue el creador, pero después se convirtió en un monopolio, los precios subieron y la innovación técnica decayó.

– ¿A diferencia del vino, los mercados no mejoran según maduran?

– Es que el funcionamiento de los mercados no presupone mejorar siempre. Por ejemplo, en el negocio de los PC había un sector muy competitivo, pero tendió a estructurarse en una sola empresa que dominaba todo: Microsoft. Y eso no era tan bueno. Hoy, en la mayoría de los sectores que yo he estudiado, que tienen que ver con las tecnologías de la información y comunicación (TIC), hay problemas con respecto a quién ha capturado el progreso tecnológico.

– ¿Por qué declina la competencia en los mercados?

– Porque sólo podemos tener un estándar. Tenemos el PC con Microsoft Windows y un poco de McIntosh, pero hay fuerzas muy poderosas que tiran hacia la estandarización y la compatibilidad. Todas las razones de la declinación de la competencia tienen que ver con que una misma empresa viene a controlar todos los niveles importantes del negocio: el sistema operativo, las aplicaciones más importantes, el lenguaje de programación… Hoy, esto está retrocediendo y si miras los sistemas más utilizados en Occidente, en su mayoría tenemos diferentes firmas que prestan los diferentes servicios: de telecomunicaciones, de software, de dispositivos manuales, etc. En China es diferente: tienen muchas empresas que compiten para ser más grandes y hay una situación muy fea en las TIC en este momento.

– ¿Las fusiones son malas para la competencia?

– No, no siempre. Esta semana ha sido importante en la historia de las fusiones en EEUU porque se resolvió la de AT&T y Time Warner. Hay que examinar muy de cerca las fusiones, sus beneficios y desventajas. Depende mucho de las circunstancias del mercado y de las empresas.  

– O sea que hay que estudiar caso a caso…

– Hay normas generales, pero hay que estudiar caso a caso. Los tontos, en EEUU y en todos lados, son felices cuando pueden decirte que solamente hay reglas generales…

– ¿Qué herramientas tenemos para determinar el daño que una fusión hace al mercado?

– Un gran número. Hay herramientas para medir fusiones entre dos competidores… En un estudio con Jonathan Baker hace treintaitantos años, descubrimos que, antes de la fusión, cada empresa consideraba la posibilidad de fijar el precio más bajo para sus consumidores y ganar así nuevos clientes. Después de la fusión, solo se pensaba en reducir el precio de uno de los dos productos y si se pensaba en reducir el precio, algunos de los nuevos clientes que llegaban procedían de la misma fusión.

– ¿Por qué se habla tanto de los fallos del mercado y no de los fallos del Estado?

– No sé si aceptar la premisa de su pregunta, pero diría que tal vez porque estamos en Europa. En términos generales, en Economía hay una gran cantidad de literatura sobre las limitaciones de la intervención gubernamental y las limitaciones de un mercado desregulado, ya que la economía es bastante simétrica. Depende de lo que usted vaya buscando. No creo que haya una única respuesta. Hay que mirar si hay mucha intervención para qué asunto y si hay poca intervención para cual otro. Tengo dudas de que incluso los economistas europeos no hayan estudiado esto equilibradamente.

– La discusión política en España se centra mucho en los fallos del mercado…

– Hay un error analítico en esto. No hay una respuesta única a esa pregunta ¿Tenemos demasiado intervencionismo del Estado? ¿Tenemos demasiada actividad de mercado? Hay diferentes dimensiones y hay que formular preguntas precisas. Yo sería muy cuidadoso al formularlas.

– En España el mercado está bajo la sospecha popular y eso tiene efectos sobre la competencia…

– Hay un problema grave en los países ricos, que es el peor resultado de nuestro tiempo: que la distribución del ingreso se ha hecho desigual. Se culpa al mercado, al progreso tecnológico, a la globalización, a la declinación de las industrias manufactureras, a las políticas públicas… Cualquier cosa es candidata a ser responsable sin más análisis. No es serio. Imaginemos un país que sea la mitad de rico que la España de hoy. ¡Pues nadie ha tenido un país así sin un mercado que funcione! Pero la gente dice que el mercado nos ha traído desigualdad y yo creo que de lo que realmente se quejan es de algunos atributos de la vida moderna que les disgustan. Nuestra tarea es descubrir cuáles son. Las soluciones no deben ser brochazos gruesos que signifiquen detener el progreso tecnológico o conservar las manufacturas porque sí. Hay una maravillosa metáfora, en inglés, para este caso: no hay que tirar al bebé con el agua de la bañera. Y, en este caso, el bebé es el mercado.

Los empleos en manufacturas en EEUU son pocos. Son un poco más que los empleados de Walmart, pero muchos menos que toda la industria del retail. En Alemania es distinto. Y España probablemente tenga una fracción más alta de empleos manufactureros que EEUU. Pero la idea de que conservando esos empleos volveremos a ser tan ricos como nuestros abuelos es una locura. Claro que era mejor cuando todos pensaban que tenían una oportunidad, pero la solución no es destruir la oportunidad que tenemos ahora si no encontrar el camino para la gente que no la tiene.

– La Unión Europea mira con recelo el poder de gigantes como Facebook o Google. Recientemente, un dirigente europeo le decía a Marc Zuckerberg: “Convénzame de que su empresa no debe ser dividida”. ¿Facebook debe ser dividida?

– ¿Dividida en qué? Estuve a favor de dividir Microsoft, cuando estaba en el Departamento de Justicia, pero había partes en qué hacerlo. Se podían separar en una empresa de sistemas operativos y otra para las aplicaciones y así se obtenía una competencia muy parecida a la que existía antes en el mercado de los PC y como si no hubiera interferido el desarrollo de internet.. ¿En qué vamos a dividir Facebook? ¿En gente que escribe mensajes, que publica fotos de sus nietos por un lado y gente que mira esas fotos por otro? Facebook está muy integrado. En cuanto a producto es una red social, pero por el lado de los ingresos es una empresa de publicidad. La gran mayoría de sus ingresos vienen de ahí. Y en Google también. Y ellos están en directa competencia con Facebook y ambos compiten directamente con los chinos.

– Uno mira estas compañías y parecen monopolios u oligopolios…

– Oligopolio, tal vez. Ciertamente, sus productos coinciden, se financian con publicidad, son muy grandes, no son muchas, pero esta idea de la UE de que podemos acusar a tres o cuatro empresas distintas por compartir un mismo monopolio no suena muy inteligente. El Microsoft de hace 20 años era otra cosa, controlaban los PC, Apple era un competidor secundario… Y en la publicidad no había nada como Facebook.

– …Y la UE decidió que el navegador de Microsoft no podía venir de serie.

-Claro, en ese caso fue una buena respuesta. Antes de preguntarse si Facebook es un monopolio, y antes de decidir si lo es o no, quisiera pensar en su relación con Google. Ambos venden anuncios y dirigen el público objetivo en competencia directa. Y ambos compiten con los chinos. Pero, cómo los dividimos? ¿En dos Instagram y dos Snapchat? ¿En una red para adultos y otra para niños?

– Podría separar la comercialización de publicidad del tratamiento de datos…

– Eso es la misma actividad. Todas estas brillantes tecnologías de la información y la comunicación están destinadas a dirigir anuncios al público indicado, de manera muy precisa en el caso de Facebook. La fuerza de los datos es para acertar con los anuncios.

– ¿Facebook es un monopolio?

– Diría que no. Ellos se encargan de colocar anuncios. Y eso está bien.

– ¿Pero tiene una posición dominante en el mercado?

– Es un pequeño monopolio. Una fusión de Facebook y Google sería fácil. Apple acaba de decidir entrar en el negocio de la publicidad dirigida… No me preocupa un monopolio en eso.

– ¿Qué consecuencias tendrá el escándalo de Cambridge Analytica?

– Por las consecuencias políticas tienes que preguntarle a otro. Por las económicas… Es interesante lo que está pasando. Facebook quiere una producción automatizada. Hay decenas de miles de personas muy listas que escriben códigos, pero, en el margen, la actividad está en manos de la informática. Los ordenadores deciden los avisos que hay que mostrar, las noticias, etc. Ésta es ahora la frontera más interesante entre la inteligencia artificial y el trabajo humano. Facebook aprendió que los ordenadores son malos para detectar las ‘fakenews’ o aquellos mensajes políticos que no pretenden ser noticias pero que buscan trolear a alguien. Han tenido que retirarse de la verificación informatizada de noticias y contrataron a 20.000 personas para leerlas. ¡20.000! Una decisión muy trascendente.

– Sé que ha estudiado mucho sobre la automatización de las profesiones ‘blue collar’ (trabajadores manuales y obreros). ¿Qué pasa con la automatización de las actividades ‘white collar’ (profesionales y técnicas)?

– En EEUU, en el pasado, el 65% de las personas trabajaba en la agricultura, ahora es el 3%. El 50% de las personas trabajaba en las manufacturas, ahora es el 6%. Hoy, casi todo el mundo trabaja en el sector servicios o en burocracias ‘white collar’. La tecnología más importante no son los robots en las industrias, sino los sistemas informáticos que hay en casi todas las organizaciones. Es llamativo lo poco realista que somos las personas respecto del trabajo. La imagen que tenemos en nuestras mentes es la del agricultor en el campo o la de un camionero o un obrero en la fábrica. Pero, en EEUU, los servicios financieros, el comercio minorista y la sanidad suponen casi el 45% del empleo. Así que la imagen que deberíamos tener en la cabeza sobre el trabajo típico debería ser la del encargado de la facturación de un hospital o la del analista de los inventarios en un gran almacén. El desarrollo del cajero automático ha liberado a un montón de humanos y les ha permitido convertirse en vendedores, un trabajo mucho más social, que requiere más educación y que se dedica a resolver problemas del cliente. Vender una hipoteca es muchísimo más rentable para el banco que entregar o recibir dinero.

– ¿Los medios de comunicación tradicionales tienen algún futuro en este mundo digital?

– El modelo tradicional, que entregaba un producto respaldado por la publicidad, no. Eso se ha ido para siempre. No pueden competir contra la publicidad dirigida. En EEUU, además, el principal competidor de los medios tradicionales no es Facebook, sino Craiglist, un servicio de avisos locales. O LoopNet, un servicio de avisos de propiedades también muy local. Ellos se han llevado los ingresos de los diarios. Ese modelo donde tu das el contenido al lector y lo rentabilizabas con publicidad se ha ido porque hay otros que lo hacen mejor. Será interesante ver cómo cambia la gente y si pagará por los contenidos tradicionales de los medios. Todo está cambiando. Ese es el caso antimonopolios de esta semana: la fusión de AT&T y Time Warner, una compañía tradicional, de distribución, que se une con otra de contenidos.

– Hay medios como ‘The New York Times’ o ‘The Washington Post’ que parece que tendrán un futuro, pero pagando…

– Por pago y, mucho menos que antes, por publicidad. Pero, fíjese, una de las razones por las que Netflix empezó a crear sus propios contenidos fue para convertirse en un mejor soporte publicitario, lo que les permitió individualizar mejor a sus clientes y dirigirles publicidad. En el mundo de los medios todas las estrategias están disponibles, desde la de suscriptores de pago del ‘The New York Times’ hasta la de ‘The Guardian’ que no cobra a sus suscriptores, pero les pide limosna. Nadie sabe cuál es el modelo que funcionará. Ahora mismo hay un montón de energía destinada a experimentar.

-Un ejecutivo de TV decía que le costaba reconocer quién es quién en el mercado hoy. Hablaba de una compañía telefónica y decía que no sabía si era un competidor (porque distribuye series de TV como él), un cliente (porque le compra otras series), un aliado (porque financia ciertas series), un proveedor (porque le facilita ancho de banda) o un accionista (porque tiene un paquete de acciones a través de un fondo). ¿Qué efectos tiene esto en la competencia?

– Necesitamos mucha experimentación. Esto que cuentas me recuerda la primera vez que conocí a gente que veía internet desde el lado comercial, hace más de 20 años. Era una gran reunión y uno de ellos dijo: ¿no sé si yo te pagué o tú me pagaste? Es el mismo problema ahora, no se sabe si eres un cliente o un socio. Pero esto deberá cambiar, fruto de la experimentación, y así veremos cuál es el mejor modelo de negocio para cada compañía. Ahora todo está centrado en dirimir que modelo apoyarán los consumidores y los anunciantes. Las compañías telefónicas en particular, se han percatado ahora de su papel potencial como distribuidoras de contenidos y deberán buscar asociaciones. Este es el asunto más importante relacionado con la política de la competencia hoy.  Por ejemplo, no tenemos suficientes conocimientos respecto de la capacidad de elección de los usuarios de la publicidad en ese escenario. Esto no está resuelto.

– ¿Qué le parece que nuestros jueces y legisladores digan que Airbnb no es una empresa digital sino un grupo hotelero?

– Airbnb, Uber son grandes inventos. Pero Uber no es una compañía de transportes.

-La Justicia dice aquí (en España) que sí…

-(Ríe) Bueno, una posibilidad de entender esto es que las implicaciones legales que significa ser una empresa de transportes se apliquen a Uber. Pienso que el ejemplo de un hotel es más fácil. Casi todos los países ponen un impuesto a los hoteles que llaman tasa de ocupación. La cuestión entonces es si Airbnb debería pagarla también. Pero eso no significa que Airbnb sea una cadena hotelera.

-Recientemente hubo una sentencia contra Amazon por uno de sus repartidores. La empresa no pagaba sus costes de la Seguridad Social…

-Mi primera impresión es que en cualquier lugar de Europa la regulación sobre el reparto de mercancías es exageradamente estricta, tontamente restrictiva. Y España es mi país favorito en esto. La gente que trabaja por un día está sujeta a la misma regulación laboral que la gente que trabaja por períodos más largos…

– Usted sabe que el concepto de “red tape” (exceso de regulación y burocracia) nació en la España de Felipe II…

– Lo sé (ríe). Me parece que la legislación laboral es extremadamente restrictiva.

– ¿Dada su experiencia la competencia debe ser mayormente libre o regulada?

-Mayormente libre. Se necesita un sistema de mercado libre, en lo alto del cual una buena regulación puede ser útil.

-Por último, una pregunta personal. Sostengo que las tres grandes libertades de la globalización, que trajeron décadas de prosperidad a la Tierra, hoy están en retroceso: la libertad de movimientos de personas, capitales y bienes. Lo he llamo, sin mucha precisión, como desglobalización. ¿Qué opina?

-Creo que esto es algo terrible y sobre todo es el fruto de querer encontrar a un culpable de los cambios en la distribución del ingreso sin pensar cuidadosamente. Es lo que hace que un chino piense que los culpables de su nivel de riqueza son los europeos y que los europeos piensen que lo que amenaza su prosperidad son los chinos. Y los norteamericanos piensen que son los dos. Es el resultado de querer encontrar un culpable y de habernos retirado de las dos grandes fuerzas (libertad de movimientos de bienes y capitales) que nos hicieron más ricos que nuestros abuelos. No estamos formulando las preguntas correctas para encontrar las respuestas adecuadas.

Historia de un acuerdo con mar de fondo

Acuerdo1

Ricardo Lagos, presidente de Chile, y José María Aznar, presidente del Gobierno español, suscriben el Acuerdo entre Chile y la Unión Europea el 17 de mayo de 2002. A la derecha, Romano Prodi, premier italiano, y a la izquierda está Jacques Chirac, presidente de Francia.

Un equipo de políticos más que de diplomáticos, empujados por la decisión de la ministra Soledad Alvear de aprovechar esta oportunidad histórica permitió cerrar las negociaciones de un tratado que cambiará la economía chilena – Un golpe de autoridad de Cristián Barros en el último momento zanjó dudas de los negociadores chilenos sobre el acuerdo en el área pesquera – Las prioridades políticas de Aznar se impusieron sobre los criterios de su ministro de Exteriores en el conflictivo tema de la pesca, y permitieron a Chile hacer valer su posición marítima.

Por John Müller (@cultrun)

Escuti, Eyzaguirre, Sánchez, Rodríguez, Contreras, Navarro, Cruz, Toro, Campos, Tobar, Rojas, Ramírez, Landa, Navarro, Fouilloux, Leonel Sánchez y Moreno. Durante años los chilenos hemos sido capaces de recitar de memoria la nómina de aquella selección de fútbol que obtuvo el tercer lugar en el Mundial de 1962. Hoy, sin embargo, nadie conoce con exactitud los nombres de las personas que negociaron en nombre de Chile el acuerdo de Asociación Política, Económica y de Cooperación con la Unión Europea (UE), pese a que su éxito le ha proporcionado al país uno de los mayores logros diplomáticos de su historia reciente.

Una nómina incompleta de los negociadores arroja nombres como los siguientes: Fernández, Pizarro, Van Klaveren, Muñoz, Arenas, Leiva, Matus, Rosales, Barros, Contreras, Herrera, Rozas, Paiva, Bahamonde, Castillo, Furche, Rebolledo, los hermanos Saéz, Lagos Weber, Ramos… La lista está incompleta porque los mismos protagonistas han ido olvidando los detalles, pese a que trabajaron codo a codo durante diez complejas rondas de negociaciones celebradas entre abril de 2000 y abril de 2002. La firma final se produjo en Madrid el 17 de mayo de 2002 cuando Ricardo Lagos, presidente de Chile, selló el acuerdo con José María Aznar, presidente del Gobierno español, y Romano Prodi, jefe del Gobierno italiano.

La lista también ignora a innumerables funcionarios, políticos y diplomáticos que elaboraron documentos, borradores o hicieron gestiones que sirvieron de apoyo a la negociación. Resulta sintomático, sin embargo, que ningún funcionario de la carrera diplomática tuviera un papel relevante en las negociaciones, salvo uno: Jorge Berguño, un diplomático experto en Derecho del Mar que fue consultado por la ministra Soledad Alvear en un momento de la negociación final.

El resto de los negociadores, en su gran mayoría, procedían de la política aunque ocuparan puestos diplomáticos o hubieran pasado por la Academia Andrés Bello. Esto ha sido señalado por algunos protagonistas como uno de los elementos clave en el éxito del proceso, ya que mientras los funcionarios diplomáticos tienden a pedir instrucciones cuando se quedan entrampados en algún punto, los políticos conocían mejor los márgenes de negociación, los costes de cada decisión y tenían línea directa con las autoridades. Eso aceleró el proceso de una negociación extremadamente compleja.

Un lugar destacado en el impulso al proceso se le reconoce al ex presidente Eduardo Frei, quien aportó la visión general. Frei firmó en 1996, en Florencia, un acuerdo de cooperación entre Chile y la Unión Europea que se consideraba satisfactorio. Pero un gran número de personas siguieron presionando para que se estableciera un pacto más amplio.

“La verdad es que en parte este acuerdo lo sacamos por cansancio porque desde 1990 veníamos tocando las puertas de la Unión Europea”, dice un negociador. Se cita la insistencia de los embajadores de Chile ante la Unión Europea: Mariano Fernández -el primero en ocupar ese puesto-, Patricio Leiva y Sergio Pizarro Mackay, quien falleciera en el cargo en febrero de 2001. A ellos se debe la visión -primero, quizás, la ensoñación- de acercar a Chile a uno de los principales bloques comerciales y políticos que ofrece estabilidad y democracia a buena parte del planeta.

El ‘lobby’ chileno

Uno de los hitos fundamentales se considera la obtención, en 1999, del mandato para que la Comisión Europea negociara este acuerdo con Chile que fue obra del embajador Gonzalo Arenas. Cuando asumió el gobierno de Ricardo Lagos, en marzo de 2000, el presidente y la ministra de Relaciones Exteriores establecieron que el acuerdo de asociación tendría máxima prioridad.

Para ello se decidió que el embajador chileno en Madrid, Sergio Pizarro, un experto conocedor de los laberintos de la Comisión Europea, abandonara ese destino y regresara a Bruselas, donde ya había sido embajador ante el reino de Bélgica. Posteriormente, tras la sorpresiva muerte de Pizarro Mackay en febrero de 2001, la embajada sería ocupada por Alberto Van Klaveren, quien se encargó de terminar la tarea.

Al mismo tiempo, el gobierno chileno instruyó a todos sus embajadores ante los 15 países miembros de la Unión Europea para que iniciaran una acción coordinada y decidida de lobby a favor del acuerdo y se programaron estratégicamente una serie de visitas y entrevistas por parte de la ministra Alvear y el presidente Lagos a los países considerados clave.

El mandato de la Comisión Europea tenía dos limitaciones expresas fijadas por el consejo de ministros de la Unión. Una establecía que las negociaciones sobre aranceles y liberalización comercial no podían empezar antes de julio del año 2001. La otra establecía un vínculo de hierro entre la entrada en vigor del acuerdo comercial y el inicio a nivel mundial de una nueva ronda de negociaciones en el ámbito de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la que se había bautizado como Ronda del Milenio.

Una tercera limitación estaba implícita. Junto con el mandato para negociar con Chile, la Comisión Europea recibió otro para negociar un acuerdo similar con el Mercosur. Se suponía que ambas negociaciones debían desarrollarse paralelamente.

Tanto la segunda como la tercera limitación eran un lastre para las negociaciones porque las ataba al ritmo que adquirieran las que se realizaban en el foro multilateral de la OMC y al que quisieran imponerse los países de Mercosur que deseaban avanzar con más calma dados sus problemas internos.

La negociación se inició en abril de 2000 con tres grupos de trabajo: comercio, cooperación y política. Cada uno tenía los subgrupos que fueran necesarios. Se desarrollaron cinco rondas de negociaciones hasta junio de 2001. En ese momento, la ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear, dio por terminada la primera parte de las conversaciones y anunció la creación de un “equipo país” encargado de negociar en las siguientes rondas, además de un consejo asesor de personalidades. El equipo negociador quedó formado por un grupo interministerial integrado por los ministros de Hacienda, Economía, Agricultura y Relaciones Exteriores.

En cuanto a los temas específicos, se designó como jefe del equipo negociador al subsecretario de Relaciones Exteriores, en ese momento Heraldo Muñoz y posteriormente Cristián Barros. Como responsables de los temas económicos y de cooperación fueron designados el director de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería (Direcon), Osvaldo Rosales, y el director de la Agencia de Cooperación Internacional, Marcelo Rozas.

El embajador Van Klaveren fue el responsable de sacar adelante el capítulo de cooperación política con los lineamientos de Muñoz, al principio, y de Barros, después. El 15 de abril de 2002 este capítulo de discusión quedó cerrado y acordado.

El capítulo de cooperación general, donde se obtuvieron algunos de los avances más sustantivos y originales (dado que el acuerdo de Florencia de 1996 ofrecía ya una buena base de negociación) fue llevado de manera directa por Ricardo Herrera con la supervisión y dirección de Marcelo Rozas.

Ambos se entendieron bien, Rozas le dejó un amplio campo de maniobra a Herrera y así, cuando a finales de 2001 la ministra Alvear hizo una evaluación de la marcha del acuerdo, Rozas y Herrera se podían ufanar de que tenían la tarea hecha. De hecho, en junio de 2001, ya tenían textos acordados en dos de los tres subgrupos del Grupo de Trabajo de Cooperación que se referían a educación, cultura, ciencia y tecnología y el resto de los textos quedaron cerrados en diciembre de 2001.

Una propuesta suicida

La negociación más difícil y que más desgastó a los equipos fue la comercial, no sólo por ser el ámbito donde más intereses se cruzan, sino por la complejidad con que se realiza. Se negocia producto a producto y estos se hallan codificados por la Unión Europea. Hay millares de códigos debido a que cada uno describe con exactitud el producto y sus más mínimas variantes. Las uvas, por ejemplo, tienen distintos códigos según sus características físicas, cepas y hasta por la forma de recolección. La negociación comercial comenzó formalmente con un intercambio de propuestas en julio de 2001, en la quinta ronda de negociaciones que daba paso a la segunda parte del proceso. Hubo una propuesta informal que fue uno de los mayores “chascos” de las conversaciones. Se lanzó un primer envite a la Unión Europea proponiéndole un arancel cero, sabiendo que lo iban a rechazar.

Sin embargo, un análisis más detallado permitió comprobar que si lo hubieran aceptado, el desarme arancelario habría causado graves perjuicios a determinados sectores económicos chilenos. Era una propuesta suicida para Chile. Los negociadores comenzaron a plegar velas y terminaron por presentar a la UE tres listas de productos: una para liberalización inmediata y otras dos para liberalizar en cinco y diez años. Los europeos recibieron con algo de sorna las listas recordando el ímpetu liberalizador del principio.

En enero de 2002, el consejo de ministros de la Unión Europea resolvió desvincular la entrada en vigor del acuerdo de asociación con Chile del inicio de la Ronda del Milenio de la OMC a la vista de que ésta estaba fracasando. También la famosa condicionante implícita de mantener un riguroso paralelismo con la negociación de Mercosur se había ido esfumando a medida que Argentina se hundía en el caos económico. El camino ya estaba despejado y el éxito de la negociación sólo dependía de Chile y la UE.

Ese mismo mes, España había asumido su turno en la presidencia de la UE. Ya a finales del año 2001, durante la presidencia belga de la Unión, los funcionarios españoles habían hecho saber que el presidente José María Aznar tenía un interés especial en que el acuerdo con Chile quedara cerrado durante la presidencia española.

Desconcierto en Madrid

El 31 de enero de 2002 la ministra Soledad Alvear informó de que el presidente Aznar había mostrado su disposición a acelerar las negociaciones. Pero ese mismo día, Alvear sostuvo otra reunión con el ministro español de Asuntos Exteriores Josep Piqué. Mientras Aznar se mostró personalmente esperanzado en que el acuerdo saliera en los plazos marcados, Piqué le advirtió a la ministra chilena que el acuerdo sólo se alcanzaría si Chile hacía concesiones generosas en materia pesquera.

La contradicción entre los mensajes de Aznar y Piqué desconcertó a los chilenos. Más aún cuando Piqué dejó caer muy sutilmente la posibilidad de que si el tema pesquero no se podía solucionar en el marco del acuerdo bien se podía arreglar a través de un acuerdo bilateral de España y Chile, vía que ya se había comenzado a utilizar en el contencioso del pez espada. Alvear no se dio por aludida con la propuesta de Piqué (que hubiera sido impresentable de cara a los demás socios de la UE), pero las dudas se apoderaron de los negociadores chilenos. Una advertencia de los negociadores franceses se recordaba continuamente. “Nosotros somos complicados para negociar nuestros asuntos, pero el verdadero enemigo lo tienen en Madrid”, habría dicho un diplomático galo.

Lo que se desconocía en Chile eran las permanentes escaramuzas entre Aznar y Piqué no sólo por el tema del acuerdo con Chile, sino también en otros asuntos de la política exterior española como las relaciones con Marruecos. A medida que la política exterior española se veía cada vez más desbordada por los acontecimientos internacionales, Aznar veía claramente que el único logro que podría presentar en la cumbre de la UE con América Latina prevista para mayo de 2002 era el acuerdo con Chile. Y eso lo convertía en un elemento estratégico si deseaba seguir presentándose ante los demás europeos como el dueño de la llave de América Latina.

La fase decisiva del acuerdo se produjo entre la novena ronda de negociaciones (marzo de 2002) y la décima (abril de 2002). Para entonces ya estaba claro que los grandes problemas eran comerciales y se referían a la pesca, vinos y licores. La ministra Alvear y el comisario europeo de Comercio, Pascal Lamy, habían acordado hacer un esfuerzo mayor y cerrar el acuerdo en la décima ronda.

Pero los negociadores estaban entrampados. Nadie avanzaba. Ni Francisco Bahamonde, el responsable de negociar Agricultura y su supervisor político, Furche conseguían salir adelante, ni Sergio Ramos, el responsable de negociar el tema vinos. Y mucho menos Pesca, terreno en el que los españoles deseaban importantes concesiones.

Rebolledo y el indio pícaro

Un hombre destacó en las negociaciones: el economista de la U. de Chile Andrés Rebolledo, 34 años, director de Asuntos Económicos para América Latina de la Dirección de Relaciones Económicas de la Cancillería, que fue encargado de negociar el acceso a mercados. Rebolledo actuaba respaldado por tres asesores a los que llamaban “los guatones” y que se habían aprendido todos los códigos de los productos. En frente tenía al negociador europeo acompañado por un especialista al que bautizaron como “el mudo”, porque no abría la boca, pero cada vez que se negociaba un producto tecleaba en un computador portátil y entregaba a su jefe la información detallada sobre el mismo.

Las reuniones eran largas y tediosas. Rebolledo llegó a comentar que iba a mandar a pedir un indio pícaro (estatuilla erótica que en una posición determinada exhibe un pene) a Chile para no tener que contestar verbalmente a cada oferta. Su idea era que cuando tuviera que decir que no a una propuesta, le bastara con poner el indio sobre la mesa, gesto inequívoco de que se rechazaba.

Rebolledo tenía por encima a Mario Matus, director de asuntos económicos bilaterales de la Cancillería, y al propio Osvaldo Rosales, director general de la Direcon.

Cristián Barros, Rosales y Matus habían creado una dinámica futbolística con el equipo negociador. Cada mañana les alentaban, les daban ánimos y los acicateaban para conseguir un buen resultado. Rebolledo, Ramos, Paiva, Castillo y Bahamonde, volvían cada jornada más desesperados tras chocar con los negociadores de la UE y al ver que cada vez que pedían información a Chile a algún sector empresarial específico, estos no contestaban o se limitaban a darles largas.

La llegada a Bruselas de Ricardo Lagos Weber, director de Asuntos Económicos Multilaterales de la Cancillería, en la última semana de negociación, cambió las cosas. Lagos recompuso el ánimo del equipo y desbloqueó las comunicaciones con Chile: ningún empresario se atrevió a dejar las llamadas del hijo del presidente sin respuesta.

Las conversaciones comenzaron a marchar mejor y el espíritu del equipo mejoró. En este escenario, Bahamonde consiguió por ejemplo que se le asignara una cuota de exportación de carnes rojas y blancas a Chile siendo que nuestro país no exporta nada de carnes rojas. La cuota es considerada emblemática porque el tema cárnico es uno de los asuntos más sensibles dentro de la Unión Europea. Algo similar ocurrió con la cuota de los quesos y con la de las galletas y confites.

El 23 de abril llegó la ministra Alvear a Bruselas, dispuesta a cerrar el tratado como diera lugar. Quedaban tres días de conversaciones y la ministra decidió que se negociaría sin parar, lo que obligó a la famosa maratón de 48 horas que fructificó en el acuerdo final anunciado el viernes 26 de abril. La ministra se reunió con Pascal Lamy y ambos lanzaron sus líneas rojas, las cuales no se podían sobrepasar. Allí, Alvear se encontró con que aún quedaban pendientes cuestiones aparentemente banales como las salsas de tomates o los licores.

Había una veintena de brackets o paréntesis (cuestiones pendientes) en el texto final. Se dieron instrucciones para solucionarlas. En los licores, por ejemplo, se dejó de pedir compensaciones económicas por el hecho de renunciar a utilizar determinadas denominaciones de origen protegidas en Europa, como la de “champaña”.

Peces con bandera

Pero la pesca seguía siendo el gran tema. Los negociadores chilenos insistían en defender las famosas 200 millas, pese al antecedente de que la UE sólo reconoce 12 millas de zona económica exclusiva y a que en el acuerdo de asociación de México con la UE (el único precedente del acuerdo logrado ahora por Chile), los mexicanos se habían rendido en la famosa “milla 13”. Los diálogos de los negociadores adquirían ribetes surrealistas:

-Y los peces que nacen fuera de las 200 millas y maduran dentro de esa zona, ¿son chilenos?- planteaba un negociador europeo.

-Sin duda son chilenos- respondía el negociador de Chile.

-¿Cómo lo sabe? ¿Van con bandera chilena?- repreguntaba burlonamente el negociador de la UE.

-Es como si fueran, esos peces quieren ser chilenos- decía el chileno, desesperando a los representantes comunitarios que no entendían un argumento tan sui generis.

Un día que el bloqueo perduraba, los representantes chilenos contemplaron el peor escenario posible: que el asunto pesquero diera al traste con todo el proceso. En ese caso límite, Alvear todavía tenía una carta. El comisario europeo de asuntos exteriores, el británico Chris Patten, le había ofrecido a la ministra que si el asunto no avanzaba con el comisario Pascal Lamy por la razón que fuera le llamaran sin falta, que él intentaría por todos los medios desbloquear la negociación efectuando consultas directas con los gobiernos europeos.

El problema es que Patten siempre se hallaba de viaje y era imposible localizarlo en caso de emergencia. Ni los funcionarios comunitarios ni los chilenos garantizaban que pudiera estar al teléfono. Cuando el abatido equipo negociador se lamentaba de que la última carta no estuviera al alcance de la mano, apareció muy campante el ex embajador Gonzalo Arenas. “¿Quieren localizar a Patten? No hay problema. Yo lo arreglo”, dijo Arenas.

Los demás lo miraron con cara de que estaba alardeando en falso, pero Arenas efectivamente tenía la clave para encontrarlo gracias a su larga amistad con la jefa de gabinete de Patten. Finalmente no fue preciso hablar con Patten, pero fue muy tranquilizador saber que Arenas lo podía localizar en cualquier lugar del mundo.

Baguettes de madrugada

Una mayoría de miembros del equipo negociador destacan el papel de Arenas, quien no tenía un cometido específico, pero aportó lo que se podría llamar “el plus sentimental” del acuerdo. Arenas, militante democristiano, estudió en Lovaina (Bélgica) y allí tuvo ocasión de trabar amistad con estudiantes europeos, especialmente españoles. Se cuenta que Arenas era el que organizaba los partidos de fútbol con muchos de ellos.

Ese factor personal, sus innumerables relaciones y su cordialidad, son las que le ayudaron en 1999, cuando era embajador ante la UE, para conseguir el mandato para que la Comisión Europea negociara el acuerdo. Y ese mismo factor personal es el que permitió que cuando los españoles se hicieron cargo de la presidencia de la Unión Europea, Arenas tuviera amistad personal con tres de los seis negociadores comunitarios.

Aunque nadie se atreve a formularlo públicamente, después de los reparos planteados en enero por el ministro Piqué y a medida que la presidencia española se iba acercando al mes de mayo, los representantes españoles comenzaron a facilitar los acuerdos y desentrampar las situaciones de bloqueo. Estaba claro que las premisas políticas de Aznar le iban comiendo terreno a las pretensiones pesqueras de Piqué.

Tras anunciarse el fin de las negociaciones, algunos funcionarios del gobierno español han dicho públicamente que no se dio satisfacción a sus demandas sobre la pesca, pero sólo pueden criticar el acuerdo con sordina dado el interés personal que Aznar puso en este asunto.

La última jornada de negociaciones de la décima ronda se iba alargando mientras Rebolledo negociaba más y más productos. El proceso era lento y tedioso. Además, había que consultar permanentemente con los representantes sindicales y del sector privado chileno que habían ido hasta Bruselas y que permanecían en una habitación aparte, el famoso “cuarto adjunto”.

Ya era de noche y nadie había previsto comida ni bebida para los negociadores. Había una máquina de bebidas en una planta más abajo, pero ya se habían agotado. El inefable Gonzalo Arenas vio a un miembro de la Comisión Europea que venía con un paquete de baguettes a eso de las dos de la mañana. Le dijo que las había comprado en una panadería cercana. Hasta allí fue Arenas a conseguir tres bolsas de pan recién hecho para alimentar a la delegación chilena.

El hombre que le atendió era el panadero que estaba cocinando el producto, ni siquiera sabía el precio que debía cobrarle ya que él nunca atendía el despacho de pan. Arenas se rascó los bolsillos buscando sus últimos euros para pagar un precio aproximado que al panadero le pareció justo. Fue la última negociación comercial entre un chileno y un europeo antes de alcanzar un acuerdo.

Barros zanja la cuestión

Así las cosas, la línea roja de Alvear quedó establecida en el asunto de la pesca. El reloj avanzaba imparable y ya eran casi las tres de la mañana del viernes 26 de abril. Algunos negociadores, que ya habían concluido sus tareas, querían marcharse a sus casas u hoteles.

El humor, sin embargo, no se perdía. Rebolledo, que aún tenía productos que negociar, confidenciaba a sus compañeros: “Tengo un producto que les voy a sacar como a las cuatro de la mañana con la idea de pillarlos cansados”. Pero los europeos, que tienen mucha experiencia en estas negociaciones, parecían frescos y en perfecta forma todo el tiempo. Efectivamente, a las cuatro de la madrugada, Rebolledo tiró su propuesta a la mesa y los europeos reaccionaron mal después de que “el mudo” consultara en su computador portátil. Hubo que matizarla para no fastidiar toda la negociación que ya estaba prácticamente cerrada.

La ministra habló con Pascal Lamy y le explicó que estaban en un punto crítico. Satisfacer las demandas de la UE en materia pesquera -el libre acceso a las 200 millas- obligaría al gobierno chileno a pagar un precio político inaceptable. Lamy le contestó que “esto de las 200 millas es un invento chileno, es ridículo y no resiste el menor análisis según la doctrina y la política europea… pero la voy a ayudar, ministra…”.

Ese fue el momento decisivo porque al rato volvió Lamy con un borrador de texto para el capítulo pesquero que habían preparado sus juristas. “¿Esto es aceptable para usted?”, preguntó. La ministra tomó el texto, lo pasó a la gente de su equipo y les mandó que lo sometieran a la opinión de Jorge Berguño, el diplomático chileno experto en Derecho del Mar. En una sala aparte Berguño cogió el papel y lo leyó detenidamente. Estuvo diez minutos pensando y reflexionando sobre el texto. Finalmente dijo: “Jurídicamente está bien”.

En ese momento Rosales, Matus y Van Klaveren fueron presa de las dudas. Era el momento decisivo y alguno de ellos sugirió que era mejor consultar con Santiago, buscar un respaldo político al máximo nivel. Cristián Barros, el subsecretario de Relaciones Exteriores, que también estaba en la sala, zanjó la cuestión con un golpe de autoridad: si el experto de la Cancillería decía que jurídicamente estaba bien, así era. Y si era preciso, él asumía la responsabilidad.

El dictamen de Berguño fue transmitido a la ministra. “Jurídicamente está bien”, le dijeron. Y Soledad Alvear agregó: “Pues si jurídicamente está bien, políticamente lo acepto”. Ya casi amanecía en Bruselas y la negociación había terminado.

Gonzalo Arenas se dio una ducha, se cambió de ropa y volvió a la sede de la Comisión Europea. Entró muy temprano “como Pedro por su casa” al salón donde se debía realizar el anuncio de que las negociaciones estaban concluidas. Probó los micrófonos que usarían Lamy y Alvear, movió los indicadores de volumen y se fue a recibir a sus compañeros chilenos. A unos que se habían ido a dormir y que venían llegando sin conocer las últimas noticias les soltó un “¡hemos ganado!”. El partido más decisivo de la diplomacia chilena en los últimos 20 años había concluido.

ADENDA POST SCRIPTUM

(Tras la publicación de este artículo en elmostrador.cl se recibió nueva información que lo completa aún más. La añadimos aquí. Si Ud. desea contribuir a enriquecer esta historia con detalles, fechas y datos que conozca de primera mano, escriba al autor: johnmuller.es@gmail.com. La confidencialidad está garantizada)

Los negociadores chilenos del grupo de acceso fueron los siguientes: Rodrigo Contreras, economista, quien estuvo a cargo de la negociación de las normas de origen. Contreras fue asistido por Carmen Paz Cortés, también economista. Los procedimientos aduaneros fueron negociados por Pablo Urrea, abogado.

El equipo que trabajó con Andrés Rebolledo, que es economista de la U. de Chile y posee cursos de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, lo formaban Patricio Barrueco y Leonardo Humeres, ambos ingenieros en administración de empresas. A ellos se sumó Claudio Sepúlveda, economista. Efectivamente a este grupo se le apodó “los guatones”, aunque Sepúlveda es flaco y, además, fanático del equipo de fútbol de la Universidad de Chile.

Todo este grupo además se apoyó en grupos de trabajos similares de los Ministerios de Hacienda, Economía y Agricultura.

Este equipo es, básicamente, el responsable de todas las negociaciones comerciales que Chile desarrolla en diversos ámbitos y cuenta ya con una valiosa y aquilatada experiencia.

Adiós a Pedro Llorens, “el mejor titulador de Venezuela”

llorens

No quiero recordar a Pedro Llorens Fábregas (Caracas, 1937), en el momento de su partida, de otra manera que no sea elaborando la portada de un diario. Gran parte de la fama y del entrañable aprecio que despierta su figura entre los lectores venezolanos lo ganó con la columna La mosca en la oreja que escribió durante 18 años en diario El Nacional, pero antes, Llorens fue un pilar fundamental de El Universal, donde se labró la reputación de ser “el mejor titulador de Venezuela”.

Cuando llegué a El Universal en septiembre de 1995, Llorens formaba parte de una tetrarquía que era la responsable del día a día del diario. En ella estaban su inseparable amigo Ramón Hernández, Álvaro Miranda, responsable de Deportes, y Lucy Gómez, de Local. El director honorífico era Luis Alfredo Chávez. Y yo, baqueteado pero treintañero al fin, llegué desde España, en medio de las miradas recelosas de todos ellos, a hacerme cargo de la dirección ejecutiva del diario.

Pronto hice muy buenas migas con Llorens. Era un admirable periodista de la vieja escuela, aunque no se le podía calificar de empírico porque había estudiado en la Universidad Central. Era culto hasta el agotamiento. Había leído indiscriminadamente, en aluvión, como sólo lo habíamos hecho los que no teníamos luz eléctrica. Su padre era un escritor e intelectual que había tenido que abandonar España durante la Guerra Civil. Y era simpático y generoso, y cuando estaba en confianza, muy chispeante. Le sobraba humildad. En pocos días me di cuenta de que su fama de buen titulador era justa. Yo traía otra cultura –la que había aprendido en El Mundo con Pedro J. Ramírez– a la hora de elaborar la portada y cuando hice mi primer título venezolano me di cuenta de que haría el ridículo trasladando el estilo de la prensa española al Caribe. Así que dejé que Llorens las siguiera haciendo, porque, además, él era muy feliz con esa tarea.

La foto de arriba se la tomé yo, en la vieja redacción de El Universal que parecía un banco del Lejano Oeste y donde todavía existían esos tubos neumáticos para enviar las páginas diseñadas al taller. Llorens, jefe de Información, está haciendo lo que más le gustaba en la vida: confirmar una noticia por teléfono con el lápiz en la mano sobre un folio donde estaba pergeñando un enfoque para un titular. Sus ideas tenían la fuerza y musicalidad precisas. Sólo los que hemos estado en muchas portadas sabemos que una historia sin título es un producto fallido.

No tengo reparo en decir que si yo hubiera sido el dueño de El Universal, Llorens hubiese sido el director. Su enorme talento me hacía sentir como un intruso que estaba robándole su destino, a él y a los demás periodistas que participaron en el proceso de renovación del diario en la década de 1990. Por eso  nunca quise mostrar la más mínima ambición de atrincherarme en el cargo. Cumplí mi contrato, como me comprometí, y me marché. Y la gran mayoría de ellos, Llorens el primero, me lo agradecieron distinguiéndome hasta hoy con su amistad.

Lo curioso es que poco después de irme de El Universal, Pedro también lo dejó. Trabajó un tiempo para el Gobierno de Rafael Caldera, que se inventó aquella parida de “la información veraz” (otra excusa para acallar las críticas), y después lo fichó con muy buen ojo Miguel Henrique Otero, el presidente director de El Nacional.

Recuerdo dos anécdotas que nos ocurrieron. Un día, Llorens me instruía sobre la vida política venezolana. No la que está en los libros, sino aquella, más menuda, que conocen los periodistas y que en Venezuela es riquísima. Me contó la caída de Carlos Andrés Pérez que estaba arrestado en su domicilio. Le pregunté si podíamos visitarle y me dijo que le diera unos días que él lo arreglaría.

Al cabo de una semana, Llorens me dijo que Pérez nos esperaba esa noche. Fuimos a su casa sobre las nueve de la noche. Accedimos sin problema, aunque un guardia armado cuidaba discretamente la puerta, y allí dentro estaba CAP. Estuvimos hasta las dos o tres de la mañana conversando con él.

-Vamos a tomar algo que me muero de sed- le dije a Llorens al marcharnos. Pérez no nos ha invitado ni a un mísero vaso de agua.

-¡Que vaina!- soltó Llorens, con su típico acento con el que alargaba las palabras. Si me lo dices antes, te lo hubiera explicado.

Y entonces Pedro se dedicó a contarme que una de las consecuencias del proceso de destitución de Pérez fue que se hizo oficial que tenía una amante, Cecilia Matos, con la que tuvo dos hijas. Cuando su esposa Blanca Rodríguez constató que se había hecho pública la existencia de la amante, quiso echar a Pérez de la casa, pero no pudo porque la Justicia ordenó que cumpliera su condena por “malversación genérica” bajo la forma del arresto domiciliario. Y su único domicilio en Caracas era ése, que lo tenían en régimen de gananciales. Entonces, Blanca dividió la casa por la mitad, tapiando pasillos y habitaciones, y Carlos Andrés tuvo la mala suerte de que la cocina quedó del lado de su mujer. Así que el ex presidente no tenía ni frigorífico ni cocina. Debían traerle la comida y la bebida del exterior.

Le dije que, si era así, habíamos quedado como unos maleducados al no llevar nada para cenar con Pérez, así que le pedí que concertara otra reunión. A ella llegamos con un catering de lo mejor que pudimos conseguir en Caracas y con varias botellas de whisky y un camarero que nos sirvió espléndidamente. Pérez, por cierto, quedó muy agradecido con nuestra segunda visita y a las tres de la madrugada aún nos quería seguir contando sus hazañas de juventud cuando estaba exiliado en La Habana con Rómulo Betancourt durante la dictadura de Pérez Jiménez.

La segunda anécdota se produjo en El Universal un día que un emisario de Hugo Chávez, que también estaba desterrado en Cuba tras serle conmutada la condena por el golpe de Estado de febrero de 1992, vino a ofrecernos que le hiciéramos un publirreportaje para presentarlo en sociedad como un convencido demócrata. Llorens, que conocía el percal y sí era un demócrata a toda prueba, se indignó y dijo que de ninguna manera teníamos que entrar en tratativas con “esos golpistas”. Le dijimos al emisario de Chávez que esa era una exclusiva que en ese momento no nos interesaba por mucho que el Gobierno de Rafael Caldera se empeñara en tratarlo comprensivamente.

Nunca olvidaré la sagacidad con que Llorens advirtió a muy temprana hora que Venezuela alcanzaría la más bajas cotas de su historia abrazando el populismo de Chávez.

Años después, en 2004, Llorens ajustaría cuentas con el ex coronel con su libro Contra Chávez (Ed. Debate, 2005), donde destiló todo el desprecio y el aburrimiento que le producía el líder bolivariano. Incluso, él, que era un fanático de las canciones de José Alfredo Jiménez, le compuso una ranchera burlona dedicada a su omnipresente programa Aló presidente, que dice: De domingo a domingo / te vuelvo a ver / cuando será domingo /… /para volver…

Pedro Llorens, periodista, nació en Caracas el 10 de mayo de 1937 y falleció en esa misma ciudad el 26 de junio de 2015. Le sobreviven su compañera Miriam y su hijo Ernesto.

Funcionarios transparentes: la norma chilena en 5 clicks

Una de las paradojas de la Transición democrática chilena es que el artículo 8º de la Constitución dictada por el régimen militar en 1980 -que declaraba fuera de la ley las ideas políticas de base marxista- y que se consideraba una disposición “maldita” por los partidarios de la democracia, fuera sustituido por un texto que proclama que todos los actos del Gobierno son públicos excepto aquellos que una ley calificada considere como secretos, un texto llamado a recibir “bendiciones” de todos.

El nuevo artículo 8º, aprobado en la reforma constitucional de agosto de 2005, estableció la exigencia de probidad en el ejercicio de las funciones públicas y la transparencia y publicidad de sus actos.

De ese texto constitucional nació la Ley 20.285 de Transparencia o sobre Derecho de Acceso a la Información Pública que permite a cualquier ciudadano chileno conocer la información en manos de cualquier entidad estatal. Esa ley está en vigor desde abril de 2009 y dio origen a un organismo público autónomo, el Consejo de Transparencia, encargado de promoverla y fiscalizar su aplicación. La ley establece dos mecanismos: la llamada transparencia activa, que es la información que los organismos públicos colocan en sus sitios webs, y el derecho de acceso a la información que consagra la obligación de los organismos públicos de entregar la información en su poder salvo que una ley diga lo contrario.

Una ventaja del sistema de transparencia chileno es que se trata de una exigencia de rango constitucional, no se trata de una ley de más bajo nivel. Pero la gran ventaja es que asegura que toda información en manos del Estado es pública, salvo la que se declare secreta. Ese principio básico difiere del de otras leyes de transparencia, como la española, donde la norma indica quién está obligado y qué debe revelar (Ver Capítulo II, artículo 5 en adelante).

La normativa de transparencia chilena permite, por ejemplo, un hecho singularísimo: todas las remuneraciones de quienes cobran del Estado chileno son públicas y en menos de cinco pantallas se puede acceder a ellas. No se trata de poder calcular a partir de una posición en un escalafón y de una tabla salarial cuánto es -más o menos- lo que un funcionario cobra (cosa que en España mirando el BOE y conociendo al funcionario también se podría hacer), sino exponer los haberes del último mes y anteriores de un funcionario con nombre y apellido. Una es una información incierta, fruto de un cruce de matrices y con información incompleta (escapatoria clásica del Estado burocrático), lo otro es una información positiva y concreta.

Veamos lo que ocurre con los funcionarios o empleados públicos contratados en el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno. Esta es la página web de este ministerio y enmarcado en un trazo amarillo está el enlace que da paso al “Gobierno Transparente” donde se materializa uno de los principios fijado por la ley:

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El enlace de “Gobierno Transparente” nos lleva a esta otra pantalla, donde hay varios apartados interesantes, “Compras y adquisiciones” o “Información Presupuestaria”, pero el que a nosotros nos interesa es el de abajo a la izquierda “Dotación de personal” y en concreto el de “Dotación de planta”, que se refiere al personal fijo del Ministerio.

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Una vez que accedemos a “Dotación de planta”, se abre una nueva pantalla que permite conocer la información desde el año 2006, el primer ejercicio afectado por la reforma constitucional que introdujo el artículo 8º.

minrel3Si accedemos al enlace de 2015, se despliega un estadillo donde se pueden ver el estamento al que pertenece el funcionario, el nombre y apellidos, la cualificación profesional, el cargo o función, la remuneración y otros datos como las asignaciones especiales, la unidad monetaria en que se paga, etc.

minrel4El primero que aparece en este estadillo es el actual ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Heraldo Muñoz, politólogo socialista, cuya remuneración asciende a 8.442.079 pesos chilenos desde el 11 de marzo de 2013 que es la fecha en que juró como miembro del gobierno de Michelle Bachelet.

También podemos acceder, por ejemplo, a las retribuciones públicas que recibe el embajador de Chile en España, Francisco Marambio Vial, a quien encontramos un poco más abajo en el estadillo (enmarcado también en amarillo).

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Pero si alguien cree que este nivel de transparencia esta reservado sólo a altos funcionarios del Estado o diplomáticos se equivoca. Veamos un ejemplo con un municipio cualquiera, el de mi ciudad de origen: Osorno, en el sur de Chile, a 900 kilómetros de la capital, Santiago.

osorno1La web de la Municipalidad de Osorno (147.753 habitantes) tiene un enlace muy destacado (marcado con rotulador amarillo) por el que se accede a la información pública importante que marca la ley.

osorno2A partir de ahí se puede entrar a revisar el enlace “Personal de Planta, Contrata. Código del trabajo, Honorarios”.

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El enlace conduce a una serie de pdf que se actualizan mensualmente. El último corresponde a las remuneraciones de distintas categorías de trabajadores públicos del mes de abril de 2015.

osorno5Abriendo el pdf podemos acceder a los datos personales, categoría en el escalafón, profesión y remuneraciones de cualquiera de las personas que trabajan en la Municipalidad de Osorno y que cobran del erario público. En este caso, como la plantilla es demasiado ancha para caber en una pantalla, la hemos dividido en dos y hemos marcado los datos de Eduardo Angulo Alvarado, un actuario del 2º Juzgado de Policía Local, que tiene categoría de administrativo y tiene una formación acreditada de estudios secundarios y que cobra 568.049 pesos chilenos, catorce veces menos que el ministro de Relaciones Exteriores.

osorno6Que sus remuneraciones quedaran expuestas a la opinión pública no fue asumido fácilmente por los funcionarios y empleados que trabajan para el Estado en Chile. El Consejo de Transparencia hizo un exhaustivo y metódico trabajo de convencimiento de cada uno de los estamentos. El argumento clave fue que la transparencia ayudaría a combatir la corrupción y que volvería a dar prestigio a la función pública. De 345 municipalidades fiscalizadas en 2014, cinco años después de la implantación de la ley, casi el 70% cumplió los requisitos de transparencia activa muy satisfactoriamente. Un 7,5% de los municipios, además, exhiben un nivel del cumplimiento del 100% y sólo cinco municipios, el 1,44% del país, no cumplen ninguno de los requisitos de la ley.

Pablo Iglesias, la comunicación y el periodismo de trinchera

Pablo Iglesias. JOSE AYMÁ/ELMUNDO

Son llamativas las numerosas referencias de Pablo Iglesias en su entrevista con el director de El Mundo a la comunicación y el periodismo. Iglesias es licenciado en Derecho y politólogo, pero también tiene estudios teóricos y prácticos en Comunicación. Sus habilidades comunicativas han sido una de las claves del éxito de su partido Podemos.

1.- La comunicación como excusa: Iglesias, como la mayoría de los políticos, culpa a la comunicación del desgaste de su partido. Es un recurso clásico para cuando las cosas no van bien y no se quieren señalar las auténticas causas de ello. Iglesias lo hace en dos momentos.

comunicacion2Esta una autocrítica más aparente que real. Pero después le preguntan por un ejemplo concreto, el caso de supuesta evasión fiscal de Juan Carlos Monedero que éste subsanó con una declaración complementaria ante Hacienda.

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Iglesias atribuye el escándalo Monedero a un puro problema comunicacional y de falta de eficacia. No se trata de que hayan pillado en falta tributaria a su colega y amigo, sino de un error de comunicación de Podemos. Tampoco se trata de entrar a valorar argumentos tan peregrinos como que no había intención de evadir porque el dinero era para una buena causa, como sostuvo Monedero al principio del escándalo.

Pese a que cabría suponer que Monedero también forma parte del error de Podemos, Iglesias cree que éste tiene suficientes credenciales como para sentirse cómodo en el mundo de la comunicación porque tiene “alma de periodista”.

monedero periodista

2.- El Periodismo de Trinchera (I):  Es muy interesante esta afirmación de Iglesias. Para él, los que ejercemos el Periodismo lo hacemos desde “el corazón” y “el alma”, órganos que se suponen calentitos, a diferencia de los que intervienen en política que serían calculadores dueños de sus silencios, es decir, fríos y racionales. Se puede hacer una larga relación de vísceras desde las cuales se ejerce el Periodismo en España, pero en la gran mayoría de los medios de comunicación solventes se hace desde la racionalidad. La racionalidad que supone la contrastación de las informaciones y el cumplimiento de unos códigos profesionales. Es verdad que hay fallos estrepitosos, pero la opinión pública y las redes sociales han contribuido a materializar una vigilancia y crítica que antes estaba confinada a las Cartas al director y a las sentencias de rectificación.

3.- El Periodismo de Trinchera (II): la visión que Iglesias tiene de sí mismo y del Periodismo adquiere nuevos matices cuando Casimiro García-Abadillo le pregunta por la Revolución Rusa. Cuando uno esperaba que Iglesias se pidiera ser Lenin, Trotsky o Stalin, para liderar el proceso, éste da un sorprendente paso al lado y decide ser John Reed, un cronista nada imparcial, pero un cronista al fin y al cabo, un grado de implicación mucho menor que el de un político.

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“Un periodista extranjero escribiendo con simpatía” es una expresión muy irresponsable para alguien que se presenta como el líder de un movimiento como Podemos. Hay dos formas de ver el concepto “Periodismo de Trinchera”. Una es la de considerar que desde esa trinchera se dispara contra los adversarios. La otra es considerar el periodismo como refugio, donde ocultarse de los disparos del enemigo, que en este caso sólo puede ser el votante, y que al apelar a ser mero cronista es sustituido por un concepto mucho menos vinculante: el lector o telespectador. Cuando habla de Monedero se refiere al primero. Cuando habla de sí mismo, lo hace en la segunda acepción.

4.- Desconocimiento del ‘ethos’ periodístico: Sin embargo, donde Iglesias muestra que su formación no es la de un periodista y que desconoce la deontología profesional es en el relativismo que muestra a la hora de contestar sobre la situación de los medios de comunicación en Venezuela.

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Pocos periodistas pueden sostener hoy otra opinión distinta a que la libertad de prensa está muy gravemente amenazada en Venezuela. No sólo hace falta papel para imprimir esos periódicos disidentes que él cree que siguen en los quioscos (una estrategia que ya quiso utilizar en su momento la Unidad Popular chilena), sino que los que siguen en pie o han sido comprados por empresarios afines al poder bolivariano o están acorralados. Y en cuanto a los medios audiovisuales, los que no perdieron su licencia, también fueron adquirido por empresarios “boliburgueses”. El informe de Reporteros Sin Fronteras de 2014 así lo refleja (pág. 98) al recoger que 37 periódicos tuvieron que cerrar o reducir su difusión y se produjeron 231 agresiones a informadores. También hay denuncias sistemáticas de organizaciones humanitarias como Humans Right Watch o profesionales como la Sociedad Interamericana de Prensa.