Apuntes sueltos sobre el mensaje del Rey

La primera reflexión que surge ante el mensaje navideño de Don Felipe es la de que su padre ha tardado mucho en abdicar. Quizá tenía que haberlo hecho dos o tres años antes.

Desde el punto de vista formal, su discurso ha sido de muy buena factura. Disimuló bien que estaba leyendo en el teleprompter, no cometió errores, la entonación fue buena y la gestualidad reforzó los conceptos clave, al menos en los minutos iniciales. Después, hubo momentos en que pareció que manoteaba demasiado e innecesariamente. Lo peor: el tiro de cámara que mostraba la fotografía donde aparecía con Don Juan Carlos y Doña Sofía el día de su proclamación junto con una bandera española y un Belén residual. Si se pretendía alejar a Don Felipe de todo eso, se consiguió con creces, dando un protagonismo excesivo a un sofá rojo que la imaginación popular se ha encargado de llenar con los Simpson o con el ex presidente de los empresarios madrileños, Arturo Fernández.

En cuanto al fondo del discurso, ya se ha dicho casi todo, pero me gustaría destacar un hecho poco valorado: el Rey no teme a las emociones ni a los sentimientos. Más aún, no tiene problema en hablar de ellos, en someterlos a análisis y hasta en considerarlas como razones válidas para actuar. Se trata de un rasgo extraño en los hombres públicos donde hasta hoy las emociones han estado para ser manipuladas (en el auditorio) o ser disimuladas (en lo más hondo del yo).

Además, me atrevo a distinguir tres momentos llamativos en su mensaje:

1.- Momento de la terapia de pareja:

“Los desencuentros no se resuelven con rupturas emocionales o sentimentales. Hagamos todos un esfuerzo leal y sincero, y reencontrémonos en lo que nunca deberíamos perder: los afectos mutuos y los sentimientos que compartimos. Respetemos la Constitución que es la garantía de una convivencia democrática, ordenada, en paz y libertad. Y sigamos construyendo todos juntos un proyecto que respete nuestra pluralidad y genere ilusión y confianza en el futuro”.

2.- Momento de la frase hecha:

“Y lo que hace de España una nación con una fuerza única, es la suma de nuestras diferencias que debemos comprender y respetar y que siempre nos deben acercar y nunca distanciar. Porque todo lo que hemos alcanzado juntos nace de la fuerza de la unión. Y la fuerza de esa unidad es la que nos permitirá llegar más lejos y mejor en un mundo que no acepta ni la debilidad ni la división de las sociedades, y que camina hacia una mayor integración”.

3.- Momento paternalista:

“Por eso, debemos proteger especialmente a las personas más desfavorecidas y vulnerables. Y para ello debemos seguir garantizando nuestro Estado de Bienestar, que ha sido durante estos años de crisis el soporte de nuestra cohesión social, junto a las familias y a las asociaciones y movimientos solidarios. Algo de lo que debemos realmente sentirnos orgullosos”.

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