Pablo Iglesias, la comunicación y el periodismo de trinchera

Pablo Iglesias. JOSE AYMÁ/ELMUNDO

Son llamativas las numerosas referencias de Pablo Iglesias en su entrevista con el director de El Mundo a la comunicación y el periodismo. Iglesias es licenciado en Derecho y politólogo, pero también tiene estudios teóricos y prácticos en Comunicación. Sus habilidades comunicativas han sido una de las claves del éxito de su partido Podemos.

1.- La comunicación como excusa: Iglesias, como la mayoría de los políticos, culpa a la comunicación del desgaste de su partido. Es un recurso clásico para cuando las cosas no van bien y no se quieren señalar las auténticas causas de ello. Iglesias lo hace en dos momentos.

comunicacion2Esta una autocrítica más aparente que real. Pero después le preguntan por un ejemplo concreto, el caso de supuesta evasión fiscal de Juan Carlos Monedero que éste subsanó con una declaración complementaria ante Hacienda.

comunicacion

Iglesias atribuye el escándalo Monedero a un puro problema comunicacional y de falta de eficacia. No se trata de que hayan pillado en falta tributaria a su colega y amigo, sino de un error de comunicación de Podemos. Tampoco se trata de entrar a valorar argumentos tan peregrinos como que no había intención de evadir porque el dinero era para una buena causa, como sostuvo Monedero al principio del escándalo.

Pese a que cabría suponer que Monedero también forma parte del error de Podemos, Iglesias cree que éste tiene suficientes credenciales como para sentirse cómodo en el mundo de la comunicación porque tiene “alma de periodista”.

monedero periodista

2.- El Periodismo de Trinchera (I):  Es muy interesante esta afirmación de Iglesias. Para él, los que ejercemos el Periodismo lo hacemos desde “el corazón” y “el alma”, órganos que se suponen calentitos, a diferencia de los que intervienen en política que serían calculadores dueños de sus silencios, es decir, fríos y racionales. Se puede hacer una larga relación de vísceras desde las cuales se ejerce el Periodismo en España, pero en la gran mayoría de los medios de comunicación solventes se hace desde la racionalidad. La racionalidad que supone la contrastación de las informaciones y el cumplimiento de unos códigos profesionales. Es verdad que hay fallos estrepitosos, pero la opinión pública y las redes sociales han contribuido a materializar una vigilancia y crítica que antes estaba confinada a las Cartas al director y a las sentencias de rectificación.

3.- El Periodismo de Trinchera (II): la visión que Iglesias tiene de sí mismo y del Periodismo adquiere nuevos matices cuando Casimiro García-Abadillo le pregunta por la Revolución Rusa. Cuando uno esperaba que Iglesias se pidiera ser Lenin, Trotsky o Stalin, para liderar el proceso, éste da un sorprendente paso al lado y decide ser John Reed, un cronista nada imparcial, pero un cronista al fin y al cabo, un grado de implicación mucho menor que el de un político.

johnreed

“Un periodista extranjero escribiendo con simpatía” es una expresión muy irresponsable para alguien que se presenta como el líder de un movimiento como Podemos. Hay dos formas de ver el concepto “Periodismo de Trinchera”. Una es la de considerar que desde esa trinchera se dispara contra los adversarios. La otra es considerar el periodismo como refugio, donde ocultarse de los disparos del enemigo, que en este caso sólo puede ser el votante, y que al apelar a ser mero cronista es sustituido por un concepto mucho menos vinculante: el lector o telespectador. Cuando habla de Monedero se refiere al primero. Cuando habla de sí mismo, lo hace en la segunda acepción.

4.- Desconocimiento del ‘ethos’ periodístico: Sin embargo, donde Iglesias muestra que su formación no es la de un periodista y que desconoce la deontología profesional es en el relativismo que muestra a la hora de contestar sobre la situación de los medios de comunicación en Venezuela.

venezuela

Pocos periodistas pueden sostener hoy otra opinión distinta a que la libertad de prensa está muy gravemente amenazada en Venezuela. No sólo hace falta papel para imprimir esos periódicos disidentes que él cree que siguen en los quioscos (una estrategia que ya quiso utilizar en su momento la Unidad Popular chilena), sino que los que siguen en pie o han sido comprados por empresarios afines al poder bolivariano o están acorralados. Y en cuanto a los medios audiovisuales, los que no perdieron su licencia, también fueron adquirido por empresarios “boliburgueses”. El informe de Reporteros Sin Fronteras de 2014 así lo refleja (pág. 98) al recoger que 37 periódicos tuvieron que cerrar o reducir su difusión y se produjeron 231 agresiones a informadores. También hay denuncias sistemáticas de organizaciones humanitarias como Humans Right Watch o profesionales como la Sociedad Interamericana de Prensa.

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