El espíritu del trampeo, o “una tesis normal”

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Pedro Sánchez interviene en Nueva York en un foro sobre Violencia contra las Mujeres y Jóvenes con Discapacidad, impulsado por el propio Sánchez y organizado por el Fondo de Población de Naciones Unidas.

(El texto siguiente es un informe preparado sobre la tesis de Pedro Sánchez por un doctor español que quiere mantener en reserva su identidad por las razones que explica al final. Por mi parte, he comprobado que los datos que ofrece para cuestionar la calidad del trabajo doctoral del presidente figuran en la tesis y en las fuentes originales tal  y como los recoge el autor) 

Por “Autor de una tesis doctoral”*

Una de las peores prácticas de la investigación académica, sin duda extendida por la banalización de trabajos tan dignos de respeto y admiración como las tesis doctorales, es el deseo que muestran muchos investigadores (o supuestos investigadores) por aparentar un dominio de las fuentes rico, variado, políglota y con un toque exótico y erudito.

La tesis de Pedro Sánchez no se puede caracterizar por ese dominio de las fuentes. Más allá de los plagios puntuales, de las numerosas citas textuales sin comillas, de las carencias más básicas en el uso de las referencias bibliográficas (falta de uniformidad, aleatoria referencia a páginas, editoriales, ciudades de edición, etc.), el tipo de documentación citada en la tesis carece de la calidad propia de una buena investigación doctoral (no hay ni aproximación a un análisis profundo de estudios e investigaciones en los distintos campos que trata, más allá de un puñado de obras de referencia básicas –nada que ver con la extensa y necesaria revisión de artículos académicos propia de estos trabajos-, y, eso sí, una intensa utilización de documentos e informes oficiales que, como ha dicho el antiguo ministro Miguel Sebastián, todos ellos son de dominio público… o no). Pero claro, sólo con esos mimbres la base documental de una tesis puede parecer pobre, y es ahí donde habitualmente aparece la tentación de añadir esos elementos de multilingüismo y erudición que, cuando se tiene poco tiempo, acaban aportándose con la muy mala práctica académica de citar de “segunda mano” –de apropiarse de las lecturas de otros, como si fueran propias-, añadiendo autores que dan color y empaque a los textos. Es la hora del trampeo, de la picaresca que es necesaria para construir un trabajo doctoral en los poco más de doce meses que van desde el tuit “Tengo que escribir unas notas sobre diplomacia Economica, alguien puede aconsejarme literatura Economica para leer?” (sept. 2011) hasta el supuesto –en condiciones normales- depósito de la tesis un par de meses antes (sept./oct. 2012) de la defensa (nov. 2012).

Me temo que en Innovaciones de la diplomacia económica española hay varios casos de esa práctica tramposa y picaresca, con la que con facilidad se llega a obtener un trabajo más o menos rico en fuentes y citas (la tesis tiene 424 citas y 158 referencias en sus 17 hojas de bibliografía). Ya lo delataba simbólicamente el “Voir (ver) M. Granovetter” de Arcadi Espada, pero los ejemplos se multiplican sin límite. Todos ellos muestran un patrón de comportamiento claro y sencillo: en la parte teórica, sobre algunos de los temas o subtemas abordados, se trata de apoyarse en la lectura de una o de unas pocas fuentes (más rápido y mejor si son en castellano), para extraer de ellas, según convenga, citas y referencias a otras fuentes (mejor si son extranjeras), como si uno las hubiese consultado. Esta parte teórica o doctrinal es la que menos se ha analizado y en la que más en evidencia queda –ya que las partes “aplicadas” de la tesis sólo reproducen informes y documentación administrativos de nula originalidad y valor científico- el sinsentido investigador y el cúmulo de malas prácticas de este trabajo doctoral.

Empecemos por dos ejemplos de esas malas prácticas: uno, en un idioma que el doctorando dominaba (el inglés), y otro, en un idioma del que no se tiene noticia de tal dominio (el alemán).

El ejemplo inglés

En un momento de la tesis, al hablar de la marca país y la estrategia marca país (9.4.1.), Pedro Sánchez escribe:

                “La marca se convierte en un elemento clave de la mayor competitividad de empresas y países. Para Van Ham Peter (2001) la marca es un factor definitorio de competitividad, que sitúa a todas las instituciones y empresas en el escenario de las relaciones económicas internacionales; y en las que los Estados no sólo competirán entre ellos, sino que también “lo harán con otros entes subestatales, empresas y el tercer sector a nivel global”380. De igual opinión es Cerviño (2005) para quien la marca, como máximo exponente del capital comercial del agente económico, sea empresa o Estado, es “una variable estratégica de creciente importancia dentro de las decisiones, políticas y estratégicas de internacionalización empresarial”, cuestión que puede perfectamente trasladarse al Estado”.

La referencia a Van Ham (380), en la nota a pie que acompaña a ese párrafo, es la siguiente:

380 Van Ham Peter (2001): The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation, pps. 2-6. http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2

Más allá de que no sepamos en qué página de la obra de van Ham está esa cita textual, lo cierto es que la referencia de Sánchez a la idea de van Ham es casi calcada –aunque con una mala traducción, nada literal ¿e interesada?- a la que escriben dos autores españoles, Iglesias y Molina en “Iglesias Onofrio, M y Molina Rabadán, D. (2008): “La Estrategia Marca País en la sociedad informacional”. Historia Actual Online” (así está citado este texto en la bibliografía final de Sánchez, a falta de algunos datos fundamentales que habría que haber añadido: “HAOL, Núm. 16 (Primavera) 109-126”. Pero dejándonos de “pequeñeces”, vayamos al texto de Iglesias y Molina que cita a van Ham:

Peter van Ham, en su artículo “El ascenso del estado-marca”, señala que la globalización y la revolución mediática han provocado que cada Estado sea más consciente de sí mismo, de su imagen, de su reputación de su actitud, resumiendo, de su marca. Esto conlleva un cambio en los paradigmas políticos, un paso desde el mundo moderno de la geopolítica y el poder hacia el mundo posmoderno de las imágenes y la influencia. “[…] Brand states will compete not only among themselves but also with superbrands such as the EU, CNN, Microsoft, and the Roman Catholic Church (boasting the oldest and most recognized logo in the world, the crucifix). In this crowded arena, states that lack relevant brand equity will not survive”5.

Sin comentar el hecho de que Sánchez sustituya a la EU, CNN, Microsoft y Roman Catholic Church por “entes subestatales, empresas y el tercer sector a nivel global” (a los que nunca hace referencia van Ham –basta con leer su trabajo en: https://www.researchgate.net/publication/266866125_The_Rise_of_the_Brand_State_The_Postmodern_Politics_of_Image_and_Reputation), está claro que el autor no ha consultado ese texto –aunque diga que sí en la cita-, sino que lo ha traído de “segunda mano” de la obra de Iglesias y Molina. Tan es así, que la referencia final de Sánchez es, también, calcada a la de esos autores:

(Sánchez) Van Ham Peter (2001): “The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation”. Foreign Affair, LXXX-5 (septiembre-octubre 2001). 2-6. Disponible en http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2

(Iglesias y Molina) Van Ham Peter, “The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation”. Foreign Affairs, LXXX-5 (septiembre-octubre 2001), 2-6. También está disponible desde Internet en: <http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2&gt;.

Sólo hay una pequeña adaptación al modo de citar más o menos habitual (que no homogéneo) que utiliza Sánchez. Eso sí, con dos errores: En la de Sánchez se ha engullido una “s” en Foreign Affairs, y a la hora de arreglar la cita se ha olvidado (al corregir el paste) que en la de Iglesias y Osorio el año 2001 ya se incluía al final.

El ejemplo alemán

En el apartado 5.5. de la tesis, titulado “Caso práctico (II): El Día Europeo del Deporte, Diputación de Barcelona”, el autor de la tesis, al hablar de la importancia de las actividades deportivas y su relación con la diplomacia económica, hace referencia a una obra en alemán (Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa). Ya se sabe que alguna cita en un idioma tan minoritario como noble siempre viene bien y viste mucho. La cita es la siguiente:

                En cifras, según un informe presentado en 2006 durante la Presidencia Austriaca de la UE, el Valor Añadido del deporte europeo supuso 407 billones de euros (2004), un 3,7% del PIB europeo, empleando a 15 millones de personas (el 5,4% de la fuerza laboral europea)209.

La referencia 209, de donde se supone que se ha traducido ese párrafo, es:

209 D. Dimitrov/C. Helmenstein/A. Kleissner/B. Moser/J. Schindler (2006): Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa.

Por supuesto, tampoco hay página de referencia del párrafo, ni nada que se le parezca. Sánchez no ha consultado esa obra, sino que simplemente ha reproducido de forma literal (sin decirlo), un párrafo de un texto en castellano que sí ha debido consultar, y que está citado en la página anterior, por otro motivo (El Libro Blanco del –mejor sobre– el Deporte, 2007), que en su página 12 dice así:

Un estudio presentado durante la Presidencia de Austria en 2006 sugería que, en 2004, el deporte, en un sentido amplio, generó un valor añadido de cuatrocientos siete mil millones de euros, es decir, el 3,7 % del PIB de la UE, y dio trabajo a quince millones de personas, es decir, el 5,4 % de la mano de obra6

Por supuesto, la nota al pie era la que Sánchez también reproducía, en este caso, además, sin ni siquiera adaptar a su estilo más o menos homogéneo de citas la utilización de las barras entre autor y autor:

  1. D. Dimitrov / C. Helmenstein / A. Kleissner / B. Moser / J. Schindler: Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa, Studie im Auftrag des Bundeskanzleramts, Sektion Sport, Viena, 2006.

Obviamente, esta referencia completa es la que aparece también literalmente en la bibliografía final de Sánchez (aunque comiéndose la D. de Dimitrov, y sustituyendo Viena por Wien…):

Dimitrov/C. Helmenstein/A. Kleissner/B. Moser/J. Schindler (2006): Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa, Studie im Auftrag des Bundeskanzleramts, Sektion Sport, Wien.

Lo mejor de este caso es que más allá de que Sánchez hubiera cogido la referencia de este texto del Libro Blanco (o incluso de otros textos que me temo que hicieron lo mismo con esta obra alemana: no es difícil encontrarlos en la red), el ejemplo muestra uno de los problemas más graves de ese “citar de segunda mano”, que es tan perverso, poco profesional y menos científico. El texto original es público y se puede consultar fácilmente (https://www.sportministerium.at/files/doc/Studien/Makro effektedesSportsinEU_Finalkorrektur.pdf),  e incluso si uno no sabe alemán, se da cuenta de que todos los datos y el estudio completo hacen referencia al año 2003, y no al 2004, como se dice en el Libro Blanco, en la tesis de Sánchez y en otros textos que lo citan de “segunda mano”. Es obvio que alguna vez alguien debió consultar el informe y se equivocó en ese dato, y se ha repetido después en múltiples ocasiones erróneamente (es lo que tiene la “cita de segunda, tercera, o cuarta mano”…).

Los cambios en la forma de citar, la aparición o no en la bibliografía final de las referencias completas de los autores que se citan en el texto, la utilización repetida de la idea de un autor –casi siempre la misma idea-, etc., etc., son indicios que delatan muchas otras actuaciones de este tipo. Algunas, clamorosas.

Los ejemplos “holandeses”

Una de las fuentes más importantes de la tesis de Sánchez son algunos artículos publicados entre 2006 y 2008 por el Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’. Hay más de una decena de citas a trabajos de ese Instituto, y por ello, parece que el autor de la tesis sí consultó esos trabajos (o al menos, algunos de ellos). Ahora bien, cada uno de los artículos consultados servía para citar de “segunda mano” a dos o tres autores más incluidos en ellos, cuyas obras Sánchez no consultaba, aunque las citara como si lo hubiera hecho. Sirvan dos casos como ejemplo.

El primero tiene que ver con un artículo publicado en una publicación del Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’ firmada por Pluijm (y Jan Melissen, aunque en la tesis no se cite su coautoría). Sánchez escribe en la página 61 de la tesis:

“El activismo internacional de las regiones puede provocar efectos positivos, toda vez que la acción exterior de las CC.AA, puede complementar la estrategia internacional de los Estados137; pero también fricciones. Así, el que el responsable último en el cumplimiento de un acuerdo internacional (o europeo) sea diferente al encargado de su implementación provoca tensiones, como por ejemplo, en el caso del cumplimiento de los compromisos de estabilidad presupuestaria derivados del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. A ello volveremos a lo largo del presente capítulo. De igual forma, la cooperación competitiva entre el Estado Nación y el ente subnacional, en este caso las CC.AA puede degenerar en una acción diplomática disfuncional incurriendo en costos económicos por el ejercicio de una doble actividad internacional innecesaria. A mayor abundamiento, en un entorno en el que los asuntos a tratar son cada vez más (inter)domésticos que propiamente domésticos o internacionales, la acción exterior del Estado y las CC.AA puede derivar en interferencias competenciales138.

En ese párrafo hay dos citas, a un trabajo de Wang (137 Wang, J. (2005): Localising public diplomacy: The role of sub-national actors in nation branding, p. 34) y otra al artículo de Pluijm en la revista de Clingendael (138 Pluijm van der, R. (2007): City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics, p.27). Por otros datos de la tesis (varias citas a otras ideas del trabajo de Pluijm), el autor ha leído el segundo de los textos, pero no el primero. De hecho, la referencia a Wang que hace Sánchez, que es exactamente la que Pluijm utiliza en su trabajo, citando bien la página 34 del original, es utilizada por Sánchez, de “segunda mano”, dos veces en la tesis: en la página 61 y en la 139.

Por supuesto, la cita en la bibliografía final a la obra tomada de “segunda mano” es también de “segunda división” académica:

Wang, J. (2005): “Localising public diplomacy: The role of sub-national actors in nation branding”. Vol.2, Place Branding. (sin número de ejemplar, y sin páginas de referencia)

El segundo ejemplo de la intensa utilización de los trabajos del Netherlands Institute of International Relations tiene que ver con un artículo de Szondi. Cuando en la página 282 de la tesis Pedro Sánchez explica distintas definiciones de Marca País, escribe en un párrafo lo siguiente:

“Szondi (2008) apunta que el término Marca País adquirió relevancia a partir de 1996, gracias a las aportaciones de Simon Anholt385. Desde el punto de vista teórico la Marca País, aún siendo una subdisciplina del marketing, se ha nutrido de aportaciones provenientes de otras tales como la política, cultura, sociología y la aproximación histórica al término de la identidad nacional386. Para Fan, Y. (2006) la MP resulta de la aplicación de técnicas de branding y marketing a la promoción de la imagen de un país387. Para Gudjonsson (2005) la MP usa las herramientas del branding para alterar y cambiar la actitud, el comportamiento y la identidad o imagen del país en cuestión hacia parámetros más positivos”388.

Las notas que acompañan al párrafo son las siguientes:

385 Anholt, S. y Hildreth, J. (2004): The Mother of all Brands.

386 Szondi, G. (2008): Public Diplomacy and Nation Branding: Conceptual Similarities and Differences, pps.1-52.

387 Fan, Y. (2006): Nation branding: what is being branded?, pps. 5-14

388 Gudjonsson, H. (2005): Nation Branding, pps. 283-298.

Sin duda, la única obra consultada por el autor de la tesis ha sido la de Szondi, ya que este autor, en su artículo, también en un mismo párrafo, destaca exactamente las dos definiciones que traduce Sánchez. El párrafo de la obra de Szondi, en las páginas 4 y 5 de su artículo (véase: http://www.kamudiplomasisi.org/pdf/nationbranding.pdf) entrecomilla adecuadamente las definiciones literales y las cita por la página en la que aparecen (Fan, 2006, 6) y (Gudjonsson, 2005, 285). Por supuesto, el texto de Sánchez no tiene en cuenta ni siquiera ese rigor de localizar en una página concreta tales definiciones “robadas”.

La tercera cita del párrafo que merece comentario –la primera, en orden de cita de Sánchez- es la referencia a los trabajos de Anholt y Hildreth. Szondi (el único texto consultado por el autor de la tesis) desgrana numerosas ideas de las obras de Anholt, entre ellas su famoso modelo de las seis dimensiones de un país en el exterior. Si Sánchez hubiese consultado esta obra, la citaría de “primera mano”, y no a través de otros autores como Szondi… o Javier Noya. Y es que en la página 283, Sánchez escribe:

“Javier Noya (2005) describe las seis dimensiones que, para Anholt, configuran en forma de hexágono la percepción de un país en el exterior392.”

La nota a pie de página dice así:

392 Las definiciones literales de las variables del hexágono son las expuestas en el trabajo de Noya, J. (2005): El final del espejismo: un análisis de los últimos datos sobre la imagen de España, pps.1-11.

Es otra buena muestra de “vagancia” investigadora. Y por si no estaba claro que Anholt no estuvo entre las lecturas del doctorando, en la bibliografía final ni siquiera aparece mencionado (a pesar de que en el cuerpo de la tesis se le he citado tres veces).

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Pedro Sánchez, durante una entrevista para la Cadena Ser.

Los líos de los capítulos y libros

Uno de los casos más interesantes de las citas de autores que con toda seguridad no se han consultado al realizar la tesis es el de los trabajos de Duchacek y Soldatos. En este caso, todo conduce a pensar que estos autores son citados de “segunda mano” a través del trabajo de Cornago, autor que aparece citado una veintena de veces en la memoria doctoral. El trabajo de Cornago es el citado por Sánchez como: Cornago, N. (2010): “On the normalization of Sub-State Diplomacy”, pps. 11-36, The Hague Journal of Diplomacy, La Haya. (De hecho, la cita bien hecha debería decir: Cornago, N. (2010): “On the normalization of Sub-State Diplomacy”, The Hague Journal of Diplomacy, 5 (1), pps. 11-36).

Aunque se pueden encontrar otros momentos de la tesis en los que las citas a estos autores, Duchacek y Soldatos, replican con exactitud la forma en que son tratados en el texto de Cornago, quizá el más claro de ellos es en la página 41, cuando el autor de la tesis escribe:

“Duchacek y Soldatos (1990), Aldecoa y Keating (1999) han calificado la acción exterior de los entes territoriales como “paradiplomacia”, esto es, el conjunto de acciones emprendidas por los entes subnacionales en el terreno de las relaciones internacionales46”.

Y la cita correspondiente es:

46 Duchacek, I. (1990): Perforated Sovereignties: Towards a Typology of New Actors in International Relations, pps.1-33.

La cita está mal, ya que Duchacek y Soldatos no son autores de ninguna obra conjunta, sino que cada uno escribe un capítulo de la obra: Michelmann, Hans J. and Panayotis Soldatos (eds) (1990) Federalism and International Relations: The Role of Subnational Units (Oxford: Clarendon Press). Sin embargo, esa misma forma “conjunta” de citar es la que utiliza Cornago en un texto no citado en la tesis (Cornago,N. (2010) “La descentralización como elemento de innovación diplomatica: aproximación a sus causas estructurales y lógicas de acción”, Maira, L. (Ed.) La política internacional subnacional en América Latina, Buenos Aires, El Zorzal, pp. 107-134), donde escribe:

“Siguiendo el trabajo pionero en este campo de autores como Duchacek y Soldatos (1990) este fenómeno ha sido frecuentemente caracterizado como paradiplomacia. (…) A los efectos del presente trabajo puede no obstante ser definida como la participación de los gobiernos no centrales en las relacionaes internacionales”.

En las citas a estos autores en el cuerpo de la tesis se ve claramente que se trabajan “de oídas”, ya que, por ejemplo (véase en la página 57, Notas 82 y 83) se dice que el texto de Duchacek va de la página 1 a 33, y el de Soldatos de la 20 a la 60. Obviamente, siendo dos capítulos en un mismo libro, el solapamiento de la 20 a la 33 es imposible. ¡Oh no!…, el autor dos páginas después (página 59, Nota 93, dice que el texto de Duchacek, el mismo citado antes, va de la 50 a la 57). La realidad es que el primero va de la 1 a la 33, y el segundo de la 34 a 45, lo que parece más razonable (y sobre todo, posible).

Las citas a los capítulos de Duchacek y Soldatos en la bibliografía final –una con referencia más completa al libro al que pertenecen, y otra más descuidada (como se puede ver más abajo)-, dejan constancia de que el autor de la tesis no las ha manejado de primera mano, ya que en ese caso no habría olvidado citar, en esa misma bibliografía final, la obra completa a la que pertenecen (Michelmann, Hans J. and Panayotis Soldatos (eds) (1990) Federalism and International Relations: The Role of Subnational Units (Oxford: Clarendon Press).

Duchacek (1990): ”Perforated Sovereignties: Towards a Typology of New Actors in International Relations”, Federalism and International Relations, Michelmann and Soldatos, eds. Clarendon Press, Oxford.

Soldatos, P. (1990): “An Explanatory Framework for the Study of Federal States as Foreign-policy Actors”. Federalism and International Relations, Michelmann and Soldatos, eds.

De hecho, tampoco está muy claro si Sánchez ha utilizado más obras de Cornago, además de la que cita todo el tiempo en la tesis. En un momento de la tesis se dice (pág. 67): “Sin ánimo, insistimos, de hacer una investigación profunda sobre la diplomática de las regiones, señalaremos a continuación (ver Cuadro 3) las principales acciones desarrolladas por estos entes subnacionales. Para ello, utilizaremos como principal referencia los trabajos desarrollados por Cornago (2000 y 2010) partiendo del concepto de normalización, antes referido, y con el cual el autor califica la acción exterior de las regiones en las Relaciones Internacionales. También, será referencia la investigación de Colino (2007)”. Pues bien, el “Cornago (2000)” no aparece más en la tesis, ni tampoco en la bibliografía final, y la verdad es que nos quedamos sin saber a qué texto de Cornago se refiere esa cita.

Por último, y ante esas dudas sobre los textos de Cornago realmente utilizados, es más que probable que su (o sus obras) sean también fuente original de otras citas que se hacen en la tesis a trabajos como los de Aldecoa y Keating (1999) o Zhimin (2005), por ejemplo.

 “The New Economic Diplomacy”

Un caso parecido, aunque distinto, al anterior, es la utilización de la obra de Bayne y Woolcok (2011) The New Economic Diplomacy. A tenor del número de citas que se hacen en la tesis de este libro (12 citas), no cabe duda que Pedro Sánchez lo manejó. Más allá de que también es muy posible que de ese texto se deriven algunas citas de segunda mano -Odell (2000) y Putman, en Sánchez (Putnam, en la realidad) (1988)-, llama la atención el poco rigor que muestra el autor al referirse a los verdaderos trabajos que utiliza de ese libro. Ese es un libro colectivo editado por Bayne y Woolcock, pero con capítulos de muchos autores. De hecho, teniendo en cuenta las páginas que cita del libro, parece que el autor de la tesis sólo se refiere a ideas de los dos primeros capítulos del libro (Nicholas Bayne and Stephen Woolcock, “What is Economic Diplomacy?” y Stephen Woolcock, “Factors Shaping Economic Diplomacy: An Analytical Toolkit”). Sólo uno de esos capítulos, el primero, es citado en una ocasión en el cuerpo del texto (pág. 48); en todas las demás hay referencias genéricas al libro, no a cada uno de estos dos trabajos, al que correspondiera la cita en cada caso.

Obviamente, tampoco en la bibliografía final constan esos dos capítulos específicos (unas 40 páginas de un libro de casi 400), que el lector tiene derecho a conocer. Ah!, y a lo largo de toda la tesis rebautiza al Stephen Woolcock: más o menos la mitad de las citas es “Woolcock” (su apellido original) y la otra mitad “Woolcok” (sin esa c antes de la k, que no sirve de nada en spanglish). Y tampoco es que dé mucha importancia al orden de los autores, que realmente es Bayne y Woolcok (2011): Sánchez a veces utiliza Woolco(c)k y Bayne (2011) y otras Bayne y Woolco(c)k (2011)…, “tanto monta, monta tanto”.

Citando abstracts

De las muchas irregularidades que se pueden encontrar analizando el uso de las fuentes por parte de Pedro Sánchez, un ejemplo interesante es una cita al trabajo de Asquer (Asquer, A. (2012): What is Corporate Diplomacy?”. http://ssrn.com/abstract=2009812), en la página 273 de la tesis. Pedro Sánchez escribe:

“Asquer (2012) plantea diferentes acciones que englobarían la diplomacia corporativa369: lógicamente, su principal objetivo sería la consecución de ganancias y ventajas empresariales para la compañía; pero también, la DC trataría de establecer condiciones favorables para el desempeño empresarial. Así, dependiendo de las circunstancias, las empresas tratarán de persuadir a los Estados y organismos reguladores para aprobar friendly-rules mientras que, en situaciones ya consolidadas, tratarán de entorpecer cualquier cambio legislativo que provoque cambios en el status quo del mercado en el que operan. Finalmente, la salvaguarda de la reputación de la empresa, prevenir conflictos y crear y ampliar las oportunidades de negocio estarían, a ojos de este autor, dentro del ámbito de acción de la DC”.

La cita de referencia es la siguiente:

369 Asquer, A. (2012): What is Corporate Diplomacy?”. http://ssrn.com/abstract=2009812.

Como se puede observar, se cita el “abstract” del trabajo (véase el enlace en Internet), y no la obra completa. De hecho, el texto original completo prácticamente no habla de lo que dice la tesis que habla, sino de cuestiones conceptuales, desde una perspectiva cognitiva-lingüística, tal y como se explica en su interior, al hablar del objetivo del estudio:

“This study aims to analyze the concept of corporate diplomacy, that is, the organizational behavior aimed at implementing favorable conditions for carrying out corporate activities. By following a cognitive-linguistic approach, the analysis outlines the meaning of corporate diplomacy along various dimensions, and in relation to other ‘bordering’ concepts such as diplomacy, economic or commercial diplomacy, negotiation, and public relations”.

Así pues, es una verdadera incógnita saber de dónde ha surgido el párrafo de explicación de la obra de Asquer, a no ser que a partir de la lectura del abstract se hayan generalizado algunas ideas de sentido común sobre la diplomacia corporativa, que son las que se vierten en esas líneas.

Citando trabajos de alumnos…, eso sí, de alumnos de Columbia!

En la página 23, cuando el autor de la tesis está hablando sobre la diplomacia económica e distintos países, escribe:

“Del estudio de las estrategias de diplomacia económica realizadas por los países destacan el proyecto de investigación, recientemente publicado, por la Universidad de Columbia (2012) con el nombre de “Exploring Public and Economic Diplomacy” en el que se analizan las acciones que sobre la materia se han puesto en marcha por los Gobiernos de Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido, Brasil, Rusia y Turquía”.

No es fácil encontrar la referencia a esa investigación de Columbia en la bibliografía, ya que no se cita por “Universidad de Columbia (2012)”, sino que hay que deducir cuál es el origen de ese trabajo. Cuando uno lo encuentra, ve que la cita al estudio es un tanto extraña (sin siquiera contener el título del supuesto proyecto de investigación). La cita en la bibliografía final es:

-Final Report SIPA Capstone Project (2012). Team: Borchmeyer, S.; El- Rayess S.; Gibson, A.; Kalms, D. Lee, T. O’Brien G.; Ritchie, K.; Tobias, S. bajo la supervisión de Christopher J. Loso de la School of International and Public Affairs, Columbia University. Capstone Project Final Report- Spring 2012.

Pues bien, esa supuesta investigación es un trabajo de un curso de posgrado hecho por alumnos (véase lo de “Team”), en un programa de la School of International & Public Affairs (SIPA) de la Universidad de Columbia. Utilizar ese tipo de documento –un trabajo de alumnos- para referenciarlo como “fuente” de autoridad, nada menos que para ofrecer un repaso a la acción de la diplomacia económica en Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido, Brasil, Rusia y Turquía, es totalmente inaceptable en una memoria de investigación.

Los bailes de fechas!

En los trabajos académicos de Sánchez en torno a la diplomacia económica, publicados antes y después de la tesis, hay citas que divergen con las de la tesis, aun cuando los contenidos son los mismos. Un buen caso es el del trabajo “AZUELOS, M., “Les évolutions de la diplomatie économique américaine”, en L’age d’or de la Diplomatie Économique. Géoeconomie, París 2010, pp. 2-19. En todos esos trabajos, esa es la cita que se utiliza, a pesar de que en la tesis todo el rato se alude a la fecha de edición como 2011, y también en la bibliografía final: Azuelos, M. (2011): “Les évolutions de la diplomatie économique américaine”, pps.2-19, Géoéconomie, Paris. Lo mejor del caso es que ninguna está bien, que el trabajo está en el número de Géoeconomie de “Hivier (invierno) 2010-2011”. Obviamente, si los trabajos se consultan y se citan bien, se evitan este tipo de errores.

Estos bailes de fechas, frutos del descuido y la poca atención –o peor, de que no se han manejado esas obras de primera mano-, son habituales en la tesis. Por ejemplo, cabe preguntarse por qué la obra de Bergeijk y Moons (“Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”) se cita en toda la tesis como Bergeijk y Moons (2010), y en la bibliografía la cita es: Bergeijk van Peter A.G. y Moons J.V. Selwyn. (2011): “Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”. La obra es de 2011, no de 2010.

Los bailes de fechas pueden ser causados por simples descuidos, pero también se pueden originar cuando un autor no usa fuentes originales, sino que “pica” de textos de autores de diversos lugares, y en esos lugares hay referencias o citas discordantes.

Las misteriosas referencias incompletas y las citas no referenciadas

La bibliografía de la tesis es un monumento al despropósito, tanto en el fondo como en la forma. Centrándonos sólo en esos aspectos formales –y más allá de la absoluta falta de rigor en la adopción de algún sistema de citas conocido: APA, Harvard, Sage…-, hay bastantes referencias que misteriosamente están incompletas, “a medio hacer”. No sabemos si los textos referenciados son libros, capítulos, artículos, documentos online.., y tampoco datos básicos sobre su procedencia, páginas, etc. Véanse las siguientes:

(Referencia en la tesis) Bergeijk van Peter A.G. y Moons J.V. Selwyn. (2011): “Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”.

(Referencia bien citada) Moons, Selwyn and van Bergeijk, Peter A. G., Does Economic Diplomacy Work? A Meta Analysis on the Effect of Economic Diplomacy on International Economic Flows (August 12, 2011). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=1908699 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.1908699

(Referencia en la tesis) Economía Mundial en Transformación, Edit: Paraninfo.

(Referencia bien citada) Durán Romero, G., García de la Cruz, J.M. y Sánchez Díez, A. (2011). Economía Mundial en Transformación. Edit: Paraninfo: Madrid.

(Referencia en la tesis) Eurosport Health: http://www.eurosporthealth.eu/en/creaciodiaeuropeu _en.asp y http://www.eurosporthealth.eu/en/creaciodiaeuropeu_en.asp

(Referencia bien citada) Imposible saberlo, ya que los enlaces ya no dirigen a ningún documento.

Y hay muchos más del mismo tipo:

Amolo, T. (2009): “Some thoughts on Economic Diplomacy and its impact on International Relations” (¿Nada más?)

Berridge, Geoff R., Alan James (2001): (¿Entrada de los autores?), A dictionary of Diplomacy, Ed. Palgrave Macmillan, Basingstoke, Paris.

Kishan R. (2000): “Diplomacia Interior”. Capítulo 4. y Capítulo 6 (¿Dos capítulos del libro de un mismo autor?). Edit. Manas, Nueva Delhi.

Ögütcü, M Mehmet y Saner, Raymond. Julio de 2008. EurasiaCritic Magazine. (¿Qué es esto, que además no se cita en el cuerpo de la tesis?)

Van Bergeijk Van, Peter A.G., y Moons S. (2011): “Economic Diplomacy and Economic Security”. (¿Nada más?).

Zakaria, F. (1997): “The rise of Illiberal Democracy”. Council on Foreign Relations. (¿Nada más?)

Ante esta falta de pulcritud bibliográfica, solo caben dos posibilidades: o el autor es el colmo del descuido (igual que su director, miembros del tribunal, etc.), o las referencias forman parte de ese gran cúmulo de “lecturas de segunda mano” que acaban siendo citadas también “de oídas”.

La misma causa suele ser habitualmente la responsable de que a veces se citen en el cuerpo de la tesis autores (normalmente pillados al vuelo en otras lecturas) que no aparecen en la bibliografía final. En la tesis hay bastantes, entre otros Abott (2011), MacNaughton (2011), Rivas y Sánchez Díaz (2007), Lecours (2002), citados una vez. Pero hay alguno más llamativo, como Melissen, citado varias veces, que tampoco se recoge en la bibliografía final.

Todo este desorden y caos de citas y referencias se unen a los enormes problemas de identificación de trabajos, autores, etc., que ya se han destacado en otros lugares, por ejemplo con el divertido enredo de las citas a Kishan Rana (véase Jesús Alfaro Águila-Real https://derechomercantilespana.blogspot.com/2018/09/la-tesis-del-doctor-sanchez-esto-va-de.html?spref= tw) o a Tom Amolo (http://blogs.periodistadigital.com/desdeelatlantico.php/2018/09/17/algunos-ejemplos-de-fraude-intelectual-e).

El colmo de la vagancia

Por otros indicios que hay en la tesis (11 referencias a esa obra, sobre temas variados, y reproduciendo algún cuadro literal), parece que el autor de la tesis sí ha manejado la obra Saner, R. y Yiu, L.D.P. (2001): “International Economic Diplomacy: Mutations in Post-Modern Times”, Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’, La Haya. Por eso llama la atención que un momento de la tesis, a la hora de diferenciar la diplomacia económica de otras diplomacias, el autor de la tesis dice, en la Nota 53 (pág. 42), que va a utilizar la traducción que de las ideas de Saner y Yiu hace un autor español, Rebollar (Rebollar G. (2010): Notas sobre diplomacia económica, pps. 25-34). A continuación, toda la página 43 está dedicada a copiar (sin comillas y de forma literal) la traducción que Rebollar hace de los cinco tipos de diplomacia económica explicados por Saner y Yiu.

Aquí el texto de Rebollar, traduciendo y sintetizando a Saner y Yiu:

“En Saner y otros (2001) se aborda la problemática mencionada en el punto anterior y apuntan una clasificación de los diferentes actores de la nueva diplomacia:

– Diplomacia económica: engloba el trabajo de los funcionarios de ministerios sectoriales responsables de organismos multilaterales de economía y comercio, y a los funcionarios que realizan el seguimiento de las políticas económicas y comerciales de otros países.

– Diplomacia comercial: incluye principalmente el trabajo de las oficinas comerciales en el exterior en la promoción de exportaciones y la captación de inversiones extranjeras.

– Diplomacia empresarial: es la actividad de los ejecutivos de las empresas multinacionales en sus relaciones exteriores, tanto en las tareas realizadas en la sede central como en las sucursales en el exterior.

– Diplomacia del negocio: es la parte del trabajo de los ejecutivos de una multinacional que tiene relación con los Gobiernos con el fin de influir sobre una legislación concreta, participar en concursos públicos o realizar campañas de imagen ante los Gobiernos, las ONG u otros medios de opinión.

– Diplomacia de ONG nacional: cuando su papel se extiende fuera del país.

– Diplomacia de ONG multinacional: se trata de redes bien conectadas en los principales países que llegan a ser prescriptores de opinión y a condicionar las políticas de los Gobiernos y de las empresas (por ejemplo, Greenpeace).

A continuación el texto de Sánchez, sin entrecomillar, exponiendo las ideas de Saner y Yu, vía Rebollar (se señalan en negrita las “aportaciones” del autor que tratan de enmascarar la literalidad):

Saner y Yiu (2001)53 diferencian la diplomacia económica del resto de acciones diplomáticas en función de los actores implicados en la misma (…). Así:

– La diplomacia económica: incluye la tarea desempeñada por los funcionarios de los Ministerios encargados de las relaciones con los organismos multilaterales de economía y comercio, y la de los funcionarios que realizan el seguimiento de las políticas económicas y comerciales del país.

– La diplomacia comercial: recogería la labor realizada por las Oficinas Comerciales en el exterior en la promoción de las exportaciones y la captación de inversiones extranjeras.

– La diplomacia corporativa: (es) la actividad de los ejecutivos de las empresas multinacionales encargados de las relaciones externas tanto en la labor que realizan en la sede central como en las oficinas en el exterior.

– La diplomacia de los negocios: (es la parte del trabajo de los ejecutivos de una multinacional que tiene relación con los Gobiernos con el fin de influir sobre una legislación concreta, participar en concursos públicos o realizar campañas de imagen ante los Gobiernos, las ONG u otros medios de opinión) la acción realizada por las empresas ante las Administraciones Públicas y Organismos Internacionales con el fin de influir en legislaciones concretas, concursos públicos, etc.

– La diplomacia de la ONG multinacional y nacional: (se trata de) redes conectadas en distintos países que tratan de condicionar las decisiones de gobiernos, organismos multilaterales o regionales, y de empresas multinacionales.(y de las empresas (por ejemplo, Greenpeace)

Este es un caso que muestra especial “vagancia” y “desidia”, ya que no sólo cita, sino que utiliza como traducción, de “segunda mano”, un texto de terceros sobre un original que el autor de la tesis ha trabajado con toda seguridad directamente en inglés.

Otros deslices… imperdonables en un trabajo doctoral

La tesis está inundada de otros cientos de detalles –y de no tan detalles- que invalidarían cualquier trabajo académico mínimamente presentable. Por supuesto, ya se ha escrito bastante sobre la frase “El presupuesto total de fabricación del A-400M alcanzó los 20 billones de euros”, pero ese “error” no es puntal. En la referencia ya comentada al informe alemán sobre lo que supone el deporte en Europa, y que Sánchez toma de “segunda mano” de Libro Blanco sobre el Deporte 2007, el problema con los “billones” se vuelve a repetir. En el Libro Blanco se hace referencia a esa cifra de esta forma: “generó un valor añadido de cuatrocientos siete mil millones de euros”; en la tesis de Sánchez, parece que se multiplican por mil: “el Valor Añadido del deporte europeo supuso 407 billones de euros” (página 156). Por otra parte, cuando es necesario utilizar el concepto de billón europeo (como en la página 249), el autor no lo hace, y dice: “Con todo, entre 2008 y 2009 se registró una recuperación en el ritmo inversor de los países con PIDM alcanzando valores nunca observados en la última década: 4.494.354,64 millones de euros”. En el apartado 8.4.6. (Las relaciones de inversión entre España y los países PIDM), en el que se interpretan unas Tablas de Ministerio (Tabla 42 en la página 251, y Tabla 43 en la 254), esa confusión se repite de forma sistemática: al comentar los datos en el texto en lugar de hacerlo en “miles”, se hace en “millones” (convirtiendo así las cifras de “miles de millones” en “billones” de euros!!!!). Uno se pregunta si realmente el economista doctor Sánchez, y Presidente del Gobierno de España, sabe realmente qué es un billón (en castellano).

De otro tipo es un “error” menor –pero que es imposible que pase inadvertido a cualquiera que se dedica al mundo de los textos académicos- que se comete en la bibliografía, cuando se subraya, como si fuera el título de un libro (ese es el criterio que más o menos sigue el autor), el nombre de la editorial. Véase en la página 326: Barston, R. (2006): “Modern Diplomacy”. Longman Publishing Group. Londres. Sin duda es una tontería, pero tonterías como ésta muestran a las claras la absoluta falta de cuidado y profesionalidad con la que se hace un trabajo.

El análisis “econotétrico”

Incluso para un no economista como quien escribe estas líneas (pero a quien le guste la estadística y lee los libros de Econometría que estudia su hija en primeros cursos de la carrera de Economía), el análisis empírico que se realiza en la tesis (ya se sabe, correlaciones, regresiones lineales, series temporales, etc.) se podría encuadrar como como un buen ejemplo de “análisis econotétrico”. El análisis de correlaciones que realiza Sánchez (o quien sea) y la regresión lineal (primero múltiple pero fallida, y después ya lineal), ajustada para las “peculiaridades” de que trabaja con series temporales (bueno, miniseries, con N=11, que por cierto, cuyos datos bien se podrían mostrar en una sencilla Tabla), no tiene ni pies ni cabeza, a pesar de la rimbombante utilización del método “Cochrane-Orcutt”. De hecho, la conclusión a la que llega con ese análisis (que, por cierto, uno no sabe muy bien qué pega ese “estudio” en un estudio de las innovaciones en diplomacia económica) es tan simple (y a la vez tan ‘peligrosa’) como la siguiente (página, 259):

“Podemos concluir que el modelo que explica las exportaciones a través de las importaciones es muy bueno”.

No se le ocurre al autor ni siquiera comentar tal conclusión, ni relacionarla con la extensa investigación (de calidad) que existe sobre esa “relación” entre las importaciones y exportaciones. Se queda tan tranquilo sin ni siquiera abordar el discutido asunto de la cointegración de las exportaciones e importaciones a largo plazo, tan común en ese campo.

En torno a esta cuestión (sobre la que prefiero no continuar) deberían decir algo los economistas, sobre todo aquellos que defienden una investigación económica de calidad. Es patético leer lo que se ha escrito sobre la tesis en Nada es Gratis, ese blog de economistas ilustres que desde su torre de marfil hablan una y otra vez de las malas prácticas educativas e investigadoras en nuestro país, que las comparan con sus “experiencias y prestigio internacional”. Con todo ese bagaje, no se les ocurre decir otra cosa que lo siguiente:

“No todos los programas de doctorado tienen como objetivo formar investigadores de primera línea que publiquen en revistas de prestigio académico internacional. Por esta razón muchas de las tesis que se producen en España no aportan realmente novedades científicas, sino que sirven para tener una certificación con valor legal que permite acceder a la docencia universitaria, o dar un cierto empaque a un currículum (por ejemplo el de un político con escasa experiencia fuera de su campo).

(…) Muchos de los expertos que están opinando sobre la tesis de Pedro Sánchez, algunos considerados en los medios de comunicación como verdaderos gurús de la economía, o bien no son doctores en Economía o bien sus tesis tampoco han pasado por el filtro de haber sido publicadas en revistas académicas de prestigio internacional. Creemos que la opinión pública debería ser consciente de ello.

Otros expertos, citados de forma anónima en uno de los muchos artículos cargados de intencionalidad política publicados estos días, pero que supuestamente han pasado el filtro del reconocimiento internacional y que supuestamente han leído la tesis de Pedro Sánchez, ponen en duda la calidad de la tesis dudando de su capacidad de dar lugar a publicaciones de prestigio (que ya sabemos que no lo ha hecho) o de dar acceso a una plaza en un departamento académico de primer nivel (que tampoco), pero olvidan la realidad de la universidad española al no avisar que lo mismo ocurre con muchas otras tesis doctorales”.

Decir que la tesis de Sánchez es “normal” (estadísticamente normal), que es un ejemplo más de la mala calidad de muchas tesis –cuando el análisis “econotétrico” es de aurora boreal-, y además desacreditar a los ‘gurús de la economía’ que no son doctores y la critican –cuando ellos viven en la Web of Science y ni se han debido leer el trabajo-, es todo menos presentable.

Bibliografía 2×1

Saltando de nuevo a temas menos “profundos”, pero que muestran una vez más la dejadez con la que se ha gestionado la tesis del Presidente, queda comentar alguna cosa sobre la bibliografía final. De hecho, las páginas finales de referencia en muchos casos son una buena síntesis del esmero y cuidado –o de la superficialidad y descuido- con el que se ha hecho un trabajo de este tipo. Ya se han comentado algunos temas que afectan a la cita de trabajos, pero este último (la “Bibliografía 2×1”) es más que revelador.

En las páginas finales de referencias hay dos obras que se repiten dos veces. No hay mucho más que decir. He aquí los casos (el primero, un tanto especial, ya que es la obra más citada en la tesis…):

Bayne N. y Woolcock S. (2011): The New Economic Diplomacy. Edit: Ashgate, Burlington. (pagina 326)

Nicholas Bayne y Stephen Woolcock, “The New Economic Diplomacy”. Second Edition, 2011. Global Financial Services, Edit: Ashgate, Burlington. (página 335)

 

Pluijm van der, R. (2007): “City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics”. Netherlands Institute of International Relations. ‘Clingendael’, La Haya.

Van der Pluijm, Rogier.City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics. 2007. Netherlands Institute of International Relations. Clingendael, La Haya.

 

Las consecuencias de los botones que no cazan los programas antiplagio

No merece la pena continuar con más ejemplos el desmadre y la chapuza académica, aunque “haberlos haylos”. No está nada claro que pequeños esfuerzos de análisis como éste, al que tantas veces nos dedicamos en el mundo académico, por el bien de la investigación, del rigor y de la verdad, tengan mucho sentido en el enorme alboroto que se ha generado en torno a la tesis de Sánchez. Tampoco está claro o no si por cuestiones como éstas –y por las muchas otras que han ido apareciendo, unas bien argumentadas, otras menos- un Presidente debe dimitir, debe acudir o no al Congreso de los Diputados, o qué debe hacer. Por supuesto, es bastante ingenuo pensar que los famosos programas antiplagio puedan hacer el trabajo de captar los innumerables problemas de malas praxis, como estos, que hay en las tesis y los trabajos de investigación. Las tesis doctorales son primeros trabajos de aprendices de orfebre, no los primeros martillazos de un herrero en prácticas –con todo el respeto para los herreros, sobre todo para aquellos que no quieren pasar por orfebres cuando no lo son-, y los software de coincidencias se ocupan más de los martillazos que de las filigranas.

El objetivo de este artículo es muy simple: sería una pena, sobre todo para el mundo académico, que todo esto quedara en una anécdota. Dediqué más de cuatro años de mi vida a trabajar de “sol a sol” en mi tesis, con sacrificios enormes para mí y para mi familia,  y aprendí que si queremos ser un país presentable el trabajo bien hecho está lleno de desvelos por cosas tan pequeñas como estos “botones de muestra”, que tan a menudo son pisoteados. Creo que en España hay miles de investigadores y profesores universitarios que, como yo, trabajan apasionadamente por dignificar el mundo académico, por evitar que nuestros colegas en el extranjero vean nuestro  mundo académico como un mundo de pandereta, y que no desean que el ruido, el debate y la confusión que ha generado toda esta polémica se quede sólo en eso. Que el Presidente del Gobierno diga en un programa de televisión en prime time (el programa de Ana Pastor) que su tesis doctoral es una tesis “normal”, no hace ningún favor a la academia y a la investigación de nuestro país; más bien, muestra un gran menosprecio por ellos. Es más, cualquier doctor e investigador “normal” podría preparar casi un curso de Doctorado –o al menos, varias sesiones de un curso- con las malas prácticas de la tesis del Presidente (desde las más nimias, pero importantes, hasta las más graves e inhabilitantes).

Habrá que aprender alguna lección de todo este caso, y la lección no puede ser que en nuestro país da igual que en todos los ámbitos de la vida gobierne el espíritu de la trampa y la picaresca.

 

 

(*) Razones para el anonimato de este trabajo. Hay muchas razones que explican que el autor de este artículo opte por el anonimato, pero tres destacan sobre las demás.

  1. En el mundo académico estamos acostumbrados a que las investigaciones se soporten por sí mismas, por la fuerza de las pruebas y los argumentos que esgrimen, no por su relación con una cierta autoría, que siempre condiciona la interpretación del texto. Por eso existe la blind review (la revisión ciega), que tanto ayudaría en otros ámbitos –también en el periodismo- a trabajar por la búsqueda de la verdad.
  2. Creo que un análisis como éste (sin ni siquiera entrar al fondo del tema de la tesis) sería parte, sólo parte, del estudio que cualquier doctor con un poco de experiencia (como el autor del artículo) haría de los aspectos de los que depende la calidad y la honradez de un trabajo doctoral.
  3. Soy un simple doctor que no anhela notoriedad ni protagonismo, y que desea seguir desarrollando su actividad académica “normal” sin ser objeto de dimes y diretes, y menos aún del dedo acusador de todo un Gobierno de España.

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