El caso Tompkins al desnudo

Kris y Douglas Tompkins (@Tompkins Conservation)
(Publicado en El Diario Austral de Osorno el 08.07.2001)

Howard Hughes fue el rey de los excéntricos. Multimillonario gracias al petróleo, cineasta y pionero de la Aviación, murió desnutrido tras vivir semidesnudo en Nicaragua protegido por una secta protestante. Sarah Bernhard, otra excéntrica, dormía en un ataúd porque quería acostumbrarse a la muerte. Benjamín Franklin disfrutaba de los “baños de aire” colocándose desnudo ante una ventana abierta a la calle. Dalí, Galileo, Newton, Kepler, Einsten fueron otros personajes excéntricos que se anticiparon a su tiempo.

Curiosamente hasta 1984 nadie había estudiado científicamente la personalidad excéntrica. En esa fecha, el doctor David Weeks, especialista en neuropsicología clínica del Royal Hospital of Edinburgh, inició su investigación sobre el tema, la que dio origen a un libro publicado en 1995. Weeks estableció que los excéntricos son inconformistas sociales, dotados de una inteligencia superior, tremendamente creativos, y que gozan de una estupenda salud. Además, suelen ser personas felices.

Douglas Tompkins, sin duda, reúne algunas de las características de la personalidad excéntrica ante los ojos de muchos chilenos. A su pesar, no sólo es excéntrico, sino que además es extranjero, lo cual despierta extrañas vibraciones telúricas en personas aparentemente cultas que se tienen que morder la lengua para que no salgan chorros xenófobos de su boca.

  Desde Europa, donde se gastan ingentes cantidades de dinero para conservar y recuperar un medioambiente sobreexplotado y decadente, las razones que se invocan para rechazar el proyecto de Tompkins parecen increíblemente cortoplacistas y, muchas veces, puramente míticas.

Algunos argumentos que se han tirado en la mesa no resisten el mayor análisis. ¿Tompkins amenaza la seguridad nacional? Y desde cuándo la compra de una propiedad supone que ese terreno deja de estar dentro de los  límites de un  Estado. ¿Tompkins compra mucho? Pues será porque hay alguien que le vende. ¿Presiona a los colonos? No se conoce ninguna sentencia judicial que establezca que ha habido más presión que un buen fajo de billetes. ¿No quiere explotar sus posesiones al modo tradicional y desea despoblar aquello? Pero, ¿no habíamos quedado en que Chile respeta el derecho de propiedad?

Se ha querido crear la impresión de que Tompkins es un hombre fuera de la ley, cuyos designios alcanzan más allá de los límites de sus posesiones. No es verdad, el millonario ecologista está sometido a las mismas leyes que los demás y sus propiedades tienen límites. También se sostiene que su proyecto Pumalín afecta intereses de la nación que estarían por encima del derecho de propiedad, planteamiento que me recuerda los resquicios legales de Novoa Monreal donde siempre cabe la pregunta: ¿Quién y con qué motivaciones determina lo que es un interés superior de la nación?

Lo que ocurre es que Tompkins representa un poder de compra incontrolado por el establishment chileno. Y eso molesta a mucha gente que quisiera ordeñar esa vaca y meterla en su corralito.

Hace pocos días, mi colega Alejandro Guillier sugería en Radio Chilena que sería bueno que alguien diera la cara por las medias verdades que circulan sobre Tompkins para que podamos prestar atención a los cuestionamientos auténticos. Así la opinión pública podría discriminar  la crítica interesada de la que no lo es. No es lo mismo decir histéricamente que Tompkins quiere crear una nueva Colonia Dignidad que revisar, afinar y mejorar un acuerdo entre el millonario y el gobierno chileno para declarar esa zona Santuario de la Naturaleza.

La campaña contra Tompkins ha sido orquestada fundamentalmente por un sector de la DC y a ella se han sumado algunos senadores de RN y la UDI, muchos de ellos con experiencia militar, que en mi opinión se han adherido a las críticas por razones sentimentales, buscando agravios donde no los hay, y sin medir políticamente el asunto.

El empecinamiento de una parte de la DC tiene razones de larga data. Desde que comunicó sus planes al gobierno chileno sobre el proyecto Pumalín, por allá por 1995, Tompkins ha tenido dos enemigos que él minusvaloró: uno es Belisario Velasco, ex subsecretario del Interior del presidente Frei Ruiz-Tagle, y el otro es José Miguel Fritis, el alcalde de Chaitén.

Velasco se ha dedicado a criticar a Tompkins en los medios de comunicación y privadamente. Sin duda, esas críticas, repetidas durante tantos años, han deteriorado la imagen del millonario y sembrado de dudas su proyecto. Este ha sido un error de Tompkins: no gastarse dinero en controlar la dimensión mediática de su presencia en Chile. No tenía que haber ido muy lejos para asesorarse correctamente porque el mismo Belisario Velasco le podía haber sugerido una buena agencia de comunicación e imagen, muy de moda ahora en Chile, a la que él está conectado por lazos familiares. Le habrían hecho un precio al gringo.

En el caso de José Miguel Fritis, desconozco qué agravios le pudo infligir el norteamericano. Por la intensidad de sus denuncias contra Tompkins deberían ser graves, pero con Fritis no hay que llamarse a engaño, es un personaje que se ha movido hábilmente entre la política, la cooperación y el mundo del espionaje. Fritis estuvo, durante el régimen militar, trabajando para la Organización Demócrata Cristiana Internacional (ODCA) en asuntos de cooperación en El Salvador por encargo del canciller venezolano Calvani.

Cuando se restableció la democracia, confesó en un artículo periodístico que había trabajado para la CIA norteamericana, lo cual molestó a muchos de sus amigos, después desapareció unos años y reapareció como alcalde de Chaitén. No sabría decir quién es más excéntrico, si Fritis o Tompkins. Lo que está claro es que Chaitén, Palena y el Pumalín entero es demasiado pequeño para contenerlos a los dos peleándose continuamente.

No sé si Tompkins perseverará en su proyecto o se marchará, cansado de los chilenos recalcitrantes. Para Chile su sensibilidad medioambiental es necesaria. Se levantan muchas críticas sobre su ideología de “ecología profunda”, que es vista como una fe sectaria. Se cuestionan sobre todo sus tesis sobre la sobrepoblación que son agitadas como una herejía sin considerar que las advertencias sobre este fenómeno salen directamente de organismos como la propia ONU.

Mientras Tompkins se mantenga dentro de la legalidad, su proyecto ecológico enriquece al país. No es éste el momento para discutir sobre ecología, sobre sus misteriosas conexiones con el romanticismo alemán (que llevó precisamente a que en Alemania los ecologistas llegaran al poder) y sobre sus posibles excesos. Lo que importa es que el proyecto Pumalín parece interpretar los deseos de muchas personas que desean preservar la naturaleza sin dobles intenciones. Su derecho no es mejor ni peor que otro. Pero como el medioambiente es un bien amenazado, merece la pena ser contemplado con buenas intenciones.

Leía en el diario El Llanquihue unas declaraciones del diputado Sergio Elgueta en las que aseguraba que la llegada de Bush (un no ambientalista) al poder suponía que Tompkins había perdido los apoyos que en EEUU le prestaron Clinton y Gore (muy ambientalistas, al parecer) para ejercer “presiones” (sic) sobre el gobierno chileno.

¿Sabrá el honorable diputado que en su reciente visita a Europa, George Bush jr. recibió más críticas de sus aliados por haber deshauciado el protocolo medioambiental de Kioto que por su escudo antimisiles? ¿Sabrá el honorable diputado que a finales de este mes en Bonn, la Unión Europea ratificará el acuerdo de Kioto y dejará a EEUU convertido en el paria contaminante de la Tierra? ¿Sabrá el honorable diputado que si Chile quiere un acuerdo comercial con esa Unión Europea tendrá que respetar numerosos criterios ambientalistas? ¿Quién pondrá en peligro, entonces, los puestos de trabajo en Chile si ese acuerdo no se concreta? ¿Tompkins o sus adversarios?

En todo caso, la crítica más profunda que he oído contra Tompkins fue la emitida por los diputados DC que han propiciado la comisión de investigación del parque Pumalín. Dice El Mercurio que los diputados criticaron el atuendo descorbatado de Tompkins cuando visitó al presidente Lagos. Que así no se visita al presidente de la República, carajo. Parece que el ex senador Bruno Siebert, a quien le tengo aprecio por lo que ha hecho por nuestra región y por muchas razones más, le hizo innecesariamente el coro a los diputados con una carta al matutino santiaguino.

Una lección queda de todos estos dimes y diretes: ¿Por qué nuestros políticos -sobre todo un sector de la DC- desconfían tanto de que nuestra Constitución y nuestras leyes puedan impedir que un presunto forajido campee a sus anchas? Pareciera que dan por sentado que el poder del dinero está siempre por encima de la ley. ¿Sabrán algo que nosotros no sabemos? Yo, en cambio, los suelo ver acompañados de personajes y amigos que han cometido abusos mucho más graves que cualquiera de los que se pueda imputar a Tompkins. Eso sí, hay que reconocer que van mucho mejor vestidos.

Nota: Douglas Tompkins falleció el 8 de diciembre de 2015 mientras navegaba en kayak en el Lago General Carrera.

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