El retraso de las cuentas públicas: no se podía saber

La ministra de Hacienda y portavoz, Mª Jesús Montero. (B. Puig de la Bellacasa)

El Ejecutivo de Pedro Sánchez tiene un problema de memoria, se le olvida que es un gobierno de coalición. Y eso provoca retrasos injustificados e ineficacia.

La ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, informó el jueves 10 de septiembre de que el calendario de los Presupuestos Generales del Estado “se desplaza un poco” por las negociaciones para conseguir apoyos a unas nuevas cuentas públicas. En realidad, el retraso se debe a las conversaciones que Montero y Nacho Álvarez, el director económico de Podemos, están desarrollando para presentar un anteproyecto en nombre del gobierno.

A Sánchez y a Montero se les había olvidado que integran un gobierno de coalición. Se les olvidó prácticamente todo el mes de julio y el de agosto, en el que se fueron de vacaciones. Sólo se acordaron de ello el lunes 31 de agosto cuando Pablo Iglesias le exigió a Sánchez acordar las cuentas públicas y estar presente en las reuniones con Ciudadanos. Días después de la reunión, Iglesias anunció públicamente que “ese documento lo presentaremos el presidente del Gobierno y yo”.

“La metodología que hemos acordado -anunció Iglesias en esta entrevista– para negociar es hablar primero con los partidos que apoyaron la investidura de este Gobierno, después con quienes se abstuvieron y al final, con quienes votaron que no”.

Montero espera llevar el techo de gasto “a finales de mes”. Para cumplir con el trámite constitucional, el artículo 134.3 de la Constitución establece que “el Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior”. Por lo tanto, el anteproyecto articulado, no el techo de gasto, debería estar ante la cámara antes del 1 de octubre de 2020.

Tres minutos para traicionar al presidente y a sí mismo

Del “de eso no voy a hablar en los medios de comunicación” al “se disculpó y eso lo engrandece”.

Pablo Iglesias durante la entrevista con Angel Barceló.

(Transcripción de un fragmento de la entrevista a Pablo Iglesias hecha por Angels Barceló en la Cadena Ser el 08.09.2020)

AB: (Minuto 11:02) ¿Considera una deslealtad que Pedro Sánchez no le informara de las negociaciones para la fusión de Bankia y Caixabank.

PI: Sobre cuestiones de este tipo no voy a hablar en los medios de comunicación, lo que tenga que decir se lo diré al presidente…

AB: ¿Cuestiones de este tipo que quiere decir? ¿De las cosas que se ocultan?

PI: Sobre las cuestiones que nos puedan molestar, si a mi me molesta algo que ha hecho el presidente yo no voy a comentar eso en un medios de comunicación.

AB: Pero deduzco de eso que le molesta…

PI: Deduzca usted lo que quiera.

AB: Si dice ‘de las cosas que me molestan no voy a hablar en los medios de comunicación’ y no me quiere responder a la pregunta, a usted le molestó que no se lo comentaran…

PI: No voy a contestar esa pregunta por responsabilidad, aunque usted es muy perspicaz y creo que se da cuenta de lo que hay dentro de mi voluntad de no contestar a esa pregunta precisamente por una cuestión de lealtad al presidente del gobierno. Si el presidente del gobierno hace algo que me molesta, se lo digo en privado, no lo comento en los medios de comunicación, lo mismo para el resto de ministros.

(…)

AB: (Minuto 13:31)¿Por qué piensa que el presidente del gobierno no le cuenta lo del rey? ¿Hay una falta de confianza en Ud., en su partido?

PI: Voy a ser reservado sobre eso. Lo he hablado con él, pero no voy a hablar en público de eso por responsabilidad y por lealtad al presidente…

AB: ¿Pero hay un motivo por el que no lo hace?

PI: Insisto, sobre estas cuestiones, por responsabilidad y lealtad al presidente del gobierno cuando se produce una situación así en la que algo que quizá nosotros teníamos que saber no lo hemos sabido cuando lo teníamos que saber, prefiero no hablar de ello en los medios de comunicación y hablarlo en privado con el presidente. (Minuto 14:04) En el caso concreto de la salida, de la huida, del rey emérito tuvimos una discusión fuerte y puedo decir que el presidente se disculpó y eso le engrandece. Que un presidente pida disculpas y te diga ‘esto tenía que habértelo dicho a pesar de que sabía que no ibas a estar de acuerdo conmigo’ creo que habla bien de él.   

El doble lenguaje: reformas no recortes

Una de las primera batallas que perdió el gobierno de Mariano Rajoy ante la opinión pública fue que las reformas se convirtieran en sinónimo de recortes. Ni siquiera la dio ante la que estaba cayendo. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que contribuyeron a generar esa confusión instrumentalizando a las mareas, ahora ven con terror que la gente reconozca sus patrañas cuando se sustancie el verdadero plan de gobierno en los Presupuestos que preparan para 2021.

Este artículo de El País (“Sánchez podrá esquivar los grandes recortes esta legislatura”) es muy revelador sobre lo que quiere transmitir el gobierno y cuáles son sus miedos presentes. Y este párrafo final es significativo:

Como bien ha subrayado Miguel Ángel García, que las revalorizaciones sean más bajas (como iba a ocurrir con la reforma de Rajoy en 2018) o que, en razón del sistema de cálculo las nuevas pensiones sean menos generosas, no serían considerados en la categoría de “recortes” como si lo fueron en el pasado. Puro doble lenguaje.

Tampoco es del todo cierto que Europa no nos pida una reforma de pensiones. La queja europea es muy amplia e implica una revisión de todo el esquema de bienestar español. Pero Bruselas sí viene pidiendo desde 2019 “medidas compensatorias” al abandono de la reforma de Rajoy y más atención a niños y jóvenes en un sistema, como ha dicho el propio Sánchez, “demasiado centrado en los mayores”.

La calidad de nuestros políticos

La razón por la que Merkel ya no apuesta por la austeridad como en 2008 no es que estemos ante una crisis de naturaleza distinta o a sus convicciones: «El presidente subraya que se nota que Merkel ya no se presenta a más elecciones generales», explican fuentes gubernamentales.

Sánchez se olvida de que Merkel ha hecho cosas muy impopulares cuando sí se presentaba a las elecciones. Por ejemplo, defender su decisión de recibir a más de un millón y medio de refugiados. Y lo pagó: hubo un auge de la ultraderecha y su partido perdió 65 escaños en 2017. Pero así es la vida.

En el gobierno hay personas con más preparación intelectual y mejores valores que Sánchez y habrán comprendido que Merkel siempre está jugando un partido a 30 años, más allá de su destino personal. De hecho, su partido, la CDU, sí se presenta a las elecciones y no tiene líder.

Ahora, si la opinión pública debe sacar una conclusión de esta manera de concebir la política expresada por Sánchez, esta es que hay que prohibir que los políticos puedan volver a presentarse a las elecciones.

Así, la posibilidad de que la legítima ambición de poder degenere en corrupción populista queda neutralizada y les obliga a pactos a largo plazo y a crear equipos.

Sobre la tolerancia y la verdad

Sobre la carta del senador Cotton en ‘The New York Times‘:

“Esta noción de que las opiniones contagian y no pueden ser refutadas o discutidas es lo que está detrás de la convicción de una parte importante de los empleados del Times de que la opinión de Cotton no debía ser publicada bajo ningún motivo. Se rompe así con la visión liberal que considera que las ideas deben competir libremente en un foro donde los ciudadanos pueden examinarlas, discutirlas y, finalmente, adoptarlas o rechazarlas”.

“Lo más sorprendente de este episodio no es la rebelión de los redactores, sino la debilidad con que el staff del diario ha defendido los principios básicos de la democracia liberal, publicando notas de arrepentimiento y cortándose las venas en público. Las opiniones de Cotton pueden ser equivocadas, pero son las mismas que consiguieron en 2015 el respaldo de medio millón de votantes, el 56% del electorado de Arkansas”.

John Müller (@cultrun) en El algodón (cotton) no engaña, publicado en El Mercurio de Chile el 07.07.2020.

Sin verdad objetiva no hay democracia:

“Un mundo en el que no hay una verdad objetiva es un mundo en el cual las democracia no pueden triunfar” (“A world in which there is no objective truth is one in which democracies cannot succeed”).

Laura Roseberger y Lindsay Gorman en How Democracies Can Win the Information Contest.

La influencia de las redes sociales en las redacciones:

“Twitter no está en la mancheta de The New York Times, pero ha pasado a ser su jefe de cierre. A medida que la ética y las costumbres de esa plataforma se han convertido en las del periódico, éste se ha ido asemejando cada vez más a una especie de sala de performances. Las historias se eligen para satisfacer a la más restringida de las audiencias en lugar de propiciar que un público curioso se haga una idea de lo que ocurre en el mundo y extraiga sus propias conclusiones”

Sobre el acoso interno:

“No entiendo cómo has permitido que este tipo de comportamiento persista en tu empresa, a la vista del personal y de los lectores del periódico. Y, ciertamente, no acierto a entender cómo tú y otros directivos del Times os habéis mostrado conniventes al tiempo que, en privado, me alababais por mi coraje. Exponerse a escribir desde una óptica centrista en un periódico estadounidense no debería requerir valentía”.

Bari Weiss (@bariweiss) en su Carta de Dimisión de The New York Times.

Las opiniones como propaganda:

“It is now quite common among journalists to think of opinions not as arguments to be advanced, engaged with, and potentially refuted, but as a kind of viral propaganda with the power to convert readers to new holistic outlooks, much like the spread of a religious fervor during a revival”

Damon Linker en When journalists stop believing in debate en The Week.

El estado de anomia se apodera del planeta

Una estación del Metro de Santiago de Chile incendiada en los desórdenes del 18-O de 2019.

(Este artículo se publicó en la revista “Inversión” en el número publicado el 25 de octubre de 2019)

El viernes 18, casi a la misma hora que en Barcelona se registraban los enfrentamientos más duros entre los manifestantes independentistas y los Mossos y la Policía, a 11.200 kilómetros de allí, en Santiago de Chile, sucedía algo similar entre estudiantes movilizados contra la subida del precio del billete de Metro y los Carabineros, la policía militarizada chilena.

Hay quienes ven un paralelismo entre ambas situaciones, la catalana y la chilena, que tendrían un antecedente inmediato en las protestas en Ecuador contra el gobierno de Lenin Moreno por encarecer los combustibles, en el Líbano por la imposición de una tasa gubernamental al servicio de Whatsapp y en las manifestaciones prodemocráticas en Hong Kong o las de los chalecos amarillos en Francia desde comienzos de 2019. También se pueden incluir aquí los movimientos de protesta en Canadá, México, Haití e Irak, o la increíble “liberación” de Ovidio Guzmán, hijo del “Chapo”, en Culiacán (México) tras poner en jaque a todas las fuerzas de seguridad de la ciudad.

El precedente más obvio de todo esto es el estallido de la llamada Primavera Árabe entre 2010 y 2013 que comenzó en Túnez, pasó a Egipto, incendió Libia, Siria, Yemen, Argelia y provocó cambios en Jordania y los emiratos de Omán y Bahrein. En esa oleada de inquietud social también se inscriben las protestas de los indignados en Francia, del 15-M en la Puerta del Sol que dio origen a Podemos, de los universitarios chilenos en 2011 que terminaron formando el izquierdista Frente Amplio, del movimiento “Occupy Wall Street” y hasta las manifestaciones proeuropeas de la Plaza Maidan de Kiev en febrero de 2014. Precisamente con estas últimas se cerró ese ciclo.

Existe evidencia que establece una conexión entre los estallidos de indignación social y otros factores como las sequías. Ya en 1997, el profesor Fekri A. Hassan, del Instituto de Arqueología del University College de Londres, sostenía que había una relación entre la caída del caudal del Nilo y las protestas contra el gobierno centralizado del Egipto Antiguo (2200 AC). En 2015, el científico Richard Seager de Columbia afirmó que una sequía récord entre 2006 y 2010 pudo contribuir al alzamiento contra el gobierno en Siria en 2011. Y en 2017 se publicó un estudio sobre 1.800 episodios de disturbios en África subsahariana registrados en un lapso de 20 años que indicó que la sequía podía ser un poderoso predictor de las protestas ciudadanas.

Se da la circunstancia de que, en estos momentos, la zona central de Chile vive la peor sequía en 60 años con un déficit de precipitaciones del 70%.  

Inspirados en el ‘Black Bloc’

Hay más similitudes entre la protesta catalana y la chilena: en ambas, los manifestantes son mayoritariamente jóvenes, de clase media, jugaron al gato y al ratón con las fuerzas de seguridad en una gran urbe, se coordinaban a través de sus smartphones y de las redes sociales, seguían manuales de guerrilla urbana como el famoso Black Bloc que circula en España (un documento detallado sobre el despliegue y tácticas de las fuerzas de seguridad y cómo contrarrestarlas), mostraron un grado de violencia importante, un sector destacado de la política local les mostró apoyo y, lo más importante, en ambos casos el gobierno parecía estar a ambos lados de la protesta. En el caso catalán, porque el presidente Quim Torra apoya abiertamente a los CDR y al mismo tiempo es el jefe máximo de los Mossos encargados de reprimirlos; en el caso chileno porque Piñera manda en los Carabineros, pero su reacción inicial fue tan débil que no hizo más que alentar los saqueos.

Curiosamente, las dos protestas buscaban no tanto la toma del poder -en Cataluña los independentistas ya lo tienen-, sino la disolución del mismo, la desaparición de la autoridad constituida. Este era el aspecto más desconcertante de la protesta chilena que se justificaba en la pura rabia, pero que no tenía ni una dirección ni un propósito definido.

Pero ahí acaban las similitudes. La protesta chilena ha sido mucho más violenta y destructiva que la catalana. De las 136 estaciones del Metro de Santiago, el segundo más extenso de América Latina después del de México, 80 estaciones fueron atacadas, 9 resultaron totalmente destruidas, 32 destrozadas y 39 dañadas. Los destrozos fueron valorados en 300 millones de dólares. Dos convoyes del Metro totalmente nuevos, cuya reposición tarda dos años, fueron completamente incendiados.

La madrugada del sábado, cuando la policía reconoció ante el presidente Piñera que había sido completamente desbordada, éste decretó el estado de emergencia y militarizó la ciudad de Santiago. Era la primera vez desde el fin de la dictadura del general Pinochet en 1989, que la capital chilena volvía a estar tomada por los soldados y bajo toque de queda. Esto no impidió que los saqueos a supermercados y ataques a instalaciones públicas se extendieran los días siguientes de norte a sur por todo el país.

El fracaso de la policía chilena en el control del orden público es estrepitoso. Se trata de una fuerza formada por unos 58.000 efectivos para un país de 18,7 millones de habitantes. La Policía Nacional española, la principal fuerza de control de orden público, tiene 66.000 miembros para una población de 47 millones. Es verdad que en las áreas rurales opera la Guardia Civil y sus 77.000 miembros, pero la ratio sigue siendo parecida: 1 agente por alrededor de 320 ciudadanos. Sin embargo, la policía chilena se dio por superada, incapaz de evitar los ataques al Metro.

Corrupción y escándalos policiales

Los expertos citan que la capacidad operativa de los Carabineros chilenos está muy menguada. Desde que Piñera fue elegido, a finales de 2017, la policía uniformada ha tenido tres directores generales y sus respectivos altos mandos. La institución reconoció en 2017 un grave caso de corrupción económica interna y sus dos últimos directores han dimitido por diversos escándalos policiales (manipulación de pruebas y el asesinato de un campesino mapuche).

Beatriz Becerra, la ex eurodiputada de UPyD, ha sido la primera en preguntarse si nos estamos moviendo hacia un estado de emergencia global, no por el cambio climático, como ha reclamado la joven Greta Thurnberg y movimientos como Extinction Rebellion, sino por la falta de garantías que supone destrucción de bienes públicos y de la propiedad privada.

“Tanto en Barcelona como en Santiago -escribe Becerra-, se trata de atacar de forma ilegítima el Estado de derecho. Tanto en Chile como en Cataluña, los mecanismos de actuación coordinada estaban listos. La “brisa bolivariana” que el madurismo venezolano se adjudica sigue soplando fuerte en Ecuador, Honduras, Argentina… siempre con la impronta de Rusia y Cuba”.

La eurodiputada española, que ha denunciado incansablemente los atropellos de la dictadura bolivariana en Venezuela, no duda en señalar a Maduro entre los responsables de la ola de agitación en Sudamérica de la misma manera que lo hizo el Tribunal Supremo en el exilio de Venezuela el sábado 19. Ante las acusaciones, el propio Maduro se jactó irónicamente de las protestas en Ecuador y Chile afirmando que “vamos mejor de lo que pensábamos, y todavía lo que falta… No puedo decir más, son secretos de súper bigote”. “Estamos cumpliendo el plan”, lanzó Maduro.

Lo cierto es que Chile y Ecuador han sido dos de los países más duros contra Maduro dentro del Grupo de Lima.

La anomia global

Si el gobierno de Piñera no logra restablecer el orden tendrá que renunciar a la organización de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico APEC que iba a concluir el 16 y 17 de noviembre próximo en Santiago con una reunión de 21 líderes mundiales entre los cuales se contaba con Donald Trump, Xi Jingpin y Vladimir Putin. Piñera había depositado muchas esperanzas en lograr un éxito diplomático en esta reunión después de que la del año pasado fracasara por el enfrentamiento comercial entre EEUU y China.

La que con toda seguridad tendrá que ser cancelada es la Conferencia sobre Cambio Climático de Naciones Unidas COP 25, que debe celebrarse en diciembre. Esta reunión supone la visita a Santiago de 60.000 personas que forman parte de distintas delegaciones que iban a ser trasladadas fundamentalmente en un Metro que resultó gravemente dañado.

En al menos dos conferencias públicas que ha ofrecido en las últimas semanas, Felipe González ha señalado que el principal problema que afecta al orden mundial es la anomia, la falta generalizada de reglas o de respeto a esas reglas cuando existen. El expresidente es una persona muy bien informada y su reflexión abarca tanto la creciente erosión del multilateralismo, por las guerras comerciales desatadas por Donald Trump, como la pérdida de legitimidad de las Naciones Unidas, o los movimientos como el Brexit o el separatismo que sitúan la democracia por encima de todas las demás normas.

El más lúcido de los escritores de la prensa chilena, el abogado y filósofo Carlos Peña, utilizaba el mismo término que González en su columna dominical en el diario El Mercurio donde reflexionaba sobre los episodios de su país: “…En un mundo donde la subjetividad de cada uno es el árbitro final, las reglas escasean. A eso la sociología lo llama anomia. Pero eso que está ocurriendo (y no sólo en el Metro, claro está) no es pura anomia generacional. También hay una cuestión de legitimidad. Todas las sociedades se erigen sobre un principio que las legitima, que hace admisibles las diferencias que en ellas se pueden constatar. Como todas las sociedades tienen desigualdades, la clave para su estabilidad es la forma en que las justifican”.

En el barro disfrutan los cerdos

Pablo Iglesias en la sesión parlamentaria del 27 de mayo de 2020. Foto: Chema Moya/Efe.

“Con las herramientas científicas en la mano, la inmensa mayoría de la población no está por la polarización”, decía el sociólogo Narciso Michavila, presidente de GAD3, en una entrevista con Dieter Brandau el lunes 25 de mayo. “Es verdad que está enfadada, está preocupada, no entiende muchas cosas, pero no cree que sea el momento precisamente de la crispación, el insulto y de las peleas callejeras porque son conscientes de que eso sólo le hace el juego a ciertas élites políticas que viven de ello. La población española en su inmensa mayoría quiere que sus líderes políticos se pongan de acuerdo”.

En febrero pasado, el PP se adelantó a esa demanda popular de una actitud constructiva, ofreciendo pactos a largo plazo al PSOE si apartaba a ERC de sus apoyos parlamentarios. Pero entonces, el rechazo a la polarización aún no había madurado entre la población como lo ha hecho después del largo confinamiento al que hemos estado sometidos desde marzo.

Ahora, el gobierno conoce este fenómeno. Basta ver el tono que usa Pablo Iglesias en el parlamento, varias octavas más bajo que el que emplearía en otras circunstancias. El problema es que el gesto del gobierno no acompaña al contenido. Le pone fichas a la moderación, escenificando pactos con Ciudadanos, pero después cierra acuerdos con Bildu. Y de paso, le tiende celadas al PP, en las que éste cae redondo.

El martes 26, en la rueda de prensa del Consejo de Ministros, la portavoz María Jesús Montero culpó abiertamente al PP, que “ha dimitido de su responsabilidad de preservar la salud de los ciudadanos”, por el pacto alcanzado por los partidos de su gobierno con Bildu. Un reconocimiento insólito: la oposición ha hecho que el gobierno se equivoque.

Al día siguiente, el Partido Popular interpeló en el Congreso al vicepresidente segundo Pablo Iglesias. Ya nadie recuerda el motivo de la interpelación urgente (“para que explique cómo van a influir en la acción de Gobierno los acuerdos políticos con el nacionalismo radical”) porque lo único que quedó de ese debate parlamentario fue el intercambio de acusaciones y adjetivos entre Cayetana Álvarez de Toledo y Pablo Iglesias. Nadie se acordó de que en el barro es donde disfrutan los cerdos, más aún ante un escenario sociológico como el presente.

El resultado es exactamente el buscado por el gobierno: el que polariza y no colabora en la resolución de la crisis es el PP. Lo insólito es que el PP colabore en su estrategia.  

Post scriptum: Ha sido terminar esta nota y llega desde la Comisión de Reconstrucción del Congreso la acusación de Pablo Iglesias a Vox de “querer dar un golpe de Estado”. Por alguna razón, Iglesias se sentía muy seguro tras el rifirrafe del miércoles, y ha derrapado verbalmente, poniéndose a sí mismo en evidencia. Espinosa de los Monteros abandonó la comisión rápidamente y su gesto subraya aún más el error del vicepresidente. Será difícil relegitimar esa comisión parlamentaria si en ella se dedican a esparcir infundios contra los demás partidos.  

Junqueras y Prat en mayo

Oriol Junqueras en el Círculo de Economía celebrado en Sitges en 2016. Foto: Europa Press

En mayo de 2016 se celebró la famosa reunión del Círculo de Economía en Sitges. Estaba en la barra del hotel donde se realizaba con los demás periodistas comentando la actualidad y esperando que llegara Oriol Junqueras, a la sazón vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda de la Generalitat. Yo les preguntaba cómo era Junqueras, porque no lo conocía personalmente. Si conocía y había entrevistado a su antecesor en el cargo, Andreu Mas-Colell, quien siempre me trató con gran deferencia.

Entonces llegó Junqueras, físicamente enorme y con su mirada estrábica. Saludó a los periodistas catalanes, a los que conocía de nombre, y llegó hasta mí y me presenté: “John Müller”, le dije.

-¡Ostras, tú eres Müller, tengo que hablar contigo!- me dijo y me cogió del hombro y me llevó aparte. Los demás periodistas se quedaron atónitos.

Cuando estuvimos solos me dijo: “Sé que eres chileno. ¿Me puedes contar el combate naval de Iquique?”

Estaba muy interesado en la figura de Arturo Prat, el máximo héroe naval chileno, porque la familia de éste es originaria de Santa Coloma de Farnés y el alcalde era de su partido (Esquerra Republicana de Catalunya) y le había invitado al homenaje que la Armada de Chile suele rendir a Prat en ese pueblo cada 21 de mayo.

Estuve 20 minutos contándole la acción naval en la que Prat se inmoló al mando de la corbeta Esmeralda frente al monitor Huáscar del almirante Miguel Grau (otro apellido de origen catalán). Yo veía a los colegas cuchicheando a lo lejos: ¿Qué le estará contando? ¿La próxima emisión de deuda? ¿La declaración de independencia? ¿La situación del déficit?

La conversación acabo porque Junqueras se tuvo que ir a dar su ponencia ante los empresarios y yo volví a la barra con los periodistas.

-¿Que te dijo? ¿Qué te contó?- me preguntaron insistentemente.

-No os puedo decir nada- contesté.

La soledad de Prat

Muerte de Arturo Prat, de Thomas Somerscales.

(Publicado en El Diario Austral de Osorno el 22 de septiembre de 2002)

Sigo la polémica sobre la obra Prat de Manuela Infante y veo que hay tanto ruido y humo que, una vez más, como ya ocurriera el 21 de mayo de 1879, el grueso de la marinería no acompañará al héroe en su incursión sobre la cubierta del Huáscar.

Leo la versión de la obra completa que publicó La Segunda cuyo tamaño no excede al de un sketch y me parece un texto inane. Habría que ver la obra montada para hacer un juicio más certero, pero la primera impresión es que es teatro surrealista bastante menor, sin rozar siquiera la fuerza de autores como Jorge Díaz o Ionesco. Incluso la forma de abordar el dilema del héroe, un tema de gran enjundia para la literatura y que parecía central a la hora de recibir el apoyo del Fondart, es superficial.

Pero la obra, gracias al marketing grandilocuente y patriotero de los almirantes en retiro, se ha convertido en un asunto central del quehacer nacional y ha dado pie a los infaltables descerebrados para que aconsejen con sus métodos mafiosos a Manuela Infante de que es mejor que se retracte de lo hecho. Yo prefiero decirle a la autora que su obra es mala, que el Fondart ha tirado la plata, pero jamás impediría que quién quiera leerla o verla se forme su propio juicio sobre ella que puede contrariar al mío. Y no creo que haya profanado la figura de Prat más de lo que lo hicieron en vida los antecesores de los mismos que ahora se rasgan las vestiduras.

He tenido varias visiones de Prat. La heroica de libro de texto escolar en la infancia. La del dilema ético y moral que se estudia en la universidad. Un tiempo llegué a la conclusión de que con su deber no más cumplió ya que el abordaje de las naves enemigas estaba en los manuales de la guerra naval de la época. Al final he llegado a la conclusión de que Prat era un hombre muy común, porque los héroes no mueren como héroes, sólo los hombres comunes lo hacen.

Hay muchos indicios de que al igual que en la famosa pelea de Lord Cochrane con el almirantazgo británico, Prat no estaba a gusto con los jefazos de la Armada que no reconocían ni sus méritos ni los de su generación. El intransigente almirante Juan Williams Rebolledo no sólo le llamaba “marino-literato”, sino que le negaba los destinos que hacen feliz a un marino. Además, el sueldo era poco y Prat se veía obligado a controlar férreamente los gastos para sacar adelante a su familia.

Williams y su camarilla muy posiblemente recelaban de la decisión de Prat de estudiar derecho (fue el primer marino que obtuvo un título universitario), lo que le abría un mundo de relaciones políticas y sociales muy importantes. Allí hay al menos tres datos que muestran su interés por la política y sus relaciones con ella: la tesis de grado de Prat con sus observaciones a la Ley Electoral de 1874, su asesoría en la redacción de la Ley de Navegación de 1878, y su actuación como espía en Argentina por petición expresa del Gobierno chileno.

Descolgado de la escuadra que ha zarpado al norte, Prat logra meterse como secretario del ministro de Guerra en campaña Rafael Sotomayor -un político- y llega así al escenario bélico, del que había quedado marginado. Allí, a Williams Rebolledo no le queda otra que darle un mando, la Covadonga, el barco más chico de la flota.

No es ninguna locura pensar que de no haber cambiado mucho las cosas en la Armada, Prat hubiera acabado dedicándose al ejercicio de la abogacía e incursionando en política de la mano de los liberales.

¿De dónde venía esta animosidad de los almirantes con Prat? A él le correspondió defender a su amigo Luis Uribe Orrego por los delitos de desobediencia y desacato (se había casado con una viuda en Inglaterra sin el consentimiento de sus jefes). Prat probó que Uribe era inocente demostrando los procedimientos arbitrarios del almirante José Anacleto Goñi Prieto. ¿Qué pensaría el alto mando naval de este abogado listillo que libraba a un simple teniente de la ira de un almirante?.

No era Prat, entonces, la encarnación de rígidos modales militares como los que posteriormente se introducirían en Chile, sino que era bastante “paisano”. Como en las mejores historias, nadie pensaba que allí se ocultaba un héroe.

El combate naval de Iquique fue un enfrentamiento extraño. Nada doctrinal. En sólo 17 años, el período que va de la batalla de Lepanto (1571) a la derrota de la Armada Invencible (1588), la táctica naval sufrió un cambio radical. Mientras en Lepanto se luchó al abordaje, que era la técnica milenaria, la Armada de Felipe II fue liquidada a cañonazos.

Esto estableció una diferencia esencial entre la doctrina naval española y la británica, las dos potencias marítimas más importantes de ese tiempo. Mientras la española mantuvo el concepto de la fortaleza flotante, con tropas embarcadas, armas antipersonales y espolones, los ingleses basaron toda su fuerza en los cañones. Lord Cochrane y su afición por los abordajes y los golpes de mano eran, de hecho, un elemento extraño en la marina británica del siglo XIX.

Prat sabía que la contienda era desigual y así lo dijo a su gente. Lo que no dijo es que la ilusión de la victoria rondó su mente. “Si viene el Huáscar, ¡lo abordo!”, habría dicho la noche anterior. No estaba patrióticamente loco, ése era el único procedimiento posible. Un abordaje masivo habría desencadenado una fenomenal lucha en el barco peruano y allí las posibilidades eran 50/50. Estaba en los manuales.

Estoy convencido de que Prat nunca dudó si saltar o no que es el típico debate popular en Chile. Tampoco creo que hiciera muchas reflexiones morales sobre la vida o la muerte. Saltó profundamente convencido de que era su única posibilidad de vencer.

Al otro lado sólo estaban la muerte o la rendición. Y de hecho la posibilidad de victoria no era banal, aunque hoy parezca increíble. Salvo Aldea y Ugarte, ninguno de los demás chilenos lo siguió. Y esa soledad es la que convirtió en mito su heroísmo, porque a nadie se le oculta que esos marineros despistados o ateridos de miedo que no saltaron somos, en realidad, todos los chilenos de ayer y de siempre. Serrano y doce más lo intentaron arreglar en el segundo espolonazo, pero hacía falta una treintena de hombres para un abordaje con posibilidades de éxito.

Es esta soledad de Prat en el momento clave el que le ha pasado una factura moral al país desde hace decenios y en él se asienta la fuerza popular de su leyenda. Por eso se hacen chistes sobre el abordaje, intentando minimizar la vergüenza que nos produce que le dejáramos casi solo.

Las necesidades de la política y de la guerra crearon una formidable campaña publicitaria en torno a Prat. Lo convirtieron en banderín de enganche de las tropas que luchaban en el norte. Y su poderoso mito, ya domesticado por los grandes intereses y transmutado en leyenda políticamente correcta, comenzó a crecer y a enseñarse en las escuelas y a transformarse en patrimonio de los mismos que antes querían mal a Prat.

Su viuda, en cambio, planteaba en su carta a Miguel Grau, el comandante del Huáscar, que estaba segura que de haber podido, el almirante peruano habría impedido la muerte de Prat y “habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su Patria como desastroso para mi corazón”.

¿Estéril? ¿Habrán acusado de antipatriota a doña Carmela Carvajal? Claro, ella no podía verlo de otra forma, porque el héroe era ese hombre que dormía en su cama y que era el padre de sus hijos. Un hombre común. Porque sólo los hombres comunes son capaces de revestirse de heroísmo.

Mis apuntes de ‘The Crown’, la última coartada de los Windsor

Resulta paradójico que el estreno de la tercera temporada de The Crown -la serie que muestra cómo los Windsor han aprovechado ciertas noticias para tapar aquellas que no les convenían- haya servido para mitigar la separación de la vida pública del príncipe Andrés -tocado por su amistad con Jeffrey Epstein y sus relaciones con una menor de edad- y el “paso atrás” del príncipe Harry y Meghan Markle. Precisamente en el último episodio, Ana, la hermana de Isabel II le dice que va a separarse y que será el primer divorcio desde Enrique VIII. La reina le dice entonces que tiene una buena noticia: “Si lo planeamos bien, el anuncio de tu separación podría amortiguarse con la dimisión del primer ministro”.

Con la excusa de contar la vida de Isabel II, The Crown es una serie que logra rediseñar la imagen de la monarquía británica, convirtiendo sus miserias en dramas humanos y políticos que tienen su eco en la eternidad. Desde The Queen, la relación de la industria audiovisual con la monarquía británica no es inocente. Sus productos han sido fundamentales para recuperar el anclaje popular después de que este tocara fondo en 1992, el año que la propia Isabel II calificó de “annus horribilis”.

En esta temporada, estrenada el 17 de noviembre de 2019, los guionistas se han esforzado por transmitir ideas-fuerza que recopilé en este texto que elaboré nada más ver la serie y que era para mi uso como documentación personal. Alerto a quienes no la hayan visto que aquí quedan al descubierto aspectos de la trama de la obra.

Un último apunte de mi cosecha. El príncipe de Gales se consolida como personaje en esta temporada de la serie. He hablado con una persona que vivió ese momento de la historia y conoció a los personajes de primera mano para disipar algunas dudas. ¿Carlos admiraba tanto a Eduardo VIII como se desprende de la serie? ¿Sentía que su pasión romántica uniría su destino el del ex rey? ¿Vivía atormentado como un príncipe de Shakespeare? La persona a la que pregunté me dijo que la serie, en eso, se toma grandes licencias. “Deja a Carlos como a un tonto”, me dijo. “Él siempre pensó que su tío David (el ex rey Eduardo VIII) era un pobre hombre que había tomado una decisión equivocada”.

Estos son mis apuntes y recortes sobre esta magnífica serie:

Churchill

Desde la primera temporada, la serie ha vinculado la imagen de Isabel II con la de Churchill, uno de los mitos más poderosos del Reino Unido. Sin embargo, en el primer episodio de esta temporada, “el viejo león” está agonizante y la reina lo visita en su lecho de enfermo y eso le da ocasión de preguntarse para darle ánimos: “¿Dónde estaría Gran Bretaña sin su mejor británico?” Pero Churchill se ha dormido. La reina lo besa en la frente y se marcha.

La postverdad

También en el primer episodio, se recrea la historia de Anthony Blunt, el curador de las colecciones reales. Se descubre que ha sido un espía soviético (del famoso Círculo de Cambridge), pero el asunto no se hace público y se maneja discretamente. Felipe de Edimburgo trata de presionar a Blunt para que renuncie, pero este se niega y le recuerda que hay episodios que pueden resultar comprometedores para el príncipe: “Todos nos contamos mil cosas para darle sentido al pasado. Tanto que nuestras invenciones si nos las repetimos lo suficiente, se convierten en verdad. En nuestra mente y en la de los demás. Y créame, me alegra saber que su verdad es la verdad. Es lo mejor para todos”.

No somos iguales

La princesa Margarita ha encandilado al presidente Johnson de EEUU con su estilo desenfadado y plebeyo, y ha logrado desbloquear una importante operación política. Isabel, que ha considerado cambiar el papel constitucional de su hermana para darle más relieve, siente un puntito de envidia: “Margarita fue aquello que le supliqué que no fuera, lo que yo nunca podría ser: instintiva, espontánea, deslumbrante… Yo soy predecible, responsable, fiable. Pero estaría bien ser deslumbrante a veces”.

Entonces Felipe de Edimburgo pronuncia algunas de las mejores líneas de la serie: “El sistema es desigual, injusto y cruel. La ley del primogénito divide y destruye familias. El sistema es horrible. Pero en su crueldad e injusticia refleja algo más que es duro y brutal y que nadie sugiere que cambiemos: la vida. Todos deseamos la igualdad, pero lo cierto es que no nacemos iguales”.

“Siempre ha habido Windsor aburridos y deslumbrantes. Deslumbrantes, brillantes e individualistas. Así Por cada Victoria, tienes un Eduardo VII, por cada Jorge V tienes un príncipe Alberto, por cada Jorge VI tienes un Eduardo VIII, por cada Isabel tienes una Margarita. Habrá tenido éxito, pero no nos engañemos pensando que una diplomacia seria pueda lograrse bebiendo y cantando.  No rescribamos las normas constitucionales porque haya tenido éxito una vez…. Esa mente febril no necesita más ánimos”.

“Todo es política”

En el tercer episodio se cuenta la tragedia de Aberfan, un pueblo minero cuya escuela infantil resulta arrasada por el derrumbe de una montaña de residuos. El primer ministro Wilson viaja al lugar de la tragedia y sus asesores intentan quitarle hierro al asunto:

-Debemos tener cuidado, esto podría ponerse feo muy rápido- dice Wilson.

-Vamos Harold, esto es un accidente provocado por una lluvia sin precedentes. No todo es política.

-Todo es política- sentencia el primer ministro.

“Apenas necesitamos la humanidad”

La reina le explica al primer ministro que no ha sido capaz de emocionarse con la tragedia de Aberfan. Y que tampoco lo hacía cuando visitaba sitios bombardeados durante la II Guerra Mundial. Wilson la tranquiliza: “No podemos contentar a todos y seguir siendo fieles a nosotros mismos. Hacemos lo que debemos como líderes, esa es nuestra labora. Nuestro trabajo es calmar más crisis de las que creamos. Ese es nuestro trabajo y usted lo hace pero que muy bien. En cierto modo su ausencia de emociones es una bendición: nadie quiere ver histeria en una jefa de estado. La verdad es que apenas necesitamos la humanidad”

El misterio de la monarquía

Felipe de Edimburgo pide más recursos para la Casa Real. El gobierno se molesta. Wilson: “La armadura más fuerte en el arsenal de la monarquía es esa sensación de misterio de la que se deriva su aire de majestuosidad. Lo único que inspira asombro en esta pandilla es el tamaño de su hiperinflado egocentrismo”.

Para ganar popularidad, Felipe promueve que la BBC haga un documental sobre la vida cotidiana de la familia real. El experimento sale mal: acaba ridiculizando a sus miembros.

La reina reflexiona con Wilson sobre el asunto:

-La televisión es buena para la gente normal- dice el primer ministro.

-Pero de eso se trataba, que todos vieran que tras las puertas de palacio somos gente normal- replica Isabel.

– No señora, no son normales… el pueblo no cree que lo sean. Y, si me permite, aquí la cosa se complica, ellos no quieren que sean normales.

-Y entonces qué quieren?

-La verdad es que no sabemos lo que queremos, aparte de que queremos que sean extraordinarios, un ideal…

-Ningún ser humano es ideal- contesta Isabel-. Sólo Dios es ideal, por eso quiero que la familia real permanezca fuera de la vista, fuera de la mente, por nuestra supervivencia y cordura. Pero la contradicción es que no podemos estar escondidos, tenemos que estar a plena vista todo el tiempo… lo mejor que hemos encontrado por ahora es ritual y misterio, porque nos mantiene ocultos aún estando a plena vista. El humo y los espejos, el misterio y el protocolo no están ahí para mantenernos separados, sino para mantenernos con vida.

Técnica del golpe de estado

Lord Mountbatten se reúne con un grupo de conspiradores que quieren dar un golpe de Estado contra el primer ministro Wilson. Les sigue la corriente y les explica: “Lo que todos los alzamientos de éxito tienen en común son cinco elementos clave: control de los medios, control de la economía y la toma de objetivos administrativos para lo cual hace falta el cuarto elemento: la lealtad de los mandos militares. Bien, en Gana y en Gabón se consiguió con un puñado de batallones, pero aquí, en el Reino Unido, tendríamos que tomar el Parlamento, Whitehall, el Ministerio de Defensa y la sede del Gabinete… Harían falta decenas de miles de hombres de una lealtad inquebrantable y ni en mis mejores años podría dirigir semejante fuerza. Lo cual me lleva al quinto elemento: la legitimidad. Nuestro gobierno obtiene su fuerza de las instituciones centenarias establecidas que lo apoyan: los tribunales, el Common Law, la Constitución. Para que una acción contra el Estado pudiera triunfar, también habría que derrocar todo eso. Pero en una democracia tan evolucionada como la nuestra su autoridad es sacrosanta. Y por eso caballeros, un golpe de estado en el Reino Unido no tienen ninguna posibilidad…. A no ser que tuviéramos el respaldo de la única persona que no he nombrado: la Corona. La Corona tiene a su disposición poderes constitucionales sin igual que podrían hacer posible algo como esto: en 1834, Guillermo IV los utilizó para disolver su gobierno ante la oposición del Parlamento, y en 1920 la ley de poderes de emergencia fue aprobada, ley que otorga a la soberana poder en ciertas circunstancias para declarar el estado de emergencia… Ella es nuestro César”.

“Protegiendo la democracia”

La reina convoca a Mountbatten para reprocharle que participara en la conspiración contra Wilson.

-¿Por qué proteges a un hombre como Wilson?- pregunta Mountbatten.

-Estoy protegiendo al primer ministro, estoy protegiendo la Constitución, estoy protegiendo a la democracia- replica la reina.

-¿Pero si el hombre que hay en el centro de esa democracia amenaza con destruirla se supone que no tenemos que hacer nada?

-Sí, no hacer nada es lo que tenemos que hacer. Y aguantar el tiempo y esperar que la gente que lo votó, vote en su contra si es que eso lo que deciden hacer- repone Isabel-. Sé que te resulta casi imposible no hacer nada y no tener las responsabilidades que siempre has tenido. Naciste para estar ocupado y para liderar, pero aún tienes un papel importante que desempeñar en esta familia: una figura paternal para mi marido, un tío y un guía para mí, para hacer de Carlos un rey, por no mencionar un hermano para tu hermana…  Eso sería un mayor servicio a la corona que liderar golpes de estado anticonstitucionales.

“Nadie va a querer oírla”

Carlos discute con su madre sobre su papel en la familia.

-…Se me escucha en esta familia, se me ve por quién y qué soy. ¿Tengo voz?- pregunta angustiado Carlos.

-Demasiada voz para mi gusto- responde Isabel-. No tener voz es algo con lo que debemos vivir. Todos hemos hecho sacrificios y hemos suprimido quienes somos. Una parte de nuestro ser natural siempre se pierde.

-Eso es una elección

-No es una elección, es un deber. Yo tenía tu misma edad cuando tu bisabuela, la reina María, me dijo que no hacer nada, no decir nada, era lo más complicado. Requiere cada gramo de energía que tenemos. Ser imparcial no es natural, no es humano. La gente siempre querrá que sonriamos, o asintamos o estemos serios o hablemos, y en el momento en que lo hagamos habremos declarado una posición, una opinión y eso es lo único que como Familia Real no tenemos derecho a hacer. Y por esa razón esos sentimientos debemos ocultarlos.

-Mamá, tengo voz.

-Te voy a decir un secreto: nadie va a querer oírla.

-¿Te refieres al país, a mi propia familia?

-Nadie.

Los astronautas

Felipe se ve seducido por la aventura del Apolo XI. Trastoca toda la jerarquía exigiendo una reunión privada con los astronautas durante su visita al país. Pero, tras reunirse en privado con ellos, se siente profundamente decepcionado. 

-No se qué me esperaba, pensé que eran gigantes, dioses, pero en realidad son tres pequeños hombres, pálidos y resfriados…- le dice a Isabel.

-Ten compasión, esas cualidades les hacen perfecto para su trabajo…

-Pero su falta de estilo o imaginación…

-…Sentido del deber, modestia, fiabilidad- replica la reina.

-Una ausencia absoluta de originalidad o espontaneidad…

-Pero es lo que les hace perfectos en una crisis.

-Y completamente decepcionantes cuando les conoces en persona. Son capaces de ir a la Luna y volver sanos, pero un viaje a Londres casi los mata

-No es culpa de ellos, no querían ser figuras públicas. Y ahora por una sola misión lo serán para siempre.

-Cumplieron como astronautas, pero decepcionan como seres humanos.

-Van a pasar el resto de su vida como en una pecera, con miedo a abrir la boca, sabiendo que eso podría revelar como son de verdad y que eso decepcionará y por eso merecen nuestra compasión. 

La reputación

Eduardo VIII recibe malas noticias. Le queda poco tiempo. Y reflexiona con Wallis Simpson: “La reputación es una vana y engañosísima impostura que muchas veces se adquiere sin mérito y se pierde sin culpa”

El hombre en suspenso

Carlos cena con Camila Shawn (en el futuro Parker-Bowles). Y reflexiona sobre su papel:

-¿Príncipe de Gales?- se pregunta-. No es solo una forma de vivir, sino también un dilema. Soy a la vez libre y prisionero, totalmente superficial y bastante indispensable. No puedo dedicarme de lleno a una cosa u otra porque en cualquier momento todo puede cambiar.

-Y te convertirías en rey…- repone Camila.

-Por no hablar de cómo afecta a la familia. Cómo se puede ser un buen hijo cuando lo que más temes es lo que más, no deseo, sí deseo, porque hasta que ella no muera yo no podré vivir plenamente, no puedo ser aquello para que he nacido, así que estoy sometido a la ansiedad de la espera, como Saul Bellow… que escribió El Hombre en Suspenso, me siento como su protagonista a quien describe como existente en un atemporal y ligeramente ridículo abismo.

“La corona siempre encuentra el camino a la cabeza apropiada”

Isabel va a despedirse de su tío, Eduardo, en Francia. Hablan de Carlos y de la relación que han mantenido:

-Hemos tenido desacuerdos, pero siempre has sido mi tío favorito- le dice Isabel. 

– Es un detalle que lo digas y que hayas venido a visitarme… Te subestimé, yo y todos, pero la corona siempre encuentra el camino a la cabeza apropiada… mi padre, mi hermano, tu y algún día, Dios mediante, tu hijo. ¿Crees que no está preparado?

-Yo nunca he dicho tal cosa.

-Pero lo piensas. Puedo leer tu mente tan bien como tú puedes leer la mía. Y sé lo que piensas. A menudo parece débil, indeciso, pero con una buena mujer a su lado, diría que será un buen rey. Su pensamiento ya está puesto en ese asunto. Le gusta una tal Camila…

-Apenas se conocen…

-A veces, uno lo sabe inmediatamente, tú lo supiste…

-¿Qué te dice?

-Coge las cartas, léelas

-No puedo hacer eso, es correspondencia privada.

-Y afectan al futuro de la corona y arrojan luz sobre el alma no solo de un futuro rey, sino también de tu hijo. Es mejor que las tengas tu antes que cualquier otra persona. En el escritorio, en el cajón.

-Antes de que te vayas, por última vez, por todo ello, por todo lo que te hice, perdóname- dice el ex rey.

-Gracias. Lo que hiciste, tu abdicación del trono, me cambió la vida para siempre, pero quiero que sepas que no siempre es una maldición y no siempre he estado enfadada contigo. Hay días, cada vez más a medida que envejezco, que considero que es una bendición. Incluso en ocasiones he querido darte… las gracias. (Eduardo se ha dormido o perdido el conocimiento).

“Nunca renuncies al amor verdadero”

Wallis Simpson le entrega a Carlos un reloj que ella le obsequió a Eduardo VIII al que llama David con la inscripción: “No tienes excusa para equivocarte de dirección”. Ambos hablan tras el sepelio del ex rey.

-¿Es tu media naranja?- inquiere Wallis sobre Camila.

-Sí, eso creo.

-Pues si me permites dos consejos: nunca renuncies al amor verdadero, a pesar de todos los sacrificios y todo el dolor, David y yo jamás nos arrepentimos.

-Gracias y ¿el segundo?

-Ten cuidado con tu familia…

-Ah, son buenas personas

-Son terribles.

“Un emparejamiento apropiado”

Isabel II en las bodas de plata de su matrimonio, se dirige a Felipe de Edimburgo:

“Debo admitir, esposo mío, que los primeros 25 años de matrimonio han pasado en un suspiro. No soy muy dada a filosofar pero de vez en cuando se nos da la oportunidad para reflexionar sobre qué ha contribuido al éxito de algo y en el caso de nuestro matrimonio es la familia, la roca sobre la cual todo matrimonio duradero debe cimentarse, una red de hermanos y hermanas, madres y padres, primos y familiares, una filigrana de hilos diminutos entretejidos por sangre, parentesco y confianza…. Alcanzar esa, a veces esquiva condición de familia feliz, es una incansable lucha, una batalla, pero es una batalla que merece la pena librar, ya que no hay nada, en la vida, comparable. Un emparejamiento apropiado con una pareja apropiada son los sólidos cimientos sobre los que debe apoyarse una familia de éxito. El matrimonio es una apuesta que algunos en el mundo moderno cuestionan, pero es una apuesta, sobre la que, si me preguntan, puedo responder explítica e inequívocamente, estoy a favor”.

“Sólo hay una reina”

Isabel visita a Margarita que ha intentado suicidarse. Esta le dice que se va a separar de Anthony Armstrong-Jones y que será el primer divorcio real desde que Enrique VIII se separó de Ana de Cleves.

-Tengo una buena noticia al respecto- le dice Isabel-. Si lo planeamos bien, el anuncio de tu separación podría amortiguarse con la dimisión del primer ministro.

-¿Cuántos llevas ya?- pregunta Margarita.

-¿Primeros ministros?

-Mmm.

-El que le sustituya será mi séptimo.

-Los demás caemos como moscas, pero ella sigue y sigue- dice Margarita mientras besa la mano de su hermana.

-Que conste que hay muchas cosas que se te dan bien.

-¿Dime una que sea importante?

-Ser hermana.

-No te burles de mí.

-No lo hago. de todas las personas del mundo tu eres la más cercana e importante para mi. Y si al hacer esto querías que me imaginase por un minuto como sería mi vida sin ti, lo has conseguido: seria insoportable.

-Pues debemos seguir las dos.

-¿Qué opinas del jubileo?- pregunta la reina.

-Que debes celebrarlo…

-No crees que puede jugar en mi contra. Piénsalo, en el tiempo que llevo en el trono, ¿qué he logrado realmente?

-Has sido serena, estable…

-Inútil, inservible, este era un gran país cuando subí al trono y ahora mira. Adiós a la ‘segunda era isabelina’ de la que hablaba Winston, bajo mi mando parece que todo se ha venido abajo.

-Solo se ha venido abajo si nosotros lo decimos- responde Margarita-. Eso es lo bueno de la monarquía. Tapamos las grietas, y si lo que hacemos es lo bastante llamativo, grandioso y espectacular, nadie notara que todo a nuestro alrededor se ha venido abajo. Para eso estamos nosotros. Nosotros no, Tú. Tú no puedes ni parpadear, porque si mostrases una sola grieta, no la veríamos como tal sino como un abismo por el que todos caeríamos. Tu deber es mantenerlo todo en pie.

-¿Y debo hacerlo sola?

-Solo hay una reina.