El caso Tompkins al desnudo

Kris y Douglas Tompkins (@Tompkins Conservation)
(Publicado en El Diario Austral de Osorno el 08.07.2001)

Howard Hughes fue el rey de los excéntricos. Multimillonario gracias al petróleo, cineasta y pionero de la Aviación, murió desnutrido tras vivir semidesnudo en Nicaragua protegido por una secta protestante. Sarah Bernhard, otra excéntrica, dormía en un ataúd porque quería acostumbrarse a la muerte. Benjamín Franklin disfrutaba de los “baños de aire” colocándose desnudo ante una ventana abierta a la calle. Dalí, Galileo, Newton, Kepler, Einsten fueron otros personajes excéntricos que se anticiparon a su tiempo.

Curiosamente hasta 1984 nadie había estudiado científicamente la personalidad excéntrica. En esa fecha, el doctor David Weeks, especialista en neuropsicología clínica del Royal Hospital of Edinburgh, inició su investigación sobre el tema, la que dio origen a un libro publicado en 1995. Weeks estableció que los excéntricos son inconformistas sociales, dotados de una inteligencia superior, tremendamente creativos, y que gozan de una estupenda salud. Además, suelen ser personas felices.

Douglas Tompkins, sin duda, reúne algunas de las características de la personalidad excéntrica ante los ojos de muchos chilenos. A su pesar, no sólo es excéntrico, sino que además es extranjero, lo cual despierta extrañas vibraciones telúricas en personas aparentemente cultas que se tienen que morder la lengua para que no salgan chorros xenófobos de su boca.

  Desde Europa, donde se gastan ingentes cantidades de dinero para conservar y recuperar un medioambiente sobreexplotado y decadente, las razones que se invocan para rechazar el proyecto de Tompkins parecen increíblemente cortoplacistas y, muchas veces, puramente míticas.

Algunos argumentos que se han tirado en la mesa no resisten el mayor análisis. ¿Tompkins amenaza la seguridad nacional? Y desde cuándo la compra de una propiedad supone que ese terreno deja de estar dentro de los  límites de un  Estado. ¿Tompkins compra mucho? Pues será porque hay alguien que le vende. ¿Presiona a los colonos? No se conoce ninguna sentencia judicial que establezca que ha habido más presión que un buen fajo de billetes. ¿No quiere explotar sus posesiones al modo tradicional y desea despoblar aquello? Pero, ¿no habíamos quedado en que Chile respeta el derecho de propiedad?

Se ha querido crear la impresión de que Tompkins es un hombre fuera de la ley, cuyos designios alcanzan más allá de los límites de sus posesiones. No es verdad, el millonario ecologista está sometido a las mismas leyes que los demás y sus propiedades tienen límites. También se sostiene que su proyecto Pumalín afecta intereses de la nación que estarían por encima del derecho de propiedad, planteamiento que me recuerda los resquicios legales de Novoa Monreal donde siempre cabe la pregunta: ¿Quién y con qué motivaciones determina lo que es un interés superior de la nación?

Lo que ocurre es que Tompkins representa un poder de compra incontrolado por el establishment chileno. Y eso molesta a mucha gente que quisiera ordeñar esa vaca y meterla en su corralito.

Hace pocos días, mi colega Alejandro Guillier sugería en Radio Chilena que sería bueno que alguien diera la cara por las medias verdades que circulan sobre Tompkins para que podamos prestar atención a los cuestionamientos auténticos. Así la opinión pública podría discriminar  la crítica interesada de la que no lo es. No es lo mismo decir histéricamente que Tompkins quiere crear una nueva Colonia Dignidad que revisar, afinar y mejorar un acuerdo entre el millonario y el gobierno chileno para declarar esa zona Santuario de la Naturaleza.

La campaña contra Tompkins ha sido orquestada fundamentalmente por un sector de la DC y a ella se han sumado algunos senadores de RN y la UDI, muchos de ellos con experiencia militar, que en mi opinión se han adherido a las críticas por razones sentimentales, buscando agravios donde no los hay, y sin medir políticamente el asunto.

El empecinamiento de una parte de la DC tiene razones de larga data. Desde que comunicó sus planes al gobierno chileno sobre el proyecto Pumalín, por allá por 1995, Tompkins ha tenido dos enemigos que él minusvaloró: uno es Belisario Velasco, ex subsecretario del Interior del presidente Frei Ruiz-Tagle, y el otro es José Miguel Fritis, el alcalde de Chaitén.

Velasco se ha dedicado a criticar a Tompkins en los medios de comunicación y privadamente. Sin duda, esas críticas, repetidas durante tantos años, han deteriorado la imagen del millonario y sembrado de dudas su proyecto. Este ha sido un error de Tompkins: no gastarse dinero en controlar la dimensión mediática de su presencia en Chile. No tenía que haber ido muy lejos para asesorarse correctamente porque el mismo Belisario Velasco le podía haber sugerido una buena agencia de comunicación e imagen, muy de moda ahora en Chile, a la que él está conectado por lazos familiares. Le habrían hecho un precio al gringo.

En el caso de José Miguel Fritis, desconozco qué agravios le pudo infligir el norteamericano. Por la intensidad de sus denuncias contra Tompkins deberían ser graves, pero con Fritis no hay que llamarse a engaño, es un personaje que se ha movido hábilmente entre la política, la cooperación y el mundo del espionaje. Fritis estuvo, durante el régimen militar, trabajando para la Organización Demócrata Cristiana Internacional (ODCA) en asuntos de cooperación en El Salvador por encargo del canciller venezolano Calvani.

Cuando se restableció la democracia, confesó en un artículo periodístico que había trabajado para la CIA norteamericana, lo cual molestó a muchos de sus amigos, después desapareció unos años y reapareció como alcalde de Chaitén. No sabría decir quién es más excéntrico, si Fritis o Tompkins. Lo que está claro es que Chaitén, Palena y el Pumalín entero es demasiado pequeño para contenerlos a los dos peleándose continuamente.

No sé si Tompkins perseverará en su proyecto o se marchará, cansado de los chilenos recalcitrantes. Para Chile su sensibilidad medioambiental es necesaria. Se levantan muchas críticas sobre su ideología de “ecología profunda”, que es vista como una fe sectaria. Se cuestionan sobre todo sus tesis sobre la sobrepoblación que son agitadas como una herejía sin considerar que las advertencias sobre este fenómeno salen directamente de organismos como la propia ONU.

Mientras Tompkins se mantenga dentro de la legalidad, su proyecto ecológico enriquece al país. No es éste el momento para discutir sobre ecología, sobre sus misteriosas conexiones con el romanticismo alemán (que llevó precisamente a que en Alemania los ecologistas llegaran al poder) y sobre sus posibles excesos. Lo que importa es que el proyecto Pumalín parece interpretar los deseos de muchas personas que desean preservar la naturaleza sin dobles intenciones. Su derecho no es mejor ni peor que otro. Pero como el medioambiente es un bien amenazado, merece la pena ser contemplado con buenas intenciones.

Leía en el diario El Llanquihue unas declaraciones del diputado Sergio Elgueta en las que aseguraba que la llegada de Bush (un no ambientalista) al poder suponía que Tompkins había perdido los apoyos que en EEUU le prestaron Clinton y Gore (muy ambientalistas, al parecer) para ejercer “presiones” (sic) sobre el gobierno chileno.

¿Sabrá el honorable diputado que en su reciente visita a Europa, George Bush jr. recibió más críticas de sus aliados por haber deshauciado el protocolo medioambiental de Kioto que por su escudo antimisiles? ¿Sabrá el honorable diputado que a finales de este mes en Bonn, la Unión Europea ratificará el acuerdo de Kioto y dejará a EEUU convertido en el paria contaminante de la Tierra? ¿Sabrá el honorable diputado que si Chile quiere un acuerdo comercial con esa Unión Europea tendrá que respetar numerosos criterios ambientalistas? ¿Quién pondrá en peligro, entonces, los puestos de trabajo en Chile si ese acuerdo no se concreta? ¿Tompkins o sus adversarios?

En todo caso, la crítica más profunda que he oído contra Tompkins fue la emitida por los diputados DC que han propiciado la comisión de investigación del parque Pumalín. Dice El Mercurio que los diputados criticaron el atuendo descorbatado de Tompkins cuando visitó al presidente Lagos. Que así no se visita al presidente de la República, carajo. Parece que el ex senador Bruno Siebert, a quien le tengo aprecio por lo que ha hecho por nuestra región y por muchas razones más, le hizo innecesariamente el coro a los diputados con una carta al matutino santiaguino.

Una lección queda de todos estos dimes y diretes: ¿Por qué nuestros políticos -sobre todo un sector de la DC- desconfían tanto de que nuestra Constitución y nuestras leyes puedan impedir que un presunto forajido campee a sus anchas? Pareciera que dan por sentado que el poder del dinero está siempre por encima de la ley. ¿Sabrán algo que nosotros no sabemos? Yo, en cambio, los suelo ver acompañados de personajes y amigos que han cometido abusos mucho más graves que cualquiera de los que se pueda imputar a Tompkins. Eso sí, hay que reconocer que van mucho mejor vestidos.

Nota: Douglas Tompkins falleció el 8 de diciembre de 2015 mientras navegaba en kayak en el Lago General Carrera.

El hombre transparente

Julio Fuentes Serrano, reportero de guerra.

(Publicado en el suplemento Aula de El Mundo el 20 de noviembre de 2001)

¿Dónde está Julio Fuentes? Esta pregunta, cien mil veces repetidas a lo largo de los últimos 12 años en la redacción de El Mundo de Madrid, no encontró respuesta anteayer. No era la primera vez que Julio (para nosotros siempre “Julito”), madrileño de 42 años, desaparecía en acción. En 1991, cuando se desató la invasión terrestre contra Irak, estuvo más de 24 horas ilocalizable. Para justificar el tiempo perdido volvió con una historia increíble: había “liberado” Kuwait City –al mismo tiempo que los “marines” norteamericanos- a bordo de un jeep comprado en el mercado negro entre varios periodistas. En el camino, varios soldados iraquíes se les habían rendido y Julio se limitaba a repetirles: “No soy militar, sólo soy periodista”.

Julito era así: nada más y nada menos que un periodista. Había desaparecido y aparecido en prácticamente todos los países del planeta. Cuando empezó, en 1980, con Cambio 16 se marchó a Centroamérica a cubrir las guerras de Nicaragua y El Salvador. Entraba en las junglas a buscar a los comandantes guerrilleros y volvía con esmeraldas informativas que desparramaba en la mesa del redactor jefe.

En 1989 participó en la fundación de El Mundo, animado por la idea de Pedro J. Ramírez  de que ese proyecto se convirtiera en un diario de grandes reporteros. Desde el principio puso la vara muy alta. Solía llamar desde El Salvador o desde Panamá y me ponía al teléfono el ruido de los bombazos y los tiros, como si quisiera demostrarme que estaba en la primera línea de fuego.

Nunca lo dudamos. Julito, que además de redactor era fotógrafo, tenía la pulsión de los hombres de la imagen por estar en los sitios donde pasan las cosas. El no era de los que se inflan a martinis en el bar del hotel y después imaginan lo que escriben.

También desapareció en Croacia y en Bosnia-Herzegovina. Y aunque telefoneaba dos veces al día, poco a poco su alma se iba esfumando, quedándose enredada en las montañas de Sarajevo. Fue el periodista occidental que más tiempo permaneció en la ciudad mártir.

Fue una de sus crónicas, sobre el mal estado de las incubadoras de Sarajevo, la que motivó una formidable campaña de solidaridad en España para salvar a esos niños que nacían en medio de la muerte. Pasaban los meses y cuando ya todos los periodistas que habían llegado con él habían salido heridos, muertos o relevados, la dirección del diario lo obligaba a tomarse unas breves vacaciones. Julio volvía a Madrid, pero andaba por la redacción como un león enjaulado, pensando en volver.

Y es que escondía un secreto: él mantenía a un pequeño grupo de niños abandonados en Sarajevo trapicheando con las raciones humanitarias que los estraperlistas vendían a precio de oro a los periodistas extranjeros. No sé si los niños de Sarajevo saben todo lo que Julio Fuentes hizo por ellos.

Volvió a desaparecer en Liberia y en Chechenia. Se embarraba en las trincheras buscando testimonios de soldados, de civiles, de víctimas. Tenía que ir siempre hasta el frente, olfatear la pólvora y oir los estampidos. De tanto acercarse, en la famosa batalla de Basora, en la guerra de Irán e Irak, perdió parte de la capacidad auditiva de un oído.

Decía que los hombres que habían visto muchas guerras “se volvían seres transparentes”. El lo era. Por eso aparecía y desaparecía cuando quería. Pasaba olímpicamente de lo políticamente correcto y siempre tomaba partido por los débiles, por los que sufrían, pero sin perder de vista las razones de su debilidad o de su sufrimiento. Al cabo de los años, su faceta de escritor se hizo más relevante y produjo tres novelas: Sarajevo, juicio final; Resistencia Humana y Rebelión. En ellas puede apreciarse su visión apocalíptica del futuro y una opinión de los hombres muy al estilo de Herman Hesse: crueles y tiernos a la vez.

El lunes, Julio Fuentes volvió a desaparecer, esta vez en Afganistán, en la última guerra que libramos los hombres. Aseguran que unos guerreros desalmados, a los que él conocía tan bien, lo asesinaron en la cuneta de una carretera en Puli-es-the-Kam junto a tres compañeros periodistas. Sólo las balas han impedido que no trajera otra gran historia  que nos permitiera saber más de lo que pasa allí. Pero guardo la esperanza de que cada vez que veamos el sufrimiento que provocan las guerras, cada vez que un niño llore abandonado en una incubadora o que veamos cómo un francotirador mata a una mujer a la salida del mercado, sintamos la llamada inaudible de Julio Fuentes recordándonos que eso no debe ocurrir, pero sucede.

Carne de Osorno en Madrid

(Artículo publicado en El Diario Austral de Osorno en marzo de 2001)

Hace algunos años, mi amigo osornino Hernán Vargas Teuber que regresaba de una visita a Gran Bretaña (dónde acababa de descubrirse el llamado “mal de las vacas locas”), vaticinó a la sombra del Palacio de  El Escorial de Madrid que el sistema europeo de explotación ganadera se hundiría en una grave crisis en menos de una década.

Tuvo razón, aunque se equivocara parcialmente en el diagnóstico de la causa. Vargas pensaba que el movimiento ecologista acabaría con la explotación intensiva del ganado, ya que la acumulación de purines (residuos orgánicos) de grandes masas ganaderas plantea un grave problema de contaminación de los ríos y las aguas subterráneas.

Al final ha sido el “mal de las vacas locas” o Encefalopatía Espongiforme Bovina (EBB) la que amenaza ahora a todo el sistema ganadero europeo, hasta el punto de que en Alemania han debido dimitir dos ministros (de Agricultura y Sanidad) y sus colegas en todos los países de Unión Europea están en el disparadero, quizás preparando sus renuncias.

Nuestro agrónomo osornino tuvo buen ojo en el diagnóstico. En vez de dejarse encandilar por la enorme rentabilidad  de un sistema de explotación intensivo (¿por qué en Chile no podemos hacerlo igual?), por sus establos gigantescos, sus lecherías mecanizadas, sus hormonas para producir más leche y crecer más rápido,  fue capaz de percibir que la máquina productiva se había forzado hasta desnaturalizarla.

La respuesta a porqué los europeos conseguían criar 20 vacas en una hectárea de pasto, mientras en Osorno se necesitaban cuatro hectáreas para una vaca, era sencilla: la ausencia de pasto, la comida natural de un bovino, era suplida con harinas de origen animal o vegetal hasta llegar a convertirse en su nutriente principal. Y fue en las harinas animales donde se produjo el problema. Las harinas cárnicas eran preparadas con restos de cordero. En éstos se había detectado la existencia de una enfermedad -el “scrapie”-, similar a la EBB. Las vacas, de alguna manera, se hicieron carnívoras. Al poco tiempo, las vacas comenzaron a presentar los síntomas del “scrapie”: había nacido el “mal de las vacas locas”.

Lo peor ocurrió a finales de la década de los 80 cuando se descubrió que la enfermedad era capaz de transmitirse al hombre por la cadena alimenticia. Se describió entonces el mal de Creuzfeld-Jakob que es la versión humana de la Encefalopatía Espongiforme Bovina. También se detectó el agente que había introducido el mal: las harinas de origen animal utilizadas intensivamente en la explotación de la cabaña vacuna.

Ingenuamente, los gobiernos europeos pensaron que el mal podría mantenerse confinado en las islas británicas, donde se recomendó la prohibición de utilizar harinas animales. No ocurrió igual en Europa continental. A finales del año 2000, tanto Francia, como Alemania y Portugal, debieron reconocer que el mal se ha extendido entre la población bovina. España, que pensó que cerrando las fronteras impediría el paso del mal, ha visto como los casos se multiplican a medida que los análisis -que antes eran pocos y seleccionado- comienzan a volverse rutinarios.
Se habla ya, en España, de sacrificar 180.000 reses. Es obligatorio el carísimo análisis para detectar la EBB en toda vaca de más de 30 meses que haya sido sacrificada. Pero ahora parece que tendrán que ser analizadas todas las vacas, pues si al principio se creía que el mal no lo desarrollaban hasta los 30 meses, ahora se ha descubierto que también pueden sufrirla desde antes.

En fin, el consumo de carne de vaca ha caído un 30%, según las estimaciones más optimistas y los ganaderos han decidido no llevar más reses a los mataderos. La desconfianza de los consumidores es palpable ante un mal que parece que se le ha ido de las manos a las autoridades.

Las harinas de origen animal fueron prohibidas por la Unión Europea el año pasado. Pero los productores de harinas cárnicas, que se olían la medida, sacaron su producto al mercado a bajísimos precios antes de la prohibición y el consumo se disparó el año pasado. Algunos ganaderos inescrupulosos, además, prefieren correr el riesgo y siguen utilizando harinas cárnicas que obtienen bajo cuerda a precios tirados.

Al final, las autoridades también han prohibido la comercialización de las vísceras, el cerebro, los ojos, el espinazo y el costillar de las vacas porque presentan el mayor riesgo de transmisión de la enfermedad al hombre. El problema es que hay que deshacerse de esos despojos y un plan de incineración es costosísimo. Por lo tanto, ya han comenzado a descubrirse los enterramientos ilegales de despojos y vacas enfermas, que traen el consiguiente riesgo de mandar los factores de contagio a las aguas subterráneas y de allí a ríos y mares.

El escenario es tan apocalíptico como pudo imaginarlo Hernán Vargas Teuber hace casi una década. Al final, lo que ha entrado en crisis no son los sistemas de control de calidad del producto o el control sanitario de pestes o enfermedades, sino el sistema de explotación ganadero regido por la premisa de sacarle siempre un euro más a cada vaca que, llevado al paroximo de convertirlas en carnívoras, ha estallado provocando una grave crisis de confianza entre los consumidores. El negocio está literalmente hundido.

La gente, que durante año ha estado apoyando el proteccionismo de los ganaderos europeos, ahora mira con añoranza los filetes y costillares que se producen en EEUU y en Sudamérica, donde, todavía, el crédito de los productores, continúa a salvo.
Es una paradoja de la modernidad y la globalización que nuestro sistema de producción tradicional -basado en la compleja idea de darle pasto a una vaca- ahora se haya convertido en una ventaja comparativa.

Tanto Brasil, Uruguay, Argentina y Chile tienen una importante tradición como productores de carne de vaca. Sería muy interesante que estos países actuaran de manera concertada para evitar que el mal se extienda a estas regiones. Por lo pronto, sería necesario que se universalizara en la zona la prohibición de utilizar harinas de origen animal en la alimentación de los bovinos, tal como aprobó tardíamente la Unión Europea a finales de 2000. La tradición de seguir alimentando como herbívoras a las vacas en el sur de Chile sin duda que hará más fácil la aplicación de una medida así.
Por otra parte, es preciso establecer una marca o sello de garantía, una denominación de origen de la carne, con el fin de reflejar el auténtico valor añadido de que ésta se haya producido según los cánones tradicionales. Estoy seguro de que muchos europeos terminarán pagando mucho más por la carne de res si ésta ofrece las máximas garantías.

La ventana de oportunidad existe,  porque los productores europeos tendrán que adoptar medidas tan drásticas con su negocio que su crédito no se recuperara en varios años y retomar la crianza con método naturales, cuando en Europa escasea el suelo, convertirá la carne en artículo de lujo.

En la desgracia de las vacas europeas reside una oportunidad para los países del Mercosur y muy especialmente para la región de Osorno. Si los productores se organizan y se mueven rápido, podrán abrir -con la ayuda de esta crisis de confianza del consumidor europeo- uno de los mercados mundiales que parecía cerrado a cal y canto.

Pilauco, el problema de un país de usuarios

La Ruta 5, construida por Sacyr y administrada por la Soc. Concesionaria Los Lagos.

(Publicado el 4 de marzo de 2001 en El Diario Austral de Osorno y compilado en mi libro “Huasos en la Aldea Global” publicado en 2004 como autoedición)

En la sede de Sacyr en Madrid no saben dónde está Pilauco Norte y nunca han oído las protestas de Tomás Gehlen o de Frank Nauber. Lo curioso es que el intendente Iván Navarro, que vive en Puerto Montt, tampoco conocía los problemas de Pilauco hasta esta semana y nunca se habría enterado si no fuera por El Diario Austral , como él mismo reconoció[1].

Chile quiere abrazar la modernidad a cualquier precio y eso está pasando facturas como la de Pilauco y la nueva autopista. El problema está en que se ha acometido esta obra con un criterio que es inaceptable en otras latitudes. La filosofía en países como Alemania, Francia o España siempre ha sido que las autopistas de peaje sólo pueden existir donde haya una vía alternativa de uso libre, aunque sea de peor calidad. Se hace así para garantizar la libertad de movimientos de  los ciudadanos y evitar la discriminación económica.

Debatir sobre cuál sistema es mejor y más respetuoso con los ciudadanos nos llevaría tiempo. La solución adoptada en Chile con las autopistas, al construirlas sobre antiguas vías públicas, concuerda perfectamente con la idea de que el país está formado por meros consumidores o usuarios y no por ciudadanos.

Llevando esta filosofía oficial a un extremo, cabe considerar que si se adjudica una autopista de pago sobre el trazado de una antigua carretera pública, el Estado está subvencionando también al concesionario con las costosas inversiones realizadas en el pasado para expropiar los terrenos y mantener la vía abierta. Lo anterior debería incidir en el plazo de la concesión (una autopista con un mercado cautivo se amortiza antes que otra donde existen alternativas gratuitas) y hasta cabría estudiar una reducción del impuesto de circulación puesto que algunas vías públicas han pasado a ser privadas y ya se paga por usarlas.

 En fin, llegamos tarde a un debate que, lamentablemente, nunca existió.

Pero incluso asumiendo esta realidad impuesta y aceptando que nadie habría hecho una autopista en Osorno si no es con el aliciente de obtener una carretera vieja de regalo y unos jugosos ingresos en el futuro, el caso de Pilauco contraviene cualquier lógica urbanística, porque amputa parte de la ciudad a sus habitantes.

Sacyr es la constructora que no cotiza en bolsa más rentable de España. Se formó en 1986 por antiguos empleados de otras constructoras y se ha desarrollado con gran criterio. Su margen neto en el año 2000 rondó los 14.000 millones de pesetas (unos 43.000 millones de pesos de la época). En 1996 llegó a Chile y ha construido mucho. Terminó con más de un año de antelación la autopista Los Vilos-La Serena y tiene en marcha varias obras más. Un repaso por los archivos arroja, además, una conclusión notable: hasta ahora Sacyr no aparece salpicada por ninguno de los escándalos de financiación ilegal de los partidos políticos que han ensuciado el currículo de otras constructoras españolas.

Ante esta situación tan saneada, resultaría extraño que Sacyr no deseara resolver el problema que está provocando en Pilauco. Lo que ocurre es que éste no es un problema entre los usuarios y una empresa. Sacyr tiene un mandato para construir una autovía bajo cánones fijados en un contrato con el Estado. Los responsables de garantizar una solución a éste y otros problemas similares son los planificadores del Ministerio de Obras Públicas chileno que diseñaron el convenio de concesión y que, por lo que se ve, no se coordinaron con las autoridades locales que habían propiciado el surgimiento de ese parque empresarial en Pilauco.

Estamos realmente ante un problema de los osorninos con la autoridad reguladora. Pero como el criterio oficial es que Chile es un país de usuarios, las autoridades —que son escogidas por ciudadanos y no por consumidores que suelen elegir productos— abandonan continuamente sus responsabilidades, sobre todo en aquellos terrenos donde creen que deben “arreglárselas” entre ellos los privados.

Lo cierto es que el conflicto de Pilauco dio origen a la única noticia sobre Osorno aparecida en la prensa española en la última década[2] y tenía que ver con el ataque a tiros contra una caseta de Sacyr en la época en que Augusto Pinochet estaba detenido en Londres, hace más de un año atrás. Esa es una forma inaceptable de abordar el conflicto, pero es una demostración de hasta dónde puede llegar una pelea “entre privados” cuando las autoridades se inhiben de su función reguladora.

Es fácil satanizar y culpabilizar a Sacyr, pero no puede soslayarse la responsabilidad que cabe a las autoridades regionales y locales en este asunto. No puede ser que la Municipalidad y la Gobernación no hayan puesto el grito en el cielo hace mucho tiempo al ver que una parte de la ciudad quedaría segregada del resto por muy pocos que sean los vecinos afectados. Tampoco es de recibo el desconocimiento del asunto que ha exhibido hasta ahora el intendente.

Sacyr, en este caso, no es el problema, sino que por ella pasa la solución. Ésta deberá salir de una negociación con la compañía encabezada por las autoridades. Las empresas españolas son muy permeables a las presiones de la opinión pública y son capaces de rectificar ante un problema como éste.  Pero como dice un viejo refrán castellano, “ante el vicio de pedir está la virtud de no dar” y Sacyr cuenta con el poderoso argumento de que aquí se ha producido un grave error de coordinación entre Obras Públicas y las autoridades de la ciudad.

Iván Navarro se ha enterado muy tarde, pero al menos parece decidido a resolver el asunto. Quizás tenga que hacer una autocrítica y llamarle la atención a alguno de sus subordinados por no alertarlo de manera precisa y puntual.  Le recomiendo que si hay algún penitente, lo mande a bañarse en el río Pichi-Damas o a buscar la Cueva del Indio para que conozca con detalle dónde está Pilauco.


[1] El Diario Austral de Osorno, edición del 28.02.2001.

[2] La noticia fue difundida por la agencia española Efe fechada en Santiago de Chile el 20 de octubre de 1999. Entre los diarios españoles que la recogieron, el más destacado fue El País en su edición del 21.10.1999, a una columna y bajo el título “Tiros contra una empresa española en el sur de Chile”.

El impostor

eldirector

David Jiménez puede enternecerse con un tailandés ahogado en un tsunami, pero es incapaz de sentir la más mínima compasión hacia las debilidades de unos colegas golpeados por la peor crisis que ha conocido la Prensa en su historia. Esa es la primera impresión que se desprende de la lectura de El Director (Ed. Libros del K.O., 2019). La vara de medir del autor es extraordinariamente estricta y, salvo algunas autocríticas inanes, se aplica siempre en una sola dirección, la de los demás.

Hay que pasar muchos años en las redacciones de un diario para aprender que estas son auténticas cocteleras de emociones. Y muchos años más para saber que se necesitan cualidades excepcionales para gestionar esos egos de manera virtuosa con el fin de crear un proyecto intelectual original.

Hay que admitir que Jiménez es sincero: él se sabe un impostor y lo admite con el suficiente cuajo como para poder dejar en evidencia a quien le puso en el puesto de director del segundo periódico de España sin estar preparado para ello. En ese sentido, su relato es una auténtica novela picaresca, la de un nuevo Lazarillo, un Lazarillo del siglo XXI, digital y acomodado, pero igual de oportunista que el del siglo XVI.

Jiménez se sabe un impostor y su relato es una novela picaresca, la de un nuevo Lazarillo del siglo XXI, digital y rico, pero igual de oportunista que el del siglo XVI.

Nuestro Lazarillo de la postverdad se muestra escandalizado por las presiones que recibe a diario un director de periódicos. Dan ganas de responderle como hizo el portero Chilavert cuando le preguntaron si sentía presión al jugar una final: “¡Presión es lo que siente un padre que no tiene nada que llevar a la mesa para sus hijos!”. La presión forma parte del área de gestión de un director, como la de cualquier líder de una organización, y su deber es resistirla, sortearla y no doblegarse ante ella si considera que tiene razón.

Su osada ignorancia le lleva a confesar que realmente nunca entendió que las grandes jornadas informativas que El Mundo emprendió (ya fuera en torno al 11-M, al caso GAL o en los asuntos de corrupción política) no eran para demostrar las tesis de un comisario o para probar tal o cual conspiración, sino la de esclarecer lo ocurrido para sus lectores. Se cometieron errores, y en la gran mayoría de las ocasiones se corrigieron, pero la tarea era desafiar las hipótesis oficiales con el fin de probar su robustez.

Lo que resulta imperdonable es la manera en que Jiménez banaliza el periodismo, este oficio al que algunos seguimos amando. Se inventa conductas y prácticas que no existen más que en su imaginación o que ha calcado de Noticia Bomba de Evelyn Waugh. Ridiculiza, además, los rasgos de personalidad de los mismos periodistas que después dice admirar, como si el fruto de su talento pudiera disociarse de sus defectos. Los despersonaliza hasta el punto de llamarlos con motes o inscribirlos en denominaciones colectivas -los Poetas Muertos, los Nobles…-, para construir un escenario de indultos a su propia impostura.

Pocas veces alguien ha dicho tanto de sí mismo hablando de los demás.

El espíritu del trampeo, o “una tesis normal”

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Pedro Sánchez interviene en Nueva York en un foro sobre Violencia contra las Mujeres y Jóvenes con Discapacidad, impulsado por el propio Sánchez y organizado por el Fondo de Población de Naciones Unidas.

(El texto siguiente es un informe preparado sobre la tesis de Pedro Sánchez por un doctor español que quiere mantener en reserva su identidad por las razones que explica al final. Por mi parte, he comprobado que los datos que ofrece para cuestionar la calidad del trabajo doctoral del presidente figuran en la tesis y en las fuentes originales tal  y como los recoge el autor) 

Por “Autor de una tesis doctoral”*

Una de las peores prácticas de la investigación académica, sin duda extendida por la banalización de trabajos tan dignos de respeto y admiración como las tesis doctorales, es el deseo que muestran muchos investigadores (o supuestos investigadores) por aparentar un dominio de las fuentes rico, variado, políglota y con un toque exótico y erudito.

La tesis de Pedro Sánchez no se puede caracterizar por ese dominio de las fuentes. Más allá de los plagios puntuales, de las numerosas citas textuales sin comillas, de las carencias más básicas en el uso de las referencias bibliográficas (falta de uniformidad, aleatoria referencia a páginas, editoriales, ciudades de edición, etc.), el tipo de documentación citada en la tesis carece de la calidad propia de una buena investigación doctoral (no hay ni aproximación a un análisis profundo de estudios e investigaciones en los distintos campos que trata, más allá de un puñado de obras de referencia básicas –nada que ver con la extensa y necesaria revisión de artículos académicos propia de estos trabajos-, y, eso sí, una intensa utilización de documentos e informes oficiales que, como ha dicho el antiguo ministro Miguel Sebastián, todos ellos son de dominio público… o no). Pero claro, sólo con esos mimbres la base documental de una tesis puede parecer pobre, y es ahí donde habitualmente aparece la tentación de añadir esos elementos de multilingüismo y erudición que, cuando se tiene poco tiempo, acaban aportándose con la muy mala práctica académica de citar de “segunda mano” –de apropiarse de las lecturas de otros, como si fueran propias-, añadiendo autores que dan color y empaque a los textos. Es la hora del trampeo, de la picaresca que es necesaria para construir un trabajo doctoral en los poco más de doce meses que van desde el tuit “Tengo que escribir unas notas sobre diplomacia Economica, alguien puede aconsejarme literatura Economica para leer?” (sept. 2011) hasta el supuesto –en condiciones normales- depósito de la tesis un par de meses antes (sept./oct. 2012) de la defensa (nov. 2012).

Me temo que en Innovaciones de la diplomacia económica española hay varios casos de esa práctica tramposa y picaresca, con la que con facilidad se llega a obtener un trabajo más o menos rico en fuentes y citas (la tesis tiene 424 citas y 158 referencias en sus 17 hojas de bibliografía). Ya lo delataba simbólicamente el “Voir (ver) M. Granovetter” de Arcadi Espada, pero los ejemplos se multiplican sin límite. Todos ellos muestran un patrón de comportamiento claro y sencillo: en la parte teórica, sobre algunos de los temas o subtemas abordados, se trata de apoyarse en la lectura de una o de unas pocas fuentes (más rápido y mejor si son en castellano), para extraer de ellas, según convenga, citas y referencias a otras fuentes (mejor si son extranjeras), como si uno las hubiese consultado. Esta parte teórica o doctrinal es la que menos se ha analizado y en la que más en evidencia queda –ya que las partes “aplicadas” de la tesis sólo reproducen informes y documentación administrativos de nula originalidad y valor científico- el sinsentido investigador y el cúmulo de malas prácticas de este trabajo doctoral.

Empecemos por dos ejemplos de esas malas prácticas: uno, en un idioma que el doctorando dominaba (el inglés), y otro, en un idioma del que no se tiene noticia de tal dominio (el alemán).

El ejemplo inglés

En un momento de la tesis, al hablar de la marca país y la estrategia marca país (9.4.1.), Pedro Sánchez escribe:

                “La marca se convierte en un elemento clave de la mayor competitividad de empresas y países. Para Van Ham Peter (2001) la marca es un factor definitorio de competitividad, que sitúa a todas las instituciones y empresas en el escenario de las relaciones económicas internacionales; y en las que los Estados no sólo competirán entre ellos, sino que también “lo harán con otros entes subestatales, empresas y el tercer sector a nivel global”380. De igual opinión es Cerviño (2005) para quien la marca, como máximo exponente del capital comercial del agente económico, sea empresa o Estado, es “una variable estratégica de creciente importancia dentro de las decisiones, políticas y estratégicas de internacionalización empresarial”, cuestión que puede perfectamente trasladarse al Estado”.

La referencia a Van Ham (380), en la nota a pie que acompaña a ese párrafo, es la siguiente:

380 Van Ham Peter (2001): The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation, pps. 2-6. http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2

Más allá de que no sepamos en qué página de la obra de van Ham está esa cita textual, lo cierto es que la referencia de Sánchez a la idea de van Ham es casi calcada –aunque con una mala traducción, nada literal ¿e interesada?- a la que escriben dos autores españoles, Iglesias y Molina en “Iglesias Onofrio, M y Molina Rabadán, D. (2008): “La Estrategia Marca País en la sociedad informacional”. Historia Actual Online” (así está citado este texto en la bibliografía final de Sánchez, a falta de algunos datos fundamentales que habría que haber añadido: “HAOL, Núm. 16 (Primavera) 109-126”. Pero dejándonos de “pequeñeces”, vayamos al texto de Iglesias y Molina que cita a van Ham:

Peter van Ham, en su artículo “El ascenso del estado-marca”, señala que la globalización y la revolución mediática han provocado que cada Estado sea más consciente de sí mismo, de su imagen, de su reputación de su actitud, resumiendo, de su marca. Esto conlleva un cambio en los paradigmas políticos, un paso desde el mundo moderno de la geopolítica y el poder hacia el mundo posmoderno de las imágenes y la influencia. “[…] Brand states will compete not only among themselves but also with superbrands such as the EU, CNN, Microsoft, and the Roman Catholic Church (boasting the oldest and most recognized logo in the world, the crucifix). In this crowded arena, states that lack relevant brand equity will not survive”5.

Sin comentar el hecho de que Sánchez sustituya a la EU, CNN, Microsoft y Roman Catholic Church por “entes subestatales, empresas y el tercer sector a nivel global” (a los que nunca hace referencia van Ham –basta con leer su trabajo en: https://www.researchgate.net/publication/266866125_The_Rise_of_the_Brand_State_The_Postmodern_Politics_of_Image_and_Reputation), está claro que el autor no ha consultado ese texto –aunque diga que sí en la cita-, sino que lo ha traído de “segunda mano” de la obra de Iglesias y Molina. Tan es así, que la referencia final de Sánchez es, también, calcada a la de esos autores:

(Sánchez) Van Ham Peter (2001): “The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation”. Foreign Affair, LXXX-5 (septiembre-octubre 2001). 2-6. Disponible en http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2

(Iglesias y Molina) Van Ham Peter, “The Rise of the Brand State. The postmodern Politics of Image and Reputation”. Foreign Affairs, LXXX-5 (septiembre-octubre 2001), 2-6. También está disponible desde Internet en: <http://diplomatictraffic.com/nation_branding.asp?ID=2&gt;.

Sólo hay una pequeña adaptación al modo de citar más o menos habitual (que no homogéneo) que utiliza Sánchez. Eso sí, con dos errores: En la de Sánchez se ha engullido una “s” en Foreign Affairs, y a la hora de arreglar la cita se ha olvidado (al corregir el paste) que en la de Iglesias y Osorio el año 2001 ya se incluía al final.

El ejemplo alemán

En el apartado 5.5. de la tesis, titulado “Caso práctico (II): El Día Europeo del Deporte, Diputación de Barcelona”, el autor de la tesis, al hablar de la importancia de las actividades deportivas y su relación con la diplomacia económica, hace referencia a una obra en alemán (Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa). Ya se sabe que alguna cita en un idioma tan minoritario como noble siempre viene bien y viste mucho. La cita es la siguiente:

                En cifras, según un informe presentado en 2006 durante la Presidencia Austriaca de la UE, el Valor Añadido del deporte europeo supuso 407 billones de euros (2004), un 3,7% del PIB europeo, empleando a 15 millones de personas (el 5,4% de la fuerza laboral europea)209.

La referencia 209, de donde se supone que se ha traducido ese párrafo, es:

209 D. Dimitrov/C. Helmenstein/A. Kleissner/B. Moser/J. Schindler (2006): Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa.

Por supuesto, tampoco hay página de referencia del párrafo, ni nada que se le parezca. Sánchez no ha consultado esa obra, sino que simplemente ha reproducido de forma literal (sin decirlo), un párrafo de un texto en castellano que sí ha debido consultar, y que está citado en la página anterior, por otro motivo (El Libro Blanco del –mejor sobre– el Deporte, 2007), que en su página 12 dice así:

Un estudio presentado durante la Presidencia de Austria en 2006 sugería que, en 2004, el deporte, en un sentido amplio, generó un valor añadido de cuatrocientos siete mil millones de euros, es decir, el 3,7 % del PIB de la UE, y dio trabajo a quince millones de personas, es decir, el 5,4 % de la mano de obra6

Por supuesto, la nota al pie era la que Sánchez también reproducía, en este caso, además, sin ni siquiera adaptar a su estilo más o menos homogéneo de citas la utilización de las barras entre autor y autor:

  1. D. Dimitrov / C. Helmenstein / A. Kleissner / B. Moser / J. Schindler: Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa, Studie im Auftrag des Bundeskanzleramts, Sektion Sport, Viena, 2006.

Obviamente, esta referencia completa es la que aparece también literalmente en la bibliografía final de Sánchez (aunque comiéndose la D. de Dimitrov, y sustituyendo Viena por Wien…):

Dimitrov/C. Helmenstein/A. Kleissner/B. Moser/J. Schindler (2006): Die makroökonomischen Effekte des Sports in Europa, Studie im Auftrag des Bundeskanzleramts, Sektion Sport, Wien.

Lo mejor de este caso es que más allá de que Sánchez hubiera cogido la referencia de este texto del Libro Blanco (o incluso de otros textos que me temo que hicieron lo mismo con esta obra alemana: no es difícil encontrarlos en la red), el ejemplo muestra uno de los problemas más graves de ese “citar de segunda mano”, que es tan perverso, poco profesional y menos científico. El texto original es público y se puede consultar fácilmente (https://www.sportministerium.at/files/doc/Studien/Makro effektedesSportsinEU_Finalkorrektur.pdf),  e incluso si uno no sabe alemán, se da cuenta de que todos los datos y el estudio completo hacen referencia al año 2003, y no al 2004, como se dice en el Libro Blanco, en la tesis de Sánchez y en otros textos que lo citan de “segunda mano”. Es obvio que alguna vez alguien debió consultar el informe y se equivocó en ese dato, y se ha repetido después en múltiples ocasiones erróneamente (es lo que tiene la “cita de segunda, tercera, o cuarta mano”…).

Los cambios en la forma de citar, la aparición o no en la bibliografía final de las referencias completas de los autores que se citan en el texto, la utilización repetida de la idea de un autor –casi siempre la misma idea-, etc., etc., son indicios que delatan muchas otras actuaciones de este tipo. Algunas, clamorosas.

Los ejemplos “holandeses”

Una de las fuentes más importantes de la tesis de Sánchez son algunos artículos publicados entre 2006 y 2008 por el Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’. Hay más de una decena de citas a trabajos de ese Instituto, y por ello, parece que el autor de la tesis sí consultó esos trabajos (o al menos, algunos de ellos). Ahora bien, cada uno de los artículos consultados servía para citar de “segunda mano” a dos o tres autores más incluidos en ellos, cuyas obras Sánchez no consultaba, aunque las citara como si lo hubiera hecho. Sirvan dos casos como ejemplo.

El primero tiene que ver con un artículo publicado en una publicación del Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’ firmada por Pluijm (y Jan Melissen, aunque en la tesis no se cite su coautoría). Sánchez escribe en la página 61 de la tesis:

“El activismo internacional de las regiones puede provocar efectos positivos, toda vez que la acción exterior de las CC.AA, puede complementar la estrategia internacional de los Estados137; pero también fricciones. Así, el que el responsable último en el cumplimiento de un acuerdo internacional (o europeo) sea diferente al encargado de su implementación provoca tensiones, como por ejemplo, en el caso del cumplimiento de los compromisos de estabilidad presupuestaria derivados del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. A ello volveremos a lo largo del presente capítulo. De igual forma, la cooperación competitiva entre el Estado Nación y el ente subnacional, en este caso las CC.AA puede degenerar en una acción diplomática disfuncional incurriendo en costos económicos por el ejercicio de una doble actividad internacional innecesaria. A mayor abundamiento, en un entorno en el que los asuntos a tratar son cada vez más (inter)domésticos que propiamente domésticos o internacionales, la acción exterior del Estado y las CC.AA puede derivar en interferencias competenciales138.

En ese párrafo hay dos citas, a un trabajo de Wang (137 Wang, J. (2005): Localising public diplomacy: The role of sub-national actors in nation branding, p. 34) y otra al artículo de Pluijm en la revista de Clingendael (138 Pluijm van der, R. (2007): City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics, p.27). Por otros datos de la tesis (varias citas a otras ideas del trabajo de Pluijm), el autor ha leído el segundo de los textos, pero no el primero. De hecho, la referencia a Wang que hace Sánchez, que es exactamente la que Pluijm utiliza en su trabajo, citando bien la página 34 del original, es utilizada por Sánchez, de “segunda mano”, dos veces en la tesis: en la página 61 y en la 139.

Por supuesto, la cita en la bibliografía final a la obra tomada de “segunda mano” es también de “segunda división” académica:

Wang, J. (2005): “Localising public diplomacy: The role of sub-national actors in nation branding”. Vol.2, Place Branding. (sin número de ejemplar, y sin páginas de referencia)

El segundo ejemplo de la intensa utilización de los trabajos del Netherlands Institute of International Relations tiene que ver con un artículo de Szondi. Cuando en la página 282 de la tesis Pedro Sánchez explica distintas definiciones de Marca País, escribe en un párrafo lo siguiente:

“Szondi (2008) apunta que el término Marca País adquirió relevancia a partir de 1996, gracias a las aportaciones de Simon Anholt385. Desde el punto de vista teórico la Marca País, aún siendo una subdisciplina del marketing, se ha nutrido de aportaciones provenientes de otras tales como la política, cultura, sociología y la aproximación histórica al término de la identidad nacional386. Para Fan, Y. (2006) la MP resulta de la aplicación de técnicas de branding y marketing a la promoción de la imagen de un país387. Para Gudjonsson (2005) la MP usa las herramientas del branding para alterar y cambiar la actitud, el comportamiento y la identidad o imagen del país en cuestión hacia parámetros más positivos”388.

Las notas que acompañan al párrafo son las siguientes:

385 Anholt, S. y Hildreth, J. (2004): The Mother of all Brands.

386 Szondi, G. (2008): Public Diplomacy and Nation Branding: Conceptual Similarities and Differences, pps.1-52.

387 Fan, Y. (2006): Nation branding: what is being branded?, pps. 5-14

388 Gudjonsson, H. (2005): Nation Branding, pps. 283-298.

Sin duda, la única obra consultada por el autor de la tesis ha sido la de Szondi, ya que este autor, en su artículo, también en un mismo párrafo, destaca exactamente las dos definiciones que traduce Sánchez. El párrafo de la obra de Szondi, en las páginas 4 y 5 de su artículo (véase: http://www.kamudiplomasisi.org/pdf/nationbranding.pdf) entrecomilla adecuadamente las definiciones literales y las cita por la página en la que aparecen (Fan, 2006, 6) y (Gudjonsson, 2005, 285). Por supuesto, el texto de Sánchez no tiene en cuenta ni siquiera ese rigor de localizar en una página concreta tales definiciones “robadas”.

La tercera cita del párrafo que merece comentario –la primera, en orden de cita de Sánchez- es la referencia a los trabajos de Anholt y Hildreth. Szondi (el único texto consultado por el autor de la tesis) desgrana numerosas ideas de las obras de Anholt, entre ellas su famoso modelo de las seis dimensiones de un país en el exterior. Si Sánchez hubiese consultado esta obra, la citaría de “primera mano”, y no a través de otros autores como Szondi… o Javier Noya. Y es que en la página 283, Sánchez escribe:

“Javier Noya (2005) describe las seis dimensiones que, para Anholt, configuran en forma de hexágono la percepción de un país en el exterior392.”

La nota a pie de página dice así:

392 Las definiciones literales de las variables del hexágono son las expuestas en el trabajo de Noya, J. (2005): El final del espejismo: un análisis de los últimos datos sobre la imagen de España, pps.1-11.

Es otra buena muestra de “vagancia” investigadora. Y por si no estaba claro que Anholt no estuvo entre las lecturas del doctorando, en la bibliografía final ni siquiera aparece mencionado (a pesar de que en el cuerpo de la tesis se le he citado tres veces).

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Pedro Sánchez, durante una entrevista para la Cadena Ser.

Los líos de los capítulos y libros

Uno de los casos más interesantes de las citas de autores que con toda seguridad no se han consultado al realizar la tesis es el de los trabajos de Duchacek y Soldatos. En este caso, todo conduce a pensar que estos autores son citados de “segunda mano” a través del trabajo de Cornago, autor que aparece citado una veintena de veces en la memoria doctoral. El trabajo de Cornago es el citado por Sánchez como: Cornago, N. (2010): “On the normalization of Sub-State Diplomacy”, pps. 11-36, The Hague Journal of Diplomacy, La Haya. (De hecho, la cita bien hecha debería decir: Cornago, N. (2010): “On the normalization of Sub-State Diplomacy”, The Hague Journal of Diplomacy, 5 (1), pps. 11-36).

Aunque se pueden encontrar otros momentos de la tesis en los que las citas a estos autores, Duchacek y Soldatos, replican con exactitud la forma en que son tratados en el texto de Cornago, quizá el más claro de ellos es en la página 41, cuando el autor de la tesis escribe:

“Duchacek y Soldatos (1990), Aldecoa y Keating (1999) han calificado la acción exterior de los entes territoriales como “paradiplomacia”, esto es, el conjunto de acciones emprendidas por los entes subnacionales en el terreno de las relaciones internacionales46”.

Y la cita correspondiente es:

46 Duchacek, I. (1990): Perforated Sovereignties: Towards a Typology of New Actors in International Relations, pps.1-33.

La cita está mal, ya que Duchacek y Soldatos no son autores de ninguna obra conjunta, sino que cada uno escribe un capítulo de la obra: Michelmann, Hans J. and Panayotis Soldatos (eds) (1990) Federalism and International Relations: The Role of Subnational Units (Oxford: Clarendon Press). Sin embargo, esa misma forma “conjunta” de citar es la que utiliza Cornago en un texto no citado en la tesis (Cornago,N. (2010) “La descentralización como elemento de innovación diplomatica: aproximación a sus causas estructurales y lógicas de acción”, Maira, L. (Ed.) La política internacional subnacional en América Latina, Buenos Aires, El Zorzal, pp. 107-134), donde escribe:

“Siguiendo el trabajo pionero en este campo de autores como Duchacek y Soldatos (1990) este fenómeno ha sido frecuentemente caracterizado como paradiplomacia. (…) A los efectos del presente trabajo puede no obstante ser definida como la participación de los gobiernos no centrales en las relacionaes internacionales”.

En las citas a estos autores en el cuerpo de la tesis se ve claramente que se trabajan “de oídas”, ya que, por ejemplo (véase en la página 57, Notas 82 y 83) se dice que el texto de Duchacek va de la página 1 a 33, y el de Soldatos de la 20 a la 60. Obviamente, siendo dos capítulos en un mismo libro, el solapamiento de la 20 a la 33 es imposible. ¡Oh no!…, el autor dos páginas después (página 59, Nota 93, dice que el texto de Duchacek, el mismo citado antes, va de la 50 a la 57). La realidad es que el primero va de la 1 a la 33, y el segundo de la 34 a 45, lo que parece más razonable (y sobre todo, posible).

Las citas a los capítulos de Duchacek y Soldatos en la bibliografía final –una con referencia más completa al libro al que pertenecen, y otra más descuidada (como se puede ver más abajo)-, dejan constancia de que el autor de la tesis no las ha manejado de primera mano, ya que en ese caso no habría olvidado citar, en esa misma bibliografía final, la obra completa a la que pertenecen (Michelmann, Hans J. and Panayotis Soldatos (eds) (1990) Federalism and International Relations: The Role of Subnational Units (Oxford: Clarendon Press).

Duchacek (1990): ”Perforated Sovereignties: Towards a Typology of New Actors in International Relations”, Federalism and International Relations, Michelmann and Soldatos, eds. Clarendon Press, Oxford.

Soldatos, P. (1990): “An Explanatory Framework for the Study of Federal States as Foreign-policy Actors”. Federalism and International Relations, Michelmann and Soldatos, eds.

De hecho, tampoco está muy claro si Sánchez ha utilizado más obras de Cornago, además de la que cita todo el tiempo en la tesis. En un momento de la tesis se dice (pág. 67): “Sin ánimo, insistimos, de hacer una investigación profunda sobre la diplomática de las regiones, señalaremos a continuación (ver Cuadro 3) las principales acciones desarrolladas por estos entes subnacionales. Para ello, utilizaremos como principal referencia los trabajos desarrollados por Cornago (2000 y 2010) partiendo del concepto de normalización, antes referido, y con el cual el autor califica la acción exterior de las regiones en las Relaciones Internacionales. También, será referencia la investigación de Colino (2007)”. Pues bien, el “Cornago (2000)” no aparece más en la tesis, ni tampoco en la bibliografía final, y la verdad es que nos quedamos sin saber a qué texto de Cornago se refiere esa cita.

Por último, y ante esas dudas sobre los textos de Cornago realmente utilizados, es más que probable que su (o sus obras) sean también fuente original de otras citas que se hacen en la tesis a trabajos como los de Aldecoa y Keating (1999) o Zhimin (2005), por ejemplo.

 “The New Economic Diplomacy”

Un caso parecido, aunque distinto, al anterior, es la utilización de la obra de Bayne y Woolcok (2011) The New Economic Diplomacy. A tenor del número de citas que se hacen en la tesis de este libro (12 citas), no cabe duda que Pedro Sánchez lo manejó. Más allá de que también es muy posible que de ese texto se deriven algunas citas de segunda mano -Odell (2000) y Putman, en Sánchez (Putnam, en la realidad) (1988)-, llama la atención el poco rigor que muestra el autor al referirse a los verdaderos trabajos que utiliza de ese libro. Ese es un libro colectivo editado por Bayne y Woolcock, pero con capítulos de muchos autores. De hecho, teniendo en cuenta las páginas que cita del libro, parece que el autor de la tesis sólo se refiere a ideas de los dos primeros capítulos del libro (Nicholas Bayne and Stephen Woolcock, “What is Economic Diplomacy?” y Stephen Woolcock, “Factors Shaping Economic Diplomacy: An Analytical Toolkit”). Sólo uno de esos capítulos, el primero, es citado en una ocasión en el cuerpo del texto (pág. 48); en todas las demás hay referencias genéricas al libro, no a cada uno de estos dos trabajos, al que correspondiera la cita en cada caso.

Obviamente, tampoco en la bibliografía final constan esos dos capítulos específicos (unas 40 páginas de un libro de casi 400), que el lector tiene derecho a conocer. Ah!, y a lo largo de toda la tesis rebautiza al Stephen Woolcock: más o menos la mitad de las citas es “Woolcock” (su apellido original) y la otra mitad “Woolcok” (sin esa c antes de la k, que no sirve de nada en spanglish). Y tampoco es que dé mucha importancia al orden de los autores, que realmente es Bayne y Woolcok (2011): Sánchez a veces utiliza Woolco(c)k y Bayne (2011) y otras Bayne y Woolco(c)k (2011)…, “tanto monta, monta tanto”.

Citando abstracts

De las muchas irregularidades que se pueden encontrar analizando el uso de las fuentes por parte de Pedro Sánchez, un ejemplo interesante es una cita al trabajo de Asquer (Asquer, A. (2012): What is Corporate Diplomacy?”. http://ssrn.com/abstract=2009812), en la página 273 de la tesis. Pedro Sánchez escribe:

“Asquer (2012) plantea diferentes acciones que englobarían la diplomacia corporativa369: lógicamente, su principal objetivo sería la consecución de ganancias y ventajas empresariales para la compañía; pero también, la DC trataría de establecer condiciones favorables para el desempeño empresarial. Así, dependiendo de las circunstancias, las empresas tratarán de persuadir a los Estados y organismos reguladores para aprobar friendly-rules mientras que, en situaciones ya consolidadas, tratarán de entorpecer cualquier cambio legislativo que provoque cambios en el status quo del mercado en el que operan. Finalmente, la salvaguarda de la reputación de la empresa, prevenir conflictos y crear y ampliar las oportunidades de negocio estarían, a ojos de este autor, dentro del ámbito de acción de la DC”.

La cita de referencia es la siguiente:

369 Asquer, A. (2012): What is Corporate Diplomacy?”. http://ssrn.com/abstract=2009812.

Como se puede observar, se cita el “abstract” del trabajo (véase el enlace en Internet), y no la obra completa. De hecho, el texto original completo prácticamente no habla de lo que dice la tesis que habla, sino de cuestiones conceptuales, desde una perspectiva cognitiva-lingüística, tal y como se explica en su interior, al hablar del objetivo del estudio:

“This study aims to analyze the concept of corporate diplomacy, that is, the organizational behavior aimed at implementing favorable conditions for carrying out corporate activities. By following a cognitive-linguistic approach, the analysis outlines the meaning of corporate diplomacy along various dimensions, and in relation to other ‘bordering’ concepts such as diplomacy, economic or commercial diplomacy, negotiation, and public relations”.

Así pues, es una verdadera incógnita saber de dónde ha surgido el párrafo de explicación de la obra de Asquer, a no ser que a partir de la lectura del abstract se hayan generalizado algunas ideas de sentido común sobre la diplomacia corporativa, que son las que se vierten en esas líneas.

Citando trabajos de alumnos…, eso sí, de alumnos de Columbia!

En la página 23, cuando el autor de la tesis está hablando sobre la diplomacia económica e distintos países, escribe:

“Del estudio de las estrategias de diplomacia económica realizadas por los países destacan el proyecto de investigación, recientemente publicado, por la Universidad de Columbia (2012) con el nombre de “Exploring Public and Economic Diplomacy” en el que se analizan las acciones que sobre la materia se han puesto en marcha por los Gobiernos de Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido, Brasil, Rusia y Turquía”.

No es fácil encontrar la referencia a esa investigación de Columbia en la bibliografía, ya que no se cita por “Universidad de Columbia (2012)”, sino que hay que deducir cuál es el origen de ese trabajo. Cuando uno lo encuentra, ve que la cita al estudio es un tanto extraña (sin siquiera contener el título del supuesto proyecto de investigación). La cita en la bibliografía final es:

-Final Report SIPA Capstone Project (2012). Team: Borchmeyer, S.; El- Rayess S.; Gibson, A.; Kalms, D. Lee, T. O’Brien G.; Ritchie, K.; Tobias, S. bajo la supervisión de Christopher J. Loso de la School of International and Public Affairs, Columbia University. Capstone Project Final Report- Spring 2012.

Pues bien, esa supuesta investigación es un trabajo de un curso de posgrado hecho por alumnos (véase lo de “Team”), en un programa de la School of International & Public Affairs (SIPA) de la Universidad de Columbia. Utilizar ese tipo de documento –un trabajo de alumnos- para referenciarlo como “fuente” de autoridad, nada menos que para ofrecer un repaso a la acción de la diplomacia económica en Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido, Brasil, Rusia y Turquía, es totalmente inaceptable en una memoria de investigación.

Los bailes de fechas!

En los trabajos académicos de Sánchez en torno a la diplomacia económica, publicados antes y después de la tesis, hay citas que divergen con las de la tesis, aun cuando los contenidos son los mismos. Un buen caso es el del trabajo “AZUELOS, M., “Les évolutions de la diplomatie économique américaine”, en L’age d’or de la Diplomatie Économique. Géoeconomie, París 2010, pp. 2-19. En todos esos trabajos, esa es la cita que se utiliza, a pesar de que en la tesis todo el rato se alude a la fecha de edición como 2011, y también en la bibliografía final: Azuelos, M. (2011): “Les évolutions de la diplomatie économique américaine”, pps.2-19, Géoéconomie, Paris. Lo mejor del caso es que ninguna está bien, que el trabajo está en el número de Géoeconomie de “Hivier (invierno) 2010-2011”. Obviamente, si los trabajos se consultan y se citan bien, se evitan este tipo de errores.

Estos bailes de fechas, frutos del descuido y la poca atención –o peor, de que no se han manejado esas obras de primera mano-, son habituales en la tesis. Por ejemplo, cabe preguntarse por qué la obra de Bergeijk y Moons (“Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”) se cita en toda la tesis como Bergeijk y Moons (2010), y en la bibliografía la cita es: Bergeijk van Peter A.G. y Moons J.V. Selwyn. (2011): “Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”. La obra es de 2011, no de 2010.

Los bailes de fechas pueden ser causados por simples descuidos, pero también se pueden originar cuando un autor no usa fuentes originales, sino que “pica” de textos de autores de diversos lugares, y en esos lugares hay referencias o citas discordantes.

Las misteriosas referencias incompletas y las citas no referenciadas

La bibliografía de la tesis es un monumento al despropósito, tanto en el fondo como en la forma. Centrándonos sólo en esos aspectos formales –y más allá de la absoluta falta de rigor en la adopción de algún sistema de citas conocido: APA, Harvard, Sage…-, hay bastantes referencias que misteriosamente están incompletas, “a medio hacer”. No sabemos si los textos referenciados son libros, capítulos, artículos, documentos online.., y tampoco datos básicos sobre su procedencia, páginas, etc. Véanse las siguientes:

(Referencia en la tesis) Bergeijk van Peter A.G. y Moons J.V. Selwyn. (2011): “Does Economic Diplomacy Work? A meta analysis on the effect of economic diplomacy on international economic flows”.

(Referencia bien citada) Moons, Selwyn and van Bergeijk, Peter A. G., Does Economic Diplomacy Work? A Meta Analysis on the Effect of Economic Diplomacy on International Economic Flows (August 12, 2011). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=1908699 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.1908699

(Referencia en la tesis) Economía Mundial en Transformación, Edit: Paraninfo.

(Referencia bien citada) Durán Romero, G., García de la Cruz, J.M. y Sánchez Díez, A. (2011). Economía Mundial en Transformación. Edit: Paraninfo: Madrid.

(Referencia en la tesis) Eurosport Health: http://www.eurosporthealth.eu/en/creaciodiaeuropeu _en.asp y http://www.eurosporthealth.eu/en/creaciodiaeuropeu_en.asp

(Referencia bien citada) Imposible saberlo, ya que los enlaces ya no dirigen a ningún documento.

Y hay muchos más del mismo tipo:

Amolo, T. (2009): “Some thoughts on Economic Diplomacy and its impact on International Relations” (¿Nada más?)

Berridge, Geoff R., Alan James (2001): (¿Entrada de los autores?), A dictionary of Diplomacy, Ed. Palgrave Macmillan, Basingstoke, Paris.

Kishan R. (2000): “Diplomacia Interior”. Capítulo 4. y Capítulo 6 (¿Dos capítulos del libro de un mismo autor?). Edit. Manas, Nueva Delhi.

Ögütcü, M Mehmet y Saner, Raymond. Julio de 2008. EurasiaCritic Magazine. (¿Qué es esto, que además no se cita en el cuerpo de la tesis?)

Van Bergeijk Van, Peter A.G., y Moons S. (2011): “Economic Diplomacy and Economic Security”. (¿Nada más?).

Zakaria, F. (1997): “The rise of Illiberal Democracy”. Council on Foreign Relations. (¿Nada más?)

Ante esta falta de pulcritud bibliográfica, solo caben dos posibilidades: o el autor es el colmo del descuido (igual que su director, miembros del tribunal, etc.), o las referencias forman parte de ese gran cúmulo de “lecturas de segunda mano” que acaban siendo citadas también “de oídas”.

La misma causa suele ser habitualmente la responsable de que a veces se citen en el cuerpo de la tesis autores (normalmente pillados al vuelo en otras lecturas) que no aparecen en la bibliografía final. En la tesis hay bastantes, entre otros Abott (2011), MacNaughton (2011), Rivas y Sánchez Díaz (2007), Lecours (2002), citados una vez. Pero hay alguno más llamativo, como Melissen, citado varias veces, que tampoco se recoge en la bibliografía final.

Todo este desorden y caos de citas y referencias se unen a los enormes problemas de identificación de trabajos, autores, etc., que ya se han destacado en otros lugares, por ejemplo con el divertido enredo de las citas a Kishan Rana (véase Jesús Alfaro Águila-Real https://derechomercantilespana.blogspot.com/2018/09/la-tesis-del-doctor-sanchez-esto-va-de.html?spref= tw) o a Tom Amolo (http://blogs.periodistadigital.com/desdeelatlantico.php/2018/09/17/algunos-ejemplos-de-fraude-intelectual-e).

El colmo de la vagancia

Por otros indicios que hay en la tesis (11 referencias a esa obra, sobre temas variados, y reproduciendo algún cuadro literal), parece que el autor de la tesis sí ha manejado la obra Saner, R. y Yiu, L.D.P. (2001): “International Economic Diplomacy: Mutations in Post-Modern Times”, Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’, La Haya. Por eso llama la atención que un momento de la tesis, a la hora de diferenciar la diplomacia económica de otras diplomacias, el autor de la tesis dice, en la Nota 53 (pág. 42), que va a utilizar la traducción que de las ideas de Saner y Yiu hace un autor español, Rebollar (Rebollar G. (2010): Notas sobre diplomacia económica, pps. 25-34). A continuación, toda la página 43 está dedicada a copiar (sin comillas y de forma literal) la traducción que Rebollar hace de los cinco tipos de diplomacia económica explicados por Saner y Yiu.

Aquí el texto de Rebollar, traduciendo y sintetizando a Saner y Yiu:

“En Saner y otros (2001) se aborda la problemática mencionada en el punto anterior y apuntan una clasificación de los diferentes actores de la nueva diplomacia:

– Diplomacia económica: engloba el trabajo de los funcionarios de ministerios sectoriales responsables de organismos multilaterales de economía y comercio, y a los funcionarios que realizan el seguimiento de las políticas económicas y comerciales de otros países.

– Diplomacia comercial: incluye principalmente el trabajo de las oficinas comerciales en el exterior en la promoción de exportaciones y la captación de inversiones extranjeras.

– Diplomacia empresarial: es la actividad de los ejecutivos de las empresas multinacionales en sus relaciones exteriores, tanto en las tareas realizadas en la sede central como en las sucursales en el exterior.

– Diplomacia del negocio: es la parte del trabajo de los ejecutivos de una multinacional que tiene relación con los Gobiernos con el fin de influir sobre una legislación concreta, participar en concursos públicos o realizar campañas de imagen ante los Gobiernos, las ONG u otros medios de opinión.

– Diplomacia de ONG nacional: cuando su papel se extiende fuera del país.

– Diplomacia de ONG multinacional: se trata de redes bien conectadas en los principales países que llegan a ser prescriptores de opinión y a condicionar las políticas de los Gobiernos y de las empresas (por ejemplo, Greenpeace).

A continuación el texto de Sánchez, sin entrecomillar, exponiendo las ideas de Saner y Yu, vía Rebollar (se señalan en negrita las “aportaciones” del autor que tratan de enmascarar la literalidad):

Saner y Yiu (2001)53 diferencian la diplomacia económica del resto de acciones diplomáticas en función de los actores implicados en la misma (…). Así:

– La diplomacia económica: incluye la tarea desempeñada por los funcionarios de los Ministerios encargados de las relaciones con los organismos multilaterales de economía y comercio, y la de los funcionarios que realizan el seguimiento de las políticas económicas y comerciales del país.

– La diplomacia comercial: recogería la labor realizada por las Oficinas Comerciales en el exterior en la promoción de las exportaciones y la captación de inversiones extranjeras.

– La diplomacia corporativa: (es) la actividad de los ejecutivos de las empresas multinacionales encargados de las relaciones externas tanto en la labor que realizan en la sede central como en las oficinas en el exterior.

– La diplomacia de los negocios: (es la parte del trabajo de los ejecutivos de una multinacional que tiene relación con los Gobiernos con el fin de influir sobre una legislación concreta, participar en concursos públicos o realizar campañas de imagen ante los Gobiernos, las ONG u otros medios de opinión) la acción realizada por las empresas ante las Administraciones Públicas y Organismos Internacionales con el fin de influir en legislaciones concretas, concursos públicos, etc.

– La diplomacia de la ONG multinacional y nacional: (se trata de) redes conectadas en distintos países que tratan de condicionar las decisiones de gobiernos, organismos multilaterales o regionales, y de empresas multinacionales.(y de las empresas (por ejemplo, Greenpeace)

Este es un caso que muestra especial “vagancia” y “desidia”, ya que no sólo cita, sino que utiliza como traducción, de “segunda mano”, un texto de terceros sobre un original que el autor de la tesis ha trabajado con toda seguridad directamente en inglés.

Otros deslices… imperdonables en un trabajo doctoral

La tesis está inundada de otros cientos de detalles –y de no tan detalles- que invalidarían cualquier trabajo académico mínimamente presentable. Por supuesto, ya se ha escrito bastante sobre la frase “El presupuesto total de fabricación del A-400M alcanzó los 20 billones de euros”, pero ese “error” no es puntal. En la referencia ya comentada al informe alemán sobre lo que supone el deporte en Europa, y que Sánchez toma de “segunda mano” de Libro Blanco sobre el Deporte 2007, el problema con los “billones” se vuelve a repetir. En el Libro Blanco se hace referencia a esa cifra de esta forma: “generó un valor añadido de cuatrocientos siete mil millones de euros”; en la tesis de Sánchez, parece que se multiplican por mil: “el Valor Añadido del deporte europeo supuso 407 billones de euros” (página 156). Por otra parte, cuando es necesario utilizar el concepto de billón europeo (como en la página 249), el autor no lo hace, y dice: “Con todo, entre 2008 y 2009 se registró una recuperación en el ritmo inversor de los países con PIDM alcanzando valores nunca observados en la última década: 4.494.354,64 millones de euros”. En el apartado 8.4.6. (Las relaciones de inversión entre España y los países PIDM), en el que se interpretan unas Tablas de Ministerio (Tabla 42 en la página 251, y Tabla 43 en la 254), esa confusión se repite de forma sistemática: al comentar los datos en el texto en lugar de hacerlo en “miles”, se hace en “millones” (convirtiendo así las cifras de “miles de millones” en “billones” de euros!!!!). Uno se pregunta si realmente el economista doctor Sánchez, y Presidente del Gobierno de España, sabe realmente qué es un billón (en castellano).

De otro tipo es un “error” menor –pero que es imposible que pase inadvertido a cualquiera que se dedica al mundo de los textos académicos- que se comete en la bibliografía, cuando se subraya, como si fuera el título de un libro (ese es el criterio que más o menos sigue el autor), el nombre de la editorial. Véase en la página 326: Barston, R. (2006): “Modern Diplomacy”. Longman Publishing Group. Londres. Sin duda es una tontería, pero tonterías como ésta muestran a las claras la absoluta falta de cuidado y profesionalidad con la que se hace un trabajo.

El análisis “econotétrico”

Incluso para un no economista como quien escribe estas líneas (pero a quien le guste la estadística y lee los libros de Econometría que estudia su hija en primeros cursos de la carrera de Economía), el análisis empírico que se realiza en la tesis (ya se sabe, correlaciones, regresiones lineales, series temporales, etc.) se podría encuadrar como como un buen ejemplo de “análisis econotétrico”. El análisis de correlaciones que realiza Sánchez (o quien sea) y la regresión lineal (primero múltiple pero fallida, y después ya lineal), ajustada para las “peculiaridades” de que trabaja con series temporales (bueno, miniseries, con N=11, que por cierto, cuyos datos bien se podrían mostrar en una sencilla Tabla), no tiene ni pies ni cabeza, a pesar de la rimbombante utilización del método “Cochrane-Orcutt”. De hecho, la conclusión a la que llega con ese análisis (que, por cierto, uno no sabe muy bien qué pega ese “estudio” en un estudio de las innovaciones en diplomacia económica) es tan simple (y a la vez tan ‘peligrosa’) como la siguiente (página, 259):

“Podemos concluir que el modelo que explica las exportaciones a través de las importaciones es muy bueno”.

No se le ocurre al autor ni siquiera comentar tal conclusión, ni relacionarla con la extensa investigación (de calidad) que existe sobre esa “relación” entre las importaciones y exportaciones. Se queda tan tranquilo sin ni siquiera abordar el discutido asunto de la cointegración de las exportaciones e importaciones a largo plazo, tan común en ese campo.

En torno a esta cuestión (sobre la que prefiero no continuar) deberían decir algo los economistas, sobre todo aquellos que defienden una investigación económica de calidad. Es patético leer lo que se ha escrito sobre la tesis en Nada es Gratis, ese blog de economistas ilustres que desde su torre de marfil hablan una y otra vez de las malas prácticas educativas e investigadoras en nuestro país, que las comparan con sus “experiencias y prestigio internacional”. Con todo ese bagaje, no se les ocurre decir otra cosa que lo siguiente:

“No todos los programas de doctorado tienen como objetivo formar investigadores de primera línea que publiquen en revistas de prestigio académico internacional. Por esta razón muchas de las tesis que se producen en España no aportan realmente novedades científicas, sino que sirven para tener una certificación con valor legal que permite acceder a la docencia universitaria, o dar un cierto empaque a un currículum (por ejemplo el de un político con escasa experiencia fuera de su campo).

(…) Muchos de los expertos que están opinando sobre la tesis de Pedro Sánchez, algunos considerados en los medios de comunicación como verdaderos gurús de la economía, o bien no son doctores en Economía o bien sus tesis tampoco han pasado por el filtro de haber sido publicadas en revistas académicas de prestigio internacional. Creemos que la opinión pública debería ser consciente de ello.

Otros expertos, citados de forma anónima en uno de los muchos artículos cargados de intencionalidad política publicados estos días, pero que supuestamente han pasado el filtro del reconocimiento internacional y que supuestamente han leído la tesis de Pedro Sánchez, ponen en duda la calidad de la tesis dudando de su capacidad de dar lugar a publicaciones de prestigio (que ya sabemos que no lo ha hecho) o de dar acceso a una plaza en un departamento académico de primer nivel (que tampoco), pero olvidan la realidad de la universidad española al no avisar que lo mismo ocurre con muchas otras tesis doctorales”.

Decir que la tesis de Sánchez es “normal” (estadísticamente normal), que es un ejemplo más de la mala calidad de muchas tesis –cuando el análisis “econotétrico” es de aurora boreal-, y además desacreditar a los ‘gurús de la economía’ que no son doctores y la critican –cuando ellos viven en la Web of Science y ni se han debido leer el trabajo-, es todo menos presentable.

Bibliografía 2×1

Saltando de nuevo a temas menos “profundos”, pero que muestran una vez más la dejadez con la que se ha gestionado la tesis del Presidente, queda comentar alguna cosa sobre la bibliografía final. De hecho, las páginas finales de referencia en muchos casos son una buena síntesis del esmero y cuidado –o de la superficialidad y descuido- con el que se ha hecho un trabajo de este tipo. Ya se han comentado algunos temas que afectan a la cita de trabajos, pero este último (la “Bibliografía 2×1”) es más que revelador.

En las páginas finales de referencias hay dos obras que se repiten dos veces. No hay mucho más que decir. He aquí los casos (el primero, un tanto especial, ya que es la obra más citada en la tesis…):

Bayne N. y Woolcock S. (2011): The New Economic Diplomacy. Edit: Ashgate, Burlington. (pagina 326)

Nicholas Bayne y Stephen Woolcock, “The New Economic Diplomacy”. Second Edition, 2011. Global Financial Services, Edit: Ashgate, Burlington. (página 335)

 

Pluijm van der, R. (2007): “City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics”. Netherlands Institute of International Relations. ‘Clingendael’, La Haya.

Van der Pluijm, Rogier.City Diplomacy: The Expanding Role of Cities in International Politics. 2007. Netherlands Institute of International Relations. Clingendael, La Haya.

 

Las consecuencias de los botones que no cazan los programas antiplagio

No merece la pena continuar con más ejemplos el desmadre y la chapuza académica, aunque “haberlos haylos”. No está nada claro que pequeños esfuerzos de análisis como éste, al que tantas veces nos dedicamos en el mundo académico, por el bien de la investigación, del rigor y de la verdad, tengan mucho sentido en el enorme alboroto que se ha generado en torno a la tesis de Sánchez. Tampoco está claro o no si por cuestiones como éstas –y por las muchas otras que han ido apareciendo, unas bien argumentadas, otras menos- un Presidente debe dimitir, debe acudir o no al Congreso de los Diputados, o qué debe hacer. Por supuesto, es bastante ingenuo pensar que los famosos programas antiplagio puedan hacer el trabajo de captar los innumerables problemas de malas praxis, como estos, que hay en las tesis y los trabajos de investigación. Las tesis doctorales son primeros trabajos de aprendices de orfebre, no los primeros martillazos de un herrero en prácticas –con todo el respeto para los herreros, sobre todo para aquellos que no quieren pasar por orfebres cuando no lo son-, y los software de coincidencias se ocupan más de los martillazos que de las filigranas.

El objetivo de este artículo es muy simple: sería una pena, sobre todo para el mundo académico, que todo esto quedara en una anécdota. Dediqué más de cuatro años de mi vida a trabajar de “sol a sol” en mi tesis, con sacrificios enormes para mí y para mi familia,  y aprendí que si queremos ser un país presentable el trabajo bien hecho está lleno de desvelos por cosas tan pequeñas como estos “botones de muestra”, que tan a menudo son pisoteados. Creo que en España hay miles de investigadores y profesores universitarios que, como yo, trabajan apasionadamente por dignificar el mundo académico, por evitar que nuestros colegas en el extranjero vean nuestro  mundo académico como un mundo de pandereta, y que no desean que el ruido, el debate y la confusión que ha generado toda esta polémica se quede sólo en eso. Que el Presidente del Gobierno diga en un programa de televisión en prime time (el programa de Ana Pastor) que su tesis doctoral es una tesis “normal”, no hace ningún favor a la academia y a la investigación de nuestro país; más bien, muestra un gran menosprecio por ellos. Es más, cualquier doctor e investigador “normal” podría preparar casi un curso de Doctorado –o al menos, varias sesiones de un curso- con las malas prácticas de la tesis del Presidente (desde las más nimias, pero importantes, hasta las más graves e inhabilitantes).

Habrá que aprender alguna lección de todo este caso, y la lección no puede ser que en nuestro país da igual que en todos los ámbitos de la vida gobierne el espíritu de la trampa y la picaresca.

 

 

(*) Razones para el anonimato de este trabajo. Hay muchas razones que explican que el autor de este artículo opte por el anonimato, pero tres destacan sobre las demás.

  1. En el mundo académico estamos acostumbrados a que las investigaciones se soporten por sí mismas, por la fuerza de las pruebas y los argumentos que esgrimen, no por su relación con una cierta autoría, que siempre condiciona la interpretación del texto. Por eso existe la blind review (la revisión ciega), que tanto ayudaría en otros ámbitos –también en el periodismo- a trabajar por la búsqueda de la verdad.
  2. Creo que un análisis como éste (sin ni siquiera entrar al fondo del tema de la tesis) sería parte, sólo parte, del estudio que cualquier doctor con un poco de experiencia (como el autor del artículo) haría de los aspectos de los que depende la calidad y la honradez de un trabajo doctoral.
  3. Soy un simple doctor que no anhela notoriedad ni protagonismo, y que desea seguir desarrollando su actividad académica “normal” sin ser objeto de dimes y diretes, y menos aún del dedo acusador de todo un Gobierno de España.

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Tres siglos en 54 años

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Foto del acto de presentación del libro de Beatriz Becerra en la sede del Europarlamento Europeo en Madrid. Tomada de http://mep.euwatch.eu/2606343247.html

(Presentación en Madrid del libro Eres liberal y no lo sabes de Beatriz Becerra. Editorial Deusto, 2018)

Quiero felicitar a Beatriz por este libro. También a Deusto y a su editor, Roger Domingo. Sé que llevaba muchos años buscando a alguien que escribiera un título así. Lo consiguió y pienso que no podía haber mejor autora que Beatriz Becerra. Ella misma confiesa que no sabía que era liberal hasta que se sorprendió siéndolo. Esto confirma que ser liberal es una cierta manera de mirar al mundo desde unos principios, en vez de una ideología a través de la cual mirar al mundo.

Esta manera amistosa, amena y hasta cierto punto ingenua que emplea Beatriz para narrarnos su aventura intelectual y política con el Liberalismo es enormemente seductora. Pero eso no significa que sea menos rigurosa. Casi me caigo de espaldas el viernes cuando me descargué mi ejemplar de The Economist y traía un manifiesto para reinventar el Liberalismo. Pues las coincidencias entre ese manifiesto y el libro de Beatriz son enormes, tanto a la hora de señalar los errores que ha cometido el Liberalismo como a la hora de sugerir por dónde debe discurrir su futuro.

Una coincidencia clave, por ejemplo, es la de que ambos señalan que el Liberalismo ha permanecido de espaldas ante cuestiones como la igualdad de género, la sexualidad, el amor al terruño, el medio ambiente, la igualdad de oportunidades… y ambos sostienen que, sin los principios liberales, el mundo no gozaría de la prosperidad que hoy disfruta.

Me gusta mucho de este libro que recuerde esa frase de Keynes de que “no se trata de que el Estado haga lo mismo que el mercado ya hace un poco mejor o peor, sino de que se encargue de lo que no hace en absoluto”. Y me gusta su insistencia en que el Liberalismo y el Nacionalismo son incompatibles. Como lo son el Liberalismo con el Populismo. También me gusta su europeísmo, natural en alguien que pasa tanto tiempo en Bruselas. Pero pese a la burocracia europea, pienso que Europa es el único proyecto de civilización hoy vigente que merece la pena.

En el pasado, quizá había más proyectos de civilización a los que apuntarse: la carrera espacial, el genoma humano, las Naciones Unidas… Hoy, cuando la ONU sólo es un sitio para colocar a izquierdistas que jubilaron los votantes, secuestrado por su Consejo de Seguridad, la Unión Europea, con todos sus defectos, es el único proyecto al que aún vale la pena apuntarse.

Por eso, esta frase de Beatriz evocando la saga de La Guerra de las Galaxias es tan afortunada: “Europa es la República antes de que el Lado Oscuro se hiciera con el poder”.

Yo también comparto con ella el aprecio por el “centrismo insurgente” de Macron, aunque no pierdo de vista sus ribetes de populismo mainstream, como se ha dicho.

Con todo, hay aquí párrafos realmente acertados. Déjenme leerles uno que me parece brillante:

“Como liberal, no necesito ser judía para oponerme al antisemitismo, ni musulmana para defender la libertad de culto, ni negra para luchar contra el racismo, ni yazidí para exigir la protección de las minorías. No necesito ser mujer para defender los derechos de las mujeres, ni discapacitada para defender los derechos de las personas discapacitadas, ni LGBTI para defender los derechos de las personas LGBTI…” (Página 39)

Creo que aquí hay una clave del Liberalismo moderno. Y digo moderno, porque la globalización no existía en tiempos de Adam Smith. Y esa clave es que el Liberalismo hoy es capaz de reconocer la igualdad esencial de derechos de nuestra especie de una forma que antes no hizo. Los padres fundadores de EEUU defendían la esclavitud, The Economist no apoyó el sufragio femenino, los Liberales españoles se apoyaban indiscriminadamente en el voto y en los espadones… en fin. La historia del Liberalismo está llena de reinvenciones. Pero hoy, como nunca, somos conscientes de que la Humanidad sufre cuando la libertad de uno solo de nosotros se ve menoscabada por la acción de otros hombres.

Pero no creo que la misión del presentador de un libro sea colmar a la autora de elogios. Sobre todo, si te has leído el libro. Además, si me aplico lo que he dicho al comienzo -que ser liberal es mirar el mundo a través de unos principios-, ¡cómo no voy a ejercer mi derecho a la discrepancia!

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De izquierda a derecha. John Müller, Beatriz Becerra y Cayetana Álvarez de Toledo. Selfie del autor.

Voy a limitar mis desacuerdos a dos puntos y a una anécdota:

Resuelvo rápidamente la anécdota. Beatriz se pregunta cómo es posible que Thomas Jefferson, padre de la Constitución estadounidense, pidiera un gobierno federal lo más pequeño posible y no se preocupara del grado de opresión de los gobiernos locales, en este caso estatales. Bueno, una repuesta posible es que a su lado estaba su discípulo, James Madison, que hizo el camino inverso al de Jefferson: empezó creyendo que debía existir un gobierno federal fuerte y acabó aceptando un equilibrio entre los estados y el poder central. De hecho, no pocos estadounidenses creen que la capital del país se debería llamar Madison DC en vez de Washington DC.

En todo caso, tanto Jefferson como Madison fueron capaces de alumbrar un mecanismo de frenos y contrapesos casi perfecto. Su interés por el desarrollo de instituciones perfectibles contrasta con el cortoplacismo de la política mundial y española actual. Allí, Trump hace locuras por Twitter y aquí, el doctor Sánchez prefiere proceder a desmantelar aspectos clave de nuestra institucionalidad económica con la osadía que sólo brinda la ignorancia y la ambición sin freno.

Respecto de mis dos desacuerdos con tu libro, estos son:

1º El Liberalismo no puede rendirse ante el gobierno grande y el Estado benefactor.

Discrepo de esta afirmación que haces en la página 123: “Creo que los liberales debemos comprometernos con el estado de Bienestar, con los servicios públicos esenciales y, por tanto, con la igualdad de oportunidades”.

El Estado moderno, que apenas tiene 200 años de antigüedad, es una manifestación reglada y civilizada de la opresión de la mayoría sobre el individuo, pero no deja de ser una forma de opresión. Si el Liberalismo no se centra en el individuo, las personas estamos perdidas. Y una cosa son las personas ejerciendo la acción colectiva y otra es el colectivismo y el colectivo que Ortega y Gasset llamaba “las masas”.

Resulta cansino hablar contra el Estado en España, porque yo sé que la mayoría de los españoles creen que el Estado es justiciero, que les ayuda a tener lo que creen que nunca van a tener, que protege sus derechos, que evita los abusos de los poderosos, que financia obras como el AVE que nunca serán rentabilizadas…

La misma autora demuestra que es una buena española: en la página 35 nos dice que los Estados-nación tienen “el poder de conceder derechos a los individuos”. ¡Noooo! Las Constituciones existen para que el Estado sepa que esos derechos y libertades que figuran allí son inalienables y son una severa limitación de su capacidad de acción. Lo primero que debe el Estado es respeto a los derechos y libertades de las personas, porque esos derechos y libertades son anteriores al Estado y a la propia Constitución.

Esta idea del Estado protector y justiciero es lo que nos lleva a la patología colectiva hispana de pensar que lo público es idéntico a lo estatal. Y no es así. Hay partes de España donde hay autopistas públicas que gestiona un privado y cada usuario paga por su uso. Los medios de comunicación que no son estatales son empresas privadas que prestan un servicio al público. Hay países como Chile o Singapur que no tienen Sanidad pública y la gente no muere en las calles como dice la propaganda. Es más, la esperanza de vida en Chile bajo un modelo privado de Sanidad es de 82 años. Apenas uno menos que en España.

Creo que los liberales debemos seguir distinguiéndonos por la apuesta por un Estado y un gobierno -que es su administrador circunstancial-, pequeño. Y frente al Estado de Bienestar socialdemócrata debemos plantear la existencia de una Sociedad de Bienestar, un modelo mucho más flexible -con un papel mucho más relevante de la iniciativa privada y de la sociedad civil-, sobre todo ante los embates de la globalización que se traducen en deslocalización de empresas, pérdida de empleos, de eficiencia y de competitividad. El bienestar está huyendo de Europa y el que no quiera darse cuenta de ello que eche una mirada a las cuentas de la Seguridad Social española.

Un Estado pequeño no significa unas leyes débiles, como un Estado grande no garantiza que las leyes se cumplan. España es la demostración viva de lo que digo: si hay un problema en este país no es la calidad de las leyes, sino la dificultad para que se cumplan.

Cabe traer aquí la reflexión que hacía Paul Samuelson en una de las introducciones a su famoso Manual de Economía. Si nadie respetara las luces rojas, el sistema de semáforos sería costosísimo porque habría que poner un policía junto a cada uno de ellos. Es decir, debe existir un cierto nivel de consenso en el respeto a la ley, de lo contrario esta resulta inaplicable por costosa.

Este ejemplo, sin embargo, me viene de perillas para ofrecer otro argumento para que los Liberales sigamos recelando del Estado y su poder: las nuevas tecnologías. ¿Y si ponemos un radar online en cada semáforo? Bueno, efectivamente, ahí hay una posibilidad tecnológica de perfeccionar la coacción. Y es esa combinación entre las aspiraciones del Estado moderno y la tecnología lo que me hace temer que, si abdicamos de la exigencia del gobierno limitado, caminamos ciegamente hacia una dictadura que, además, a muchos les gustará. La dictadura de la psicopolítica que dice Bjung Chul-han con aquella frase de “protégeme de lo que quiero” de la artista Jenny Holzer.

 

2º No hay razón para el optimismo: viejos enemigos con nuevos ropajes.

El libro de Beatriz es profundamente optimista y yo discrepo de esa visión. Y lo explico. En mi vida, y sólo tengo 54 años, he tenido la suerte de vivir en tres siglos. Hasta los 25 años, que cumplí en 1989, viví en lo que hemos llamado el siglo XX, el siglo de las dos grandes guerras mundiales, el siglo de la Guerra Fría. Y lo vi acabarse. El 9 de noviembre de 1989, desde la redacción de El Mundo, asistimos a la caída del Muro de Berlín y el sistema de países de lo que se llamaba socialismo real o comunismo se vino abajo.

Desde ahí y hasta 2016, cuando cumplí 52 años, viví en lo que yo llamo “el pequeño siglo XXI”. Un periodo maravilloso, en lo individual y en lo que concierne a la Humanidad, o sea a vosotros. En esa época nació Internet, y la productividad y el bienestar se dispararon por todo el mundo con el advenimiento de nuevas tecnologías. En esos 27 años, China, Brasil y la India sacaron un número de personas de la pobreza que nunca nadie imaginó. El mundo se hizo más igualitario que nunca. Fue un tiempo tan próspero que pensamos que duraría para siempre. Aprendimos a inflar burbujas y hacia el final, una muy gorda estalló. Los gobernantes no hicieron más que agravar las cosas.

Con todo, fue un tiempo magnífico. La década de 1990 fue realmente prodigiosa: Gorbachov, Bill Clinton, Mónica Lewinsky, Regreso al Futuro, Michael J. Fox… también desaparecieron esas detestables hombreras y los pelos eléctricos… todo eso fue estupendo.

La globalización se expandió por todo el planeta pese a ese agricultor francés rabioso que quemaba los McDonald’s y que ha sido compañero de Beatriz en el Parlamento Europeo: José Bové.

La globalización se proyectó con una fuerza inaudita gracias a tres motores: la libertad de comercio, que ya la conocíamos, pero nunca había llegado hasta estos extremos (gracias Pascal Lamy por todos tus desvelos), la libertad de movimiento de capitales (que curiosamente acabó con la necesidad de tener cuentas en Suiza) y la libertad de movimiento de personas. Estas tres fuerzas han sido claves en la consecución de la prosperidad actual.

Pero llegó la segunda semana de julio de 2016, la que comenzó el lunes 11 de ese mes. Yascha Mounk, un profesor de teoría política de Harvard tuvo el acierto periodístico de llamarla La semana en que murió la democracia en la revista Slate. Yo la rebauticé como La semana en que murió la globalización. En sólo siete días, una crisis política en Londres acabó con lo que quedaba de David Cameron después del referéndum del Brexit y dio paso a Theresa May, cuyo nuevo mandato pasó a ser el de sacar al Reino Unido de Europa. Un ataque terrorista en Niza puso de manifiesto la vulnerabilidad de nuestros países ante el fanatismo fundamentalista. Un golpe de estado fracasado en Estambul puso fin al sueño de un modelo democrático en Turquía compatible con el islam, y un multimillonario grosero se transformó en el candidato republicano a la presidencia de EEUU. No nos lo creíamos, pero ese tipo que metía mano descaradamente a las mujeres ganó las elecciones.

Todo eso pasó en menos de siete días. Ahí, señores y señoras, empezó realmente el siglo XXI o lo que sea esto donde nos hemos metido. Sólo sé que llevo dos años advirtiendo de que la globalización se ha frenado y que va a empezar a ir marcha atrás. Que los tres motores que he mencionado están gripados. Y que esto va a tener consecuencias sobre nosotros y sobre nuestras vidas.

No me quiero extender sobre los sistemas iliberales que Beatriz también analiza. China, por ejemplo, apenas descubra una narrativa tan seductora como la del constitucionalismo estadounidense, se alzará como única potencia de la Tierra. Y mucha gente apostará por la eficacia y el bienestar económico y preferirá subordinar las otras libertades a su bienestar. Eso ocurrirá tan pronto el gigante asiático abandone su somnolienta historia de emperadores y dinastías y encuentre un relato seductor que pueda globalizar tan fácilmente como su comida.

Así que no soy optimista como la autora. Pero, por lo mismo, creo que tu libro es imprescindible porque estoy seguro de que, al leerlo, muchas más personas descubrirán que son liberales y no lo sabían.

¡Enhorabuena!