Lo que ha fallado en Chile no ha sido el mercado sino la política

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(Sentados) Guillermo Tagle, el ministro chileno de Hacienda Alberto Arenas, el empresario Bernardo Larraín y (de pie) John Müller.

[Texto presentado en el Foro de Icare (Instituto Chileno de Administración Racional de Empresa) denominado “¿Cómo viene el 2015? el martes 17 de marzo de 2015. Esta versión incluye en un color distinto los siete párrafos que fueron omitidos por el autor debido a que se había excedido en el tiempo marcado para su intervención. Aquí el vídeo del acto.]

Acabo de presentar en Madrid un libro cuya lectura recomiendo y que me parece imprescindible. Se trata de Economía a la intemperie, obra de mi amigo Andrés González, economista, y de su esposa, la filósofa Rocío Orsi, desgraciadamente fallecida poco después de acabar la obra. Este trabajo plantea una cuestión inquietante: ¿Por qué asumimos automáticamente que el futuro es la mejor alternativa? ¿Por qué damos por supuesto que hay una salida a las crisis? ¿Y si resulta que no fuera así?

Este sesgo del hombre moderno a favor del progreso es el que el historiador inglés Herbert Butterfield criticaba en su opúsculo de 1931 La interpretación whig de la Historia. Arremetía en él contra los intelectuales que buscaban en el pasado argumentos para glorificar el presente y, sobre todo, para dar la razón a los defensores del parlamentarismo constitucional que eran precisamente el ala whig de Westminster en aquel entonces. Esta reescritura del pasado además de ahistórica buscaba justificar el adanismo que invade la política actual.

Hecha esta advertencia, paso a describir mi visión de la situación actual.

Qué duda cabe que el gran factor que ha irrumpido en el escenario global ha sido el desplome del precio del petróleo. Su impacto geopolítico es enorme. No parece que sea suficiente para ahogar al Estado Islámico en Oriente Medio, pero sí es posible que mantenga contra las cuerdas al gobierno de Maduro en Venezuela, cuya subsistencia es muy dudosa. También está haciendo un daño considerable a la Rusia de Putin, cuya economía retrocederá un 3% en 2015, lo cual no significa necesariamente que no se produzca una agudización del conflicto de Ucrania.

Sus efectos económicos son enormes. De hecho, la bajada del petróleo está enmascarando una situación de estancamiento económico que es peor de lo que pensamos. Los que han hecho reformas estructurales crecerán más (es el caso de EEUU y de España, por ejemplo) y los que no las han hecho, que son la gran mayoría, caerán menos. El FMI advertía que el gran problema es la caída de la inversión y la disminución del crecimiento potencial. Y la bajada del petróleo no incentiva a los países a abordar reformas que mejoren ese crecimiento.

El caso de EEUU es interesante. Está creciendo y creando empleo. Curiosamente esto se atribuye a la política monetaria de expansión cuantitativa y nunca se le da crédito a otro factor que ha mejorado brutalmente su competitividad pero que es odiado por los medioambientalistas: el fracking. Esta actividad ha convertido a EEUU en un exportador de hidrocarburos, disminuyendo su dependencia y mejorando los costes energéticos.

¿Cuánto durará la era del petróleo barato? El mercado del crudo es uno de los más imperfectos y manipulados de la Tierra. Lo que está claro es que el factor geopolítico es muy importante y tiene que ver con el nuevo espacio que los dirigentes saudíes quieran ocupar en el mundo. La nueva independencia energética de EEUU ha modificado el alcance del pacto del Quincy alcanzado entre Roosevelt y el fundador del reino saudí, en febrero de 1945.

La política monetaria es el segundo gran elemento que da forma a la coyuntura económica. El cambio de sentido de las mareas monetarias al que obliga el desmantelamiento de la política de Quantitative Easing de la Reserva Federal será el gran protagonista de los próximos años. Ya hay efectos concretos: hasta 24 bancos centrales han bajado tipos en lo que va de año, el último ha sido el de Corea del Sur. Entre las decisiones más importantes está la del Banco Central Europeo de iniciar, con seis años de retraso respecto de EEUU, una política expansión cuantitativa que es lo que está detrás de la reciente depreciación del euro. Esto forzó a Suiza a convertirse en el primer país que abandonó el euro al anular la política de paridad mínima del franco suizo con la moneda europea. Todavía falta verificar lo que suceda con los países emergentes, especialmente en Latinoamérica, donde sólo Perú ha bajado tipos en enero pasado.

Un efecto importante de la política monetaria acomodaticia es la burbuja de activos y deuda que se ha inflado en el mundo y especialmente en Europa. No tiene ningún sentido que estados como el español, que están a punto de superar un endeudamiento público equivalente al 100% de su PIB, sigan financiándose a bajísimo coste pese a que no han controlado su déficit público. Lo mismo sucede con otros países desarrollados con altísimo endeudamiento y bajísimo crecimiento potencial. Se da así la paradoja de que los ahorros de los países emergentes están financiando el bienestar de los europeos.

Pero hay más fuerzas en presencia, aunque algunas no se vean a primera vista. Las destaco porque me parecen importantes:

El debate de la desigualdad y sus efectos: Los trabajos de Thomas Piketty han posado la mirada en el capital y no en las rentas al hacer popular la idea de que el primero tiene un mejor retorno que las segundas. Aunque ahora Piketty ha clarificado que hay elementos institucionales y políticos que gravitan sobre la desigualdad de manera más importante que su famosa fórmula r > g, todo indica que el futuro debate tributario girará en torno a gravar stocks de riqueza y no flujos.

También juega a favor de esto la política monetaria: los bajísimos tipos de interés del dinero han alterado el valor de los activos, creando una falsa impresión de riqueza. Su normalización causará problemas. Defender el precio de esos activos impedirá financiar otros proyectos y generar nuevas rentas. Ante la acuciante falta de rentas no quedará más remedio que poner nuevos impuestos a la riqueza.

Por último subrayar que el debate sobre la desigualdad ha acallado otra discusión, quizá más importante: la del crecimiento, o mejor dicho, la de la falta de crecimiento El mayor factor de justicia social ha sido el crecimiento económico propiciado por el capitalismo y no el reparto. Lawrence Summers, secretario del Tesoro con Bill Clinton, reinterpretó la Gran Recesión con su expresión secular stagnation (estancamiento secular). Hablaba de que tal vez la economía de EEUU haya llegado a un punto en el que su potencial de crecimiento sea demasiado bajo como para poder sostener crecimientos del PIB per cápita sin políticas monetarias permanentemente expansivas; es decir, que sólo podría mantener un crecimiento aceptable creando burbujas. Y, aun así, ese nivel de crecimiento no sería demasiado elevado.

Ahora Summers habla de “crecimiento persistente sin empleo”, es decir el problema que se está planteando en economías que están saliendo de la crisis pero no crean empleo o incluso lo destruyen. Este economista sugiere que se trata de un fenómeno ligado a los avances tecnológicos que están sustituyendo fuertemente a los humanos.

El bienestar huye de Europa: Cuando Angela Merkel habla de la necesidad de hacer reformas estructurales para salvaguardar el modelo social europeo lo hace porque es plenamente consciente de que los Estados del Bienestar (con su educación, pensiones y sanidad universal) son insostenibles en el largo plazo. Lo son fundamentalmente por el factor demográfico y porque, de alguna manera, el bienestar huye de Europa porque otras partes del mundo lo están demandando de manera creciente. Y esa demanda se manifiesta en la forma de una demografía más vigorosa.

España, por citar un caso que conozco, perderá 2,6 millones de habitante la próxima década. Pero este balance no afecta a la pirámide población de manera igualitaria. En 2023 habrá 1 millón menos de niños menores de 10 años que en 2013. Pero habrá 1 millón y medio más de mayores de 65 años. Y el segmento de 20 a 49 años, donde está la fase más productiva de las personas, se reducirá en 4,7 millones.

El modelo económico español, cuyo crecimiento se produce por la demanda interna, tendrá que apoyarse en otros factores porque la España de 2023 será más vieja que la de hoy y se ha comprobado que los mayores gastan menos. Eso augura cambios desde el marketing hasta la sanidad. Y nuevos debates si tenemos en cuenta que según datos de la propia Sociedad Española de Oncología el 90% del gasto sanitario en los pacientes oncológicos se produce en los 6 últimos meses de vida y el 46% del gasto total en los últimos 2 meses de vida del paciente .

Neoproteccionismo: El proteccionismo, en realidad, nunca se ha ido. Durante años se dijo que si algo habíamos aprendido de la crisis de 1929 fue a huir del proteccionismo y de la falta de liquidez. Se ha inundado el mercado con dinero pero surgió un proteccionismo oculto: el proteccionismo financiero. No se puede denominar de otra forma lo que ocurrió en los mercados de capitales europeos durante la reciente crisis del euro. Hoy, aún quedan rescoldos y el proteccionismo se ha trasladado a la política monetaria.

Quisiera destacar un país: Turquía. Es una nación que está jugando un papel excepcional en el concierto mundial. No sólo es  clave en el actual equilibrio geoestratégico global, sino que está desempeñando un papel humanitario importantísimo sin la menor queja. Lo defino como “país interface” porque igual que un programa informático hace comprensible la actividad de un ordenador para el hombre, Turquía está conectando mundos muy diversos (el orden occidental con el caos de Oriente Medio, el Islam con el Cristianismo, la paz de Europa con la violencia de Siria e Irak, las ambiciones de Rusia con el equilibrio del Mediterráneo, el nuevo mundo ruso-asiático con Europa…) y lo hace de manera muy eficaz y hasta gana dinero gracias al efecto frontera que esto produce en su economía.

Turquía, en vez de encerrarse en sí misma y blindar sus fronteras para protegerse, está absorbiendo todos esos shocks, procesándolos y traduciéndolos para todos, demostrando una capacidad de cooperación enorme.

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La situación de Chile: El gran asunto del que se habla hoy en Chile es de la corrupción. Esto ha venido a ocultar que el Gobierno de Michelle Bachelet entró en 2015 en un compás de espera que se parece mucho a la tierra de nadie. La intensidad con que aplicó sus reformas en el primer año erosionó la confianza de la sociedad, sembró la incertidumbre entre los empresarios hasta el punto de que el crecimiento ha caído en 2014 a menos de la mitad del registrado en 2013, e instaló en la política chilena un paradigma que desincentiva la cooperación y la búsqueda del consenso a cambio de la imposición del criterio de la mayoría.

Cuando uno asiste al debate en Chile, da la impresión de que este país limita al norte con Suecia, al Este con Alemania y al noreste con Suiza, es decir, con el promedio de la OCDE. Estamos todo el día comparándonos con la OCDE. El problema es que para tener Suecia se necesitan suecos. En ese sentido, al instalar este nuevo paradigma, el Gobierno está desperdiciando la gran oportunidad histórica que se había dado este país de alcanzar el desarrollo. En el promedio de la OCDE lo más ejemplar había sido hasta ahora el modelo chileno. Un modelo mucho más original que los demás. Y cuando ellos nos empezaban a mirar para copiar nuestras instituciones, de pronto hemos decidido ponernos a importar una agenda socioeconómica que por lo demás se quiere imponer unilateralmente.

Apenas ha existido voluntad para rectificar la reforma tributaria. Debo admitir que he estado en Chile en marzo de 2014, en agosto, en octubre y ahora y he notado que el discurso del ministro de Hacienda ha cambiado en los últimos meses, pero en ese momento no lo hizo. La justificación de la reforma ahora ya no es aumentar el gasto social en educación sino hacer más eficaz el sistema de recaudación tributaria, según ha dicho la presidenta hace unos días. Esto no es lo mismo. La reforma educativa sigue presa en su desenfoque original: es una reforma del gasto más que una reforma educativa. Cuando se empiece a hablar de las nuevas habilidades que necesitan los jóvenes chilenos para afrontar el futuro se habrá terminado este mandato presidencial.

Y en la recámara está la reforma laboral destinada a privilegiar al lobby sindical y a ligar el incremento de las remuneraciones a la capacidad de daño que se le pueda infligir a una de las partes -el empleador- en vez de mantenerla vinculada a los aumentos de productividad como manda la lógica económica. He visto funcionando mercados laborales como el que define esa reforma y voy a decir una sola cosa: no funcionan. Sólo reparten el desempleo. Si Chile quiere tener un paro estructural del 14% al 18% -cosa que más adelante diré por qué es insostenible- sólo tiene que imitar la legislación laboral española con su negociación colectiva: una auténtica máquina de destruir empleo que ha generado más de 5 millones de desempleados.

Los institucionalistas como los profesores Acemoglu y Robinson siempre destacan el papel de las instituciones en las sociedades exitosas. En ese sentido, el mercado libre es una de las mejores  instituciones que se ha podido ofrecer a los chilenos en los últimos 40 años. El mercado es el gran articulador social de la nación, en nuestro país cumple un papel que no tiene nada que ver con el que realiza en los demás países de la OCDE. Los chilenos hacen su vida en el mercado: en él desarrollan libremente su vida profesional, se educan, cumplen sus sueños, se casan, adquieren bienes y servicios, se enriquecen y también se arruinan. Pero el mercado es un terreno de juego donde, pese a las desigualdades, los chilenos saben que el dinero de un rico y de un pobre vale igual, sin importar su apellido, cosa que no está nada clara que ocurra en otros ámbitos. Por eso hacer trampas en el mercado debería ser delito de lesa libertad.

Y como el mercado es el gran articulador social, el empleo se convierte en el gran factor de socialización de la población adulta. Quedarse sin trabajo en Chile es mucho más grave que en otros países porque supone caer en la marginalidad, significa desengancharse de la Nación. Por eso es tan importante que el país mantenga una tasa de crecimiento que sostenga un alto nivel de empleo. Incorporar nuevas rigideces al mercado laboral no va a ayudar a ello.

Recordemos lo que antes decía Summers sobre el “crecimiento persistente sin empleo”. Y yo me permito recordar que esto ya ocurrió en los años 70, cuando en una situación similar, de fuerte incorporación de tecnología a los negocios, EEUU recicló rápidamente su fuerza laboral gracias a su flexibilidad mientras que Europa respondió endureciendo la legislación lo que incentivó aún más la sustitución de mano de obra por capital y empeoró los índices de desempleo en los 80.

Esa apuesta  ya está en marcha. Ayer me contaron que en el norte de Chile hay empresas mineras que manejan sus camiones y sus máquinas de carga utilizando la tecnología de los drones. Es decir, unos muchachos de 25 años, sentados en una oficina en el barrio El Golf de Santiago con aire acondicionado, hacen el trabajo de varios operarios en el desierto calcinante. No sé si el Gobierno es consciente de la destrucción de empleo que se producirá en las empresas donde la nueva legislación laboral puede resultar más crítica y que preferirán sustituir una mano de obra a la que el Gobierno incentivará para que cree conflictos por un pacífico capital tecnológico. Pienso en la minería, las salmoneras o la exportación de fruta.

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Y entonces llegaron los escándalos de corrupción. La literatura académica demuestra que la corrupción política daña a los países, sobre todo reduciendo la inversión y el crecimiento como ha demostrado Paolo Mauro (1995). Una mejora equivalente a la desviación típica en los índices de corrupción (pasar por ejemplo de 6/10 a 8/10) causa un aumento de la inversión de más de cuatro puntos porcentuales y el PIB crece medio punto porcentual en términos anuales.

La corrupción también altera la asignación del talento. Allí donde la captura de rentas es más lucrativa que la actividad productiva, los mejores y más educados se dedican a lo primero.

La corrupción también reduce la efectividad de las transferencias de ayuda a los países en desarrollo. De manera similar, en el ámbito nacional, reduce la efectividad de las transferencias a los más desfavorecidos.

La corrupción erosiona la recaudación fiscal cuando toma la forma de evasión fiscal.

La corrupción puede desestabilizar la política fiscal de un país, especialmente allí donde el Estado puede proporcionar crédito a través de bancos o institutos públicos.

La corrupción puede provocar un deterioro de la calidad de las infraestructuras públicas y los servicios.

La corrupción puede afectar la composición del gasto del Gobierno. Hines, por ejemplo, comprobó en 1995 que la venta internacional de aviones militares era una actividad particularmente susceptible de ser corrompida.

Existen estudios que demuestran que la corrupción perjudica sobre todo el gasto educativo: una mejora equivalente a la desviación típica está asociada con un aumento de medio punto del PIB en el gasto en educación.

Los estudios no son concluyentes sin embargo con esta cuestión: ¿Es la corrupción la que modifica el gasto público o es el gasto público el que modifica la corrupción? De hecho no se sabe si los gobiernos corruptos dictan más normas sólo para tener más callejones oscuros donde cobrar sobornos.

Los casos de corrupción que hoy se conocen en Chile son de dos tipos: uno tiene que ver con la financiación de la política, que es el caso Penta, y otro tiene que ver con el tráfico de influencias y la política de incompatibilidades, que es el caso Caval, donde quizá sea difícil probar la existencia de un delito, pero va a resultar complicado encajar un pelotazo multimillonario como el de Machalí, dado por el hijo de la presidenta de la República, en la sociedad igualitaria que preconiza la Nueva Mayoría.

A estos dos habría que sumar el caso SQM donde, según diversas fuentes, habría otros 40 políticos que habrían emitido “boletas ideológicamente falsas”.

Estoy seguro de que Chile no era tan limpio y honorable como pensábamos, ni es tan corrupto como parece hoy. Me parece significativa la repulsa ciudadana que vemos en Chile. En España también la hubo, pero fue curioso que muchos políticos acusados de corrupción fueran reelegidos en sus cargos. Realmente la crítica social sólo cobró entidad cuando la crisis económica se extendió por el país. Entonces fue cuando se percibió la desgracia que supone que todos los partidos políticos “empaten” en casos de corrupción. Eso es el famoso “y tú más” que obliga a los ciudadanos a escoger entre Calígula o el caos. Es en ese momento extremo cuando han surgido partidos populistas como Podemos, cuyos promotores tienen una gran afición a mencionar la guillotina.

La combinación de corrupción y crisis económica es mortal para las instituciones. No hay que olvidar que la gran corrupción se asienta en conductas sociales. Es muy irresponsable atribuir toda la culpa de la corrupción a los políticos cuando es la sociedad la que da sustento a esas conductas. En España, por ejemplo, la familia es una institución que muestran una gran tolerancia hacia ciertas conductas corruptas como el evadir el IVA o cobrar el salario en dinero negro. Otra vez: necesitamos suecos para tener Suecias. ¿Por qué los ministros alemanes dimiten por plagiar sus tesis doctorales? Porque a los alemanes desde kínder se les enseña que “copiar es malo”. En cambio los países latinos enseñamos que lo malo es “que te pillen copiando”.

En un artículo publicado en El Mercurio el día de Año Nuevo, sostenía que la incertidumbre había sido generada por el estilo intransigente exhibido por el Gobierno en su primer año. Aunque no se ha producido un cambio de gabinete, quizá la de ahora sea una coyuntura adecuada para ese cambio de estilo. Puede ser que la nueva comisión anticorrupción, que rompe con el paradigma de las mayorías, como subrayaba Carlos Peña en El Mercurio este domingo, sea el primer indicio de un cambio.

Hay tres cosas que el Ejecutivo podría plantearse para señalizar un cambio de estilo y de paso mejorar el ambiente económico en Chile. Primero, revisar a fondo la reforma tributaria. Incluso podría avanzar en la dirección de implantar en el país una tarifa plana tributaria que iguale o acerque los tipos de los impuestos de sociedades y de la renta. No sería ninguna herejía ya que el Partido Socialista Obrero Español propuso la implantación de un tipo único en 2004.

En segundo lugar, crear una comisión para volver a analizar la reforma laboral desde la perspectiva del crecimiento y la cooperación en vez de desde la que estimula la confrontación social.

Y en tercer lugar, cambiar el discurso oficial. Dejar de criminalizar a los contribuyentes, que son los ciudadanos. Dejar de criminalizar a los dueños de colegios concertados. Dejar de criminalizar a los empresarios. Prometer que se van a construir consensos eficaces y eso sólo se puede hacer desde la Presidencia de la República.

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Los casos de corrupción se producen en la zona de contacto entre lo público y lo privado, entre el Estado y el sector privado. Es evidente que mientras más amplia y más opaca sea esa zona de contacto, más probabilidades existirán para que haya corrupción. La derivada es lógica: mientras más activo se muestre el Gobierno en regularlo todo, mientras más recursos reclame vía impuestos de la sociedad, es decir mientras más amplia sea la acción del Estado, más zona de contacto existirá y las fricciones serán mayores. Más callejones oscuros surgirán en las esquinas del Estado para que los cazadores de rentas puedan medrar.

Voy a leer un párrafo reciente del profesor Benito Arruñada que El País ha publicado bajo el título tópico de ¿Más o menos Estado? En realidad el título original de Arruñada era mucho mejor, se titulaba La Excusa del Buen Gobierno. Dice así: “Cuanto mayor es el campo de decisión de políticos y funcionarios, más favores distribuyen y más fuertes son sus tentaciones. De ahí que la corrupción esté tan ligada al peso del Estado. Para reducirla, los gobernantes deberían tomar menos decisiones, pero el español aún cree que el Estado es la solución de todos sus problemas, y los políticos le dan lo que pide. Igualmente, lejos de limitar la actuación del Estado, muchas propuestas de regeneración sólo buscan mejorarla, dando por supuesto que ello es posible”.

Lo peor es que estos casos nos brindan una gran ocasión de cometer más errores. Se habla, por ejemplo, de imponer la financiación estatal de la política. ¡Otra vez el Estado como solución cuando la evidencia es la contraria! En España y en Italia existe la financiación pública de la política y eso no ha evitado los escándalos. Incluso con fuertes subvenciones públicas, los partidos han generado esquemas corruptos para mantener una financiación paralela

El modelo norteamericano de financiación política, basado en la libertad y transparencia total, está funcionando y pienso que genera menos corrupción que el modelo de intervención pública.

El problema real está en que la política se ha vuelto carísima. El presupuesto de la última elección midterm en EEUU superó los 6.000 millones de dólares. Quizá sería más inteligente trabajar en medidas que abaraten efectivamente la política que en pagarla con dinero público.

Lo que más me ha llamado la atención de los casos recientes es la implicación delictiva de funcionarios públicos y lo poco que se habla de medidas para incrementar la probidad de estos servidores. ¿Ha realizado el Servicio de Impuestos Internos una investigación introspectiva tras descubrir que había funcionarios suyos implicados? ¿Tiene este organismo un departamento de asuntos internos que garantice que no hay más corruptos en su plantilla? Esto plantea una cuestión muy interesante y que necesita una redefinición urgente en Chile: ¿Cuál es el ámbito de la política y cuál el del servicio civil? No es normal que un 30% o un 40% de las personas que han administrado el Estado salgan de sus puestos cuando cambia el Gobierno. Esto sólo ha sido visible cuando ha habido rotación real en el poder. Y no es una cuestión que se pueda resolver sólo con una política de incompatibilidades. Hay que trabajar bajo el principio de las mejores prácticas de gobernanza que asignan al político la facultad y el deber de fijar los fines y dejar que sean los funcionarios civiles los que actúen sobre los medios.

Todo esto que está sucediendo nos recuerda a los más viejos de este país los tiempos en que a los amigos y correligionarios se les prestaba el dinero público en mejores condiciones que a los demás –que bueno sería que el Banco del Estado hiciera público a quién y en qué condiciones se le presta el dinero de los contribuyentes-, o cuando las carreteras se rompían de un año para otro porque constructores inescrupulosos usaban malos materiales en las contratas públicas. Tomo del libro El cascabel al gato de José Piñera la intervención que hizo el presidente Frei Montalva en 1968 sobre la seguridad social chilena: “Hay dos mil leyes sobre previsión en Chile…Sin embargo, el ejecutivo no tiene medios de parar esta monstruosidad. En cada grupo de previsión hay muchas leyes con nombre y apellido. En Chile hay 30 cajas de previsión y 70 servicios de bienestar en organismos complementarios de seguridad social. Hay casos fabulosos. Los hípicos tienen nueve cajas de previsión. La Caja de los Ferrocarriles del Estado existe sólo para pagar asignaciones y préstamos, es decir, un absurdo. Hay dos mil cien empleados de notarías y archivos judiciales que han sacado 27 leyes de previsión”.

Curiosamente lo que ha fallado estrepitosamente en Chile no ha sido el mercado sino la política. Primero se conformó con reducir a meros clientes a los ciudadanos. Como los malos futbolistas, aquellos que no saben jugar al fútbol sin balón, los políticos no supieron participar en el partido sin mangonear desde el Estado. Como el paradigma entonces era que éste fuera chico y mandara poco, dieron un paso al lado y abandonaron la gestión de las cuestiones cívicas, entre las cuales una de las más importantes era la participación ciudadana que se veía limitada por la existencia de dos Chiles: el de los inscritos y el de los no inscritos. Estos dos tipos de ciudadanos se vieron interpelados desde el poder como meros usuarios del país y no como sus legítimos accionistas, que es lo que son. Después, percibido el descontento, la clase política ha reaccionado a la antigua: ofreciéndose a intervenir para, teóricamente, igualar la cancha, repartiendo bonos y subvenciones, ofreciéndose a pagar la cuenta de la educación, fijando los porcentajes de música chilena que se deben oír, expropiando el tiempo de los estacionamientos. Cuando lo que realmente ha faltado es construir un discurso para el ciudadano, que recargara sus valores cívicos, y que atendiera a una de las quejas de éstos que no se quiere oír: los chilenos denuncian que no se les respeta. Pero esa falta de respeto lleva los ecos del viejo clasismo chileno. No es el mercado el que no les respeta y los trata desigualmente, sino una élite bien conectada a través de la política y los negocios que recibe un trato diferenciado de las instituciones, que se salta las reglas del mercado y que perciben que gestiona el país. Esa élite olvida que en el mundo moderno los países son “casas de vidrio” y que la soberbia es mala consejera para transitar por ellos.

* * *

Hay un elemento común a tres países cuya evolución sigo por motivos personales y profesionales: me refiero a España, Chile y Grecia. Los tres han transitado de la dictadura a la democracia en los últimos 40 años y hasta ahora los expertos juzgaban que lo habían hecho con éxito. Sin embargo, en el último tiempo ha florecido en estas tres naciones un discurso que considera que la transición no ha sido más que el segundo tiempo de la dictadura. En Grecia, ese discurso forma parte del acervo de Syriza. En España lo ha traído al debate público el nuevo partido Podemos y, en Chile, miembros de la Nueva Mayoría.

Este discurso presupone que la historia ya estaba escrita y que todo quedó atado y bien atado hace décadas. La situación actual, que no es siquiera comparable en los tres países, pero que tiene este discurso como característica común, sería un legado ominoso.

Afortunadamente, todos sabemos que la historia no está escrita. La muerte de Adolfo Suárez hace no mucho permitió recordar que la historia de España hubiera sido muy distinta si el golpe de Estado del coronel Tejero hubiera tenido éxito. Como hubiera sido distinta si el país no hubiera entrado en la Unión Europea y el euro, o no hubiera vivido los atentados del 11 de marzo de 2004. Lo mismo se podría predicar de tantos hechos de la historia reciente de Chile. La historia, por el contrario, es un proceso incremental, donde los chilenos o los españoles de hoy se alzan sobre los hombros de los chilenos y españoles de ayer, con todos sus aciertos y con todos sus errores.

Muchas gracias

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Bienvenido terremoto

John Müller, Andrés González y Miguel Sebastián en la presentación del libro. Foto: @alexroa66

(Texto leído en la presentación del libro Economía a la Intemperie de Andrés González y Rocío Orsi, en Madrid, el 24 de febrero de 2015.  Fue copresentador de la obra el ex ministro de Industria Miguel Sebastián. Dirigió el acto el editor de Deusto, Roger Domingo)

Da la circunstancia de que ayer hubo un terremoto en España. De 5,4 grados en un pueblo de Albacete que se llama como una actriz ya muerta. Nací y me crié en Chile, el país que ha registrado el terremoto más poderoso de la historia, y por eso sé que los terremotos son importantes. Un terremoto permite que el hombre tome consciencia de su pequeñez ante la Naturaleza, cosa que en España olvidamos a diario. Más aún, que el hombre tome consciencia de su igualdad con los demás hombres en esa pequeñez.

Cuando vives un terremoto de verdad, descubres de pronto que no hay adónde escapar. Que ningún sitio sobre la Tierra es seguro, porque ésta es la que baila enloquecida. Que las  marquesinas que te protegen de las lluvias son trampas mortales. Que los muros que fortifican nuestra intimidad pueden ser sarcófagos. Que un techo bajo el cual caerte muerto es realmente eso: un sitio donde caerte muerto. Y ves que no sacas nada con correr más rápido que tu vecino de al lado, porque ninguno sabe para dónde correr.

O sea, que un terremoto te deja a la intemperie. Como dice el título de este libro que está la economía desde la crisis de 2008. Ese estar a la intemperie es un acierto que los autores atribuyen a Javier Muguerza, que se refería a lo muy a la intemperie que está la ética, porque la acción humana, por racional que sea, no está al abrigo de verdades permanentes.

En ese sentido, bienvenido sea el terremoto si va a servir para desnudar nuestra soberbia y hacernos más solidarios. A ver si algunos dejan de pretender ser los más ricos del cementerio, como indican las conclusiones de Piketty.

La mala noticia es que el Estado de Bienestar no puede evitar los terremotos. Así que este seísmo deja en evidencia todo el debate del Estado de la Nación. Tampoco habrá una marea de color que vaya a protestar donde un ministro porque no existe el derecho a no ser terremoteado.

Pienso que Andrés González pudo arreglar este acto geológico para apuntalar la presentación de su obra. ¡Qué mejor que un democrático seísmo para subrayar un trabajo donde pone patas arribas el marco epistemológico en el que se desenvuelven los economistas y los que escribimos de los economistas!

He dicho que este será el libro revelación de la crisis y explicaré por qué. (Antes que nada tengo que declarar que me fascinan la Economía, la Historia y la Filosofía, así que un libro escrito por un economista y una filósofa ya tenía muchos boletos para ser premiado. Pero vamos al fondo del asunto. ¿Por qué creo que será el libro revelación?) Primero porque cuestiona todas las certezas de la economía moderna. Y lo hace con eficacia y racionalidad. La economía no es una ciencia exacta y sus leyes en realidad las escriben los abogados. Segundo, porque esta incertidumbre es una oportunidad para rescatar la economía del ámbito de los expertos y traerla al debate cívico que es donde debe estar. Hay que convencer a los ciudadanos de que nadie cuidará mejor el fruto de su esfuerzo que ellos mismos. Eso se llama “madurez”. Tercero porque este trabajo defiende el capitalismo, una interpretación matizada del capitalismo, pero capitalismo en definitiva. Y en cuarto lugar porque este libro contiene un desafío lógico al demostrar que no tiene por qué haber un camino de salida de la crisis.

La lectura de este libro me llevó a este otro: Butterfield y la razón histórica. Y eso me permitió acariciar esta afirmación tan sorprendente y amenazadora a la vez: ¿Y si no hay salida a la crisis? ¿Y si no está escrito que esto vaya a terminar bien? Cuenta Rocío Orsi en su libro que Butterfield denunció esta “interpretación Whig de la historia” porque con ella se estudiaba el pasado con vistas al presente y no al pasado mismo. Se construye así un discurso ahistórico.

No voy a perder mucho de mi tiempo en explicar cómo este síndrome de la “interpretación Whig de la historia” está hoy presente en la vida española. Miremos ese discurso sobre la Transición que la define como el segundo tiempo del franquismo que se está haciendo tan popular. Me sentí muy reconfortado al leer en Infolibre el otro día a Juan Ramón Lucas, un colega con el que no tengo cercanía ideológica, un artículo que se titulaba “Vale ya con la tontería del 78”. Y decía: “¿Recuerdan en Podemos la matanza de Atocha? ¿Dónde estaban cuando nos manifestábamos en la calle y mataron, por ejemplo, a Arturo Ruiz?… Vale ya de despreciar aquel esfuerzo, vale ya de ningunear a quienes tuvieron el valor de renunciar y la generosidad de trabajar para el futuro, vale ya de la tontería del ‘sistema del 78’”.

Construir hoy un relato en el que la Transición parece una maquinación de nuestros abuelos es tan absurdo como juzgar a los protagonistas de esta crisis con lo que sabemos ahora. Por eso no tengo nada claro que el informe de los peritos permita probar de manera evidente que las cuentas de Bankia no reflejaban la imagen fiel de la crisis. Reflejaban lo que se sabía en cada momento, salvo que se pruebe que lo que se sabía estaba manipulado.

Si Zapatero y sus asesores hubieran tenido claro que la crisis iba a ser tan larga probablemente la habrían encarado de otra manera. Y como sostuvo en su libro el fallecido David Taguas, al que tanto hemos recordado en estos días del primer aniversario de su muerte, la crisis fue mutando, mostrando distintas caras. Pasó de ser una crisis de liquidez a una de solvencia, de ser una crisis que afectaba a los activos privados a enfocarse en la solvencia de los Estados europeos para desembocar en una crisis que hoy cuestiona la posibilidad de los bancos centrales de controlar el crecimiento.

No puedo marcharme sin hacerle una crítica a Andrés. En el ritual del Seppuku japonés, como el afectado no siempre moría rápidamente, se designaba un ayudante en el suicidio, el kaishaku. Yo reclamo el derecho de haber inventado las auténticas presentaciones-suicidas en España, donde un ministro y un ex ministro pueden venir y hacer de kaishakus con el autor del libro o con sus ideas. Agradezco a Miguel Sebastian que lo hiciera con mis afirmaciones y no con mi cuerpo.

En fin, al grano, si hay una crítica que puedo hacerle a Andrés es que como Piketty, ignore el valor del capital humano. Lo soslayas tanto en el capítulo en que analizas el capital como en el conjunto de la obra. Me parece un error puesto que el capital humano, unido al efecto democratizador de internet, es uno de los grandes factores de riqueza en el mundo moderno. Pienso que algunas de vuestras sagaces conclusiones podrían enriquecerse con una visión más amplia del capital humano.

Por último señalar que la obra me pareció muy interesante desde el punto de vista económico, pero que donde me cautivó realmente fue en las partes que son sin duda aportación de Rocío. Tras la lectura de Butterfield… me parece que fui capaz de reconocer las principales ideas que alentaba. Noto la fuerza de sus convicciones en muchas de vuestras sentencias. Lamento enormemente no haberla conocido. Comencé a leer el libro más o menos en las fechas de su muerte. Y el descubrimiento de que una pensadora tan potente estaba a mi alcance me provocó un enorme estremecimiento, como un terremoto moral. Mi esposa es testigo del enorme desasosiego y de la tristeza que se apoderó de mí. Con su marcha, hemos perdido una mente privilegiada. Qué gran suerte tuviste, Andrés.

Muchas gracias.

Vida, muerte y resurrección del teorema de Baglini

Por Eduardo de Miguel (@edemiguel) desde Buenos Aires

Ni sus propios compañeros de bancada imaginaron que el pedagógico Raúl Baglini (1949), entonces joven diputado oficialista del gobierno radical de Raúl Alfonsín (UCR, 1983-89),  terminaría eternizando su reconocida esgrima legislativa en todo un teorema de la política occidental moderna.

“Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”, dijo en mayo de 1986 durante una maratónica sesión de la Bicameral de la Deuda Externa. Radicales en el gobierno y peronistas en la oposición discutían acaloradamente qué, cuánto, cómo y -si acaso- se debía rbaglinieconocer el terrible lastre que había dejado la bicicleta financiera promovida por la dictadura de la que salía el país.

Y es que el Teorema de Baglini debería llamarse el “Teorema de la Deuda”. En 1976, los militares habían tomado el poder en la Argentina con unos 8 mil millones de dólares de deuda externa. Tras los años de la plata dulce, lo habían entregado económicamente destruido y con más de 45 mil millones de deuda. En ese 1986, pagar sólo la mitad de los intereses (unos 2.400 millones de dólares) significaba entregar en cash casi un tercio de las exportaciones del país.

El peronismo reivindicaba en el Congreso el repudio liso y llano de la deuda heredada. Alfonsín había ganado las elecciones de medio término y hacia un primer esfuerzo por ordenar una economía sin inflación con el Plan Austral (1985), en línea con un intento similar de Brasil. Pero toda la región seguía endeudada hasta el cuello con los dólares baratos que habían sobrevolado a fines de los 70 (por qué será que uno tiende a asociarlo con la crisis del euro).

“A éstos les resulta fácil y popular repudiar la deuda, pero somos nosotros los que nos tenemos que hacer cargo, viejo”, pensó Baglini, y haciendo gala de su extraordinaria habilidad para exponer asuntos económicos ante el recinto parlamentario desarrolló su teorema en un pispás.

Después llegaría el Plan Brady porque hasta los bancos sabían que la deuda en Argentina (además de contraída por una dictadura) era realmente impagable. Pero sólo para dar paso a otro período de perverso endeudamiento con Carlos Menem: saltó de 65 mil a 120 mil millones de dólares, y escapó al crack vendiendo YPF a Repsol antes del gong. Seguiría el manotazo inservible del “megacanje” de Domingo Cavallo para ganar tiempo en 2001 con Baglini sentado otra vez en el Congreso, del lado oficialista “responsable” que justificaba el intento. Todo explotaría en la bacanal del default de 180 mil millones en 2002.

En 2003, el kirchnerismo convirtió entonces el Teorema de Baglini en un insulto aplicable a políticos cobardes que había que limpiar. Kirchner emprendió y cerró la más grande reestructuración (con quita) de la deuda que se conocería hasta la reciente griega. El Teorema de Baglini se ha roto, proclamó la Casa Rosada. La “cínica regla áurea de la clase política aborigen” ha muerto, sentenció el columnista preferido del oficialismo.

El Gordo Baglini, como se lo conoce todavía aunque luego adelgazó y dejó los trajes tamaño carpa, ha sido cuatro veces diputado y una senador. Hoy hace honor a su propio teorema esbozando posiciones conservadoras cuando se ve otra vez más cerca del poder, asesorando al precandidato también radical Julio Cobos (UCR), ex vicepresidente conservador de Cristina (2007-2011) excluido del oficialismo por exigir “sensatez” en la aplicación de impuestos al campo.

Pero Argentina no es un país fácil para los teoremas (ni para otros universales). Algunos de los bonos del megacanje de deuda fallido de 2001 son ahora los mismos que agitan los fondos buitres que acorralan a la sucesora del gran reestructurador, Cristina Fernández. Y a diferencia de Alfonsín, su gobierno ha radicalizado el discurso, en lugar de volverlo conservador, y desafía con orgullo juvenil al juez Thomas Griesa y a los fondos tenedores de deuda en default.

Desengañados, sin embargo, hay quienes juran haber visto resucitado al Teorema de Baglini (y no sólo a Baglini). Afirman, incluso, que nunca murió y cambian la vieja cita del ex diputado por una más actual de la Presidenta.

“Somos pagadores seriales de la deuda”, confesó varias veces Cristina, para justificar su firmeza ante el 3% de los acreedores que se negó a reestructurar. Hasta cierto punto, se la puede entender. La oposición argentina ha sido tan escuálida desde 2003 que el kirchnerismo, sin matarlo, neutralizó el teorema teatralmente ejerciendo los dos roles. Como si fuera un Harry Dos Caras que pintara de a ratos a Mariano Rajoy de un lado y a Pablo Iglesias del otro.

Igual, hay quien insiste en que Argentina pagó obedientemente a sus acreedores un dineral de bonos atados al crecimiento del PBI, cuyos índices incluso manipuló durante años hacia arriba para contentar a los tenedores y proclamar “tasas chinas” a un electorado que lo premió con el 54% de los votos en 2011. Y denuncian que el sector bancario fue el más rentable de la economía nacional en los largos años del modelo de “matriz productiva de crecimiento con inclusión social”.

Dicen, además, que el discurso radicalizado con los fondos buitres esconde un reendeudamiento ya no externo, sino interno, una bomba de relojería del tipo de la que dejó armada Menem. Que la relación deuda externa-PBI es muy baja, pero que fue sólo cambiada por deuda interna, una losa que volverá religiosamente conservador a cualquiera de los sucesores que pretenda domar la inflación (20 a 30%) y sacar al país del estancamiento en el que cayó por falta de inversiones.

Anuncian, en fin, que aunque Baglini no vuelva al Congreso ni siquiera al gobierno como asesor presidencial, su teorema volverá de entre los muertos. Si es así, para ese entonces, el kirchnerismo terminará de resucitar el teorema desde las bancas de la oposición.

Mientras haya deuda, habrá Teorema de Baglini. Quién sabe. Tal vez hayamos creado un nuevo teorema sin saberlo, como le pasó al Gordo.

The European Union, insurance against political adventurers

English version of the article published in El Mundo February 22, 2015.

(Versión en inglés de mi artículo publicado en El Mundo el 22 de frebrero de 2015).

The negotiation between the Eurogroup and the Government of Alexis Tsipras has revealed the enormous constraint posed by the European Union for any country wishing for eccentric solutions. Although there is still no fiscal union or Eurobonds, the common currency already represents a massive mutualisation of the country risk, and this is evident in the case of small countries of the euro.

The first restriction that often meets the desire of a politician is the reality. But it is easy to overcome it through narrative strategies. Pure demagoguery, exacerbation of national sentiment and targeting of enemies tend to be the most common mechanisms for “story-telling”. It is a hugely effective formula because profitability at the polls is high, and its cost is relatively low.

A second constraint of the will of the ruler are the markets. If markets lend them money to finance their politics, it’s fine. (It’s bad for future generations who will pay the debt, but the elections must be won in the present). But it can happen, as happened to Spain – at least moderately from 2010 and critically in 2012-, that markets penalize you and so, the risk premium raises. Then, the politician has no other choice than thoroughly rectify or design and implement more complex policies.

The euro is a restriction that is placed between the reality and the markets. Membership to this club allows you to challenge the reality with the help of your partners. If Greece were not in the euro, it would be in default from 2010 and outside capital markets. We must remember that in the 19th century, when Athens did not pay its external debt, it was marginalized from the international credit for 50 years.

But belonging to the club also implies a restriction. The Minister Varoufakis has been commissioned to verify to what extent the other democracies of the euro (which the Financial Times columnists tend to ignore) are willing to finance the mandate which the Greek people gave to Syriza. The test will come at a crucial stage on Monday, when the euro group will examine the viability of its economic measures. All narrative strategies should stay trapped into the strainer. I.e. the only choice for Tsipras is to undertake a deep reform of his country. As its ideological paradigm -Communist until 1991 and since then radical socialism- has not given rise to viable reforms in the EU, he has two options: or change the world (voluntarily abandoning the euro, EU and seeking the protection of Russia) or change his paradigm and be pragmatic, i.e. to take the path of Lula da Silva and others.

The Greek case shows how the EU works as life insurance against the adventurous policies. The restriction is greater the more weak is the country. This is what I meant in the presentation of my book Lions against gods when I said that EU membership affected strongly the wishes of those who requested the opening of a constitutional process in Spain. It is not the same to write down a Constitution from scratch, during a delicate transition in the midst of the Cold War, than to redefine the Spanish Constitutional Pact in an environment that has been already marked by the European Union.

The EU is an insurance against the follies of the revolutionary parties, but also limits the political innovation. Since it is hard to imagine that extremists succeed simultaneously in 28 countries, the only feasible revolution would be outside the euro or the EU. After the Greece case, this may also have an unexpected effect: so, even the more opportunistic politicians will seem to be acceptable to us once they show an understanding with the troika or its successors.

johnmuller.es@gmail.com

‘Leones contra dioses’, sus 4 sesgos y las 4 etapas de la crisis

La amenaza de nevada, el frío y la seductora invitación de los amigos de UPyD a manifestarse en la Puerta del Sol para exigir la dimisión de Mariano Rajoy conspiraban contra la presentación de Leones contra dioses en la Fundación Rafael del Pino el lunes 19 de enero.

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Pese a mis requiebros y advertencias climatológicas, no estaba claro que vinieran a verme.

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Al final, la respuesta del público -y ¿por qué no decirlo?, de los amigos del autor del libro- fue excepcional, como se puede apreciar en la foto.

Así lucía el auditorio de la Fundación Rafael del Pino para la presentación de 'Leones contra dioses'

Un aliciente extra fue que el autor ofreció por la red social Twitter que todos aquellos que se sintieran agraviados por el libro podrían asistir a la presentación y abofetearle si sentían ganas de ello. Lo cierto es que sólo uno lo hizo -el ex ministro Miguel Sebastián, uno de los presentadores que invitó el autor-, y lo hizo no como agraviado, sino en nombre de otra persona (el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero), pero lo hizo con brillantez y sin recurrir a la fuerza física.

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Las siguientes son, en el mismo orden en que se produjeron, las intervenciones del autor, la del ex ministro Miguel Sebastián y un resumen de notas tomadas por mí de las palabras del ministro Luis de Guindos. Antes intervinieron brevemente María del Pino, presidenta de la Fundación Rafael del Pino y anfitriona del acto, y Ramón Perelló, editor de Península/Atalaya, quienes presentaron a los invitados y la obra.

(Si lo prefiere puede ver el vídeo del acto completo pinchando aquí).

INTERVENCIÓN DE JOHN MÜLLER

Quiero dar las gracias a Luis de Guindos y Miguel Sebastián por estar aquí. Cuando creamos el suplemento Mercados de El Mundo, el actual director, Casimiro García-Abadillo y varias personas más estuvimos discutiendo sobre quiénes queríamos que fueran los columnistas estrella del  suplemento. Escogimos a Miguel y a Luis. No podíamos imaginar que ambos acabarían siendo ministros en dos gobiernos de signo opuesto. Así que puedo decir con gran orgullo que el suplemento Mercados, fundado en noviembre de 2007, ha dado más ministros a España en sus siete años de vida que muchas de las 50 universidades públicas que hoy tenemos.

Leones contra dioses es la crónica analítica de la etapa en que la prima de riesgo nos fue familiar en España. Abarca desde enero de 2010, cuando España es identificada con el riesgo griego debido al abultado déficit que habíamos generado, hasta el 18 de enero de 2013, día en que se publica que el tesorero del PP tenía varios millones de euros en cuantas secretas de Suiza. En ese momento afloran nuevas primas de riesgo: el desafío soberanista en Cataluña, la corrupción que alcanza a la estructura del partido en el Gobierno y Podemos, que todavía estaba en la fase de inquietudes sociales post 15-M.

Estas fechas enmarcan un proceso de grandes rectificaciones. La primera es la de Zapatero, cuando cae del caballo del keynesianismo. Después le seguirá Rajoy con el primer ajuste fiscal de diciembre de 2011, cuando dirá que no se esperaba lo que había encontrado y que alcanzará su punto más dramático en el famoso discurso del “no podemos elegir”, de julio de 2012, a mi juicio uno de las intervenciones clave nuestra historia moderna.

La prima de riesgo ha sido el principal agente reformista de nuestra historia democrática. Zapatero hizo al final más recortes que reformas dentro de su periodo y muchas de ellas al final se revelaron insuficientes. Rajoy, en cambio, ha hecho más reformas que recortes en su mandato, pero a partir de 2013 la intensidad reformista se detuvo y llevamos casi dos años administrando cambios muy menores.

Quiero destacar que Zapatero, pese a los condicionantes que padecía, nos legó una reforma constitucional que hasta hoy se sigue debatiendo en el seno del PSOE como un legado envenenado. Esta es una discusión ociosa. Primero, porque lo que dispone esa reforma ya ha sido incorporado a los tratados europeos. Aunque reformáramos la Constitución para liquidar el artículo 135, también habría una regla de déficit y gasto europea que cumplir.

En segundo lugar, frente a los que piden una reforma constitucional o la apertura de un proceso constituyente, quiero subrayar que éste estaría totalmente condicionado por nuestra pertenencia a la Unión Europea. No es lo mismo redactar una Constitución desde cero durante una delicada transición en medio de la GuerLEONES CONTRA DIOSES Müllerra Fría -donde los antecedentes básicos son históricos y técnicos, y los condicionantes históricos y políticos- que hacerlo dentro del entorno jurídico que ya ha definido la actual Unión. Redefinir el pacto constitucional español dentro de la UE sería extraordinario, y digo extraordinario por lo novedoso que sería desde el punto de vista de la técnica constitucional. Creo que se ha puesto poco énfasis en este detalle sobre el contexto en que se desarrollaría tal modificación. De hecho, pienso que a muchos actores de la vida política española realmente no les merece la pena iniciar un proceso reformista o constituyente bajo estas condiciones y buscarán sacar al país del proyecto europeo que a  mi parece que es el único proyecto de civilización vigente después de que EEUU cancelara la carrera espacial.

Y es en el papel que España juega en Europa donde creo que estuvo el mayor acierto del Gobierno de Rajoy. Creo que se reconstruyó una posición que había quedado muy debilitada. Es verdad que desde el punto de vista formal no hemos vuelto al consejo del BCE ni ostentamos una vicepresidencia de calidad como la que tenía Almunia, pero creo que sería injusto pensar que ahora estamos perdiendo poder en Europa tal como lo cedíamos a finales de 2011. De hecho, el veto de Rajoy y Monti en la cumbre de junio de 2012 fue decisivo para que Mario Draghi se animara a pronunciar sus famosas palabras de julio de 2012 en Londres y a las que se les atribuye el comienzo del fin del tormento de la prima de riesgo. No soy sólo yo quien lo dice, sino el ex consejero del BCE, José Manuel González-Páramo, un hombre que conoce perfectamente ese organismo y que en una conferencia reciente se extrañaba de la poca importancia que se le ha dado a ese veto en el cambio de actitud del BCE.

Por último, quiero agradecer a mi editor, Ramón Perelló, y al gran trabajo que han hecho los profesionales de Planeta con el libro. Agradecer también a los que colaboraron con el libro, en especial al fallecido David Taguas, que me animó mucho cuando éste era otro proyecto. También expresar mi gratitud a mis compañeros del diario El Mundo y mi amor a mi familia y a su infinita paciencia para conmigo.

Muchas gracias.

INTERVENCIÓN DE MIGUEL SEBASTIÁN

Gracias por la oportunidad que se le brinda a un ex político de criticar el trabajo de un periodista, cuando suele ser al revés… Voy a dividir la presentación en dos partes: En una primera parte me voy a referir a lo que más me ha gustado del libro, y en una segunda parte, a lo que menos me ha gustado. Con respecto a la primera parte (un breve silencio). Y con respecto a la segunda… Esto obviamente es una broma, porque mi amigo John Müller me ha pedido que sea breve, y que si hace falta prescinda de los elogios y “deje la sangre”, que es lo que le gusta a la audiencia.

Fuera de bromas, creo que se trata de un libro trabajado, concienzudo, especialmente en la LEONES CONTRA DIOSES Müllerparte financiera, ambicioso, porque va mas allá de lo descriptivo e interesante, porque aporta información no conocida, o poco conocida. Además, al contrario que otros, el libro va de menos a más, mejora a medida que va avanzando, lo cual es siempre de agradecer, y ello hace que enganche su lectura. Tiene una herramienta excepcionalmente útil, que es la cronología de la crisis, día a día, desde finales de 2007 hasta finales de 2013. Y narra muy bien todo el proceso de construcción del entramado institucional de la Unión Europea y de la zona euro. Que se ha ido haciendo, no rectificando como dice Müller, pero sí improvisando, sobre la marcha, y que hará que en el futuro las crisis financieras, esperemos, no tengan el impacto que ha tenido ésta.

Sin embargo, y ya entrando en la segunda parte, creo que el libro presenta 4 sesgos claros, y que el lector debe tener en cuenta. Que hacen que no sea un libro “de historia”, sino un libro de opinión, ilustrada eso sí con hechos, aunque a veces recogidos de forma selectiva.

  1. El primer sesgo es de enfoque. Prácticamente todo el libro se centra en la parte financiera y su relación con la política, pero entra poco de lleno en la economía real. Su descripción de la evolución de los mercados, bolsa y deuda, de la situación del sistema financiero, su solvencia y el impacto de sus sucesivas reformas, es exhaustiva. También es completo desde la óptica de la política fiscal y el desarrollo de las instituciones europeas, como decía antes creadas sobre la marcha. Pero se echa de menos la mención a la evolución de la economía real: el PIB, el empleo, la inflación/deflación, la balanza por cuenta corriente, cuyo superávit ya se ha esfumado, o el I+D+i…. el I+D+i, que ha vuelto a los niveles absolutos de 2004…y nos parecía poco entonces! Y es que tanto las reformas estructurales como las medidas de política económica no se toman por el que dirán de los mercados. Se toman porque son buenas para la economía. Si hay que tomarlas cuando te obligan los mercados es posiblemente porque no se tomaron cuando se deberían haber tomado. Y, por tanto,  la evaluación de su resultado debe hacerse no sólo desde el punto de vista de los mercados (la “salida” de la prima de la familia, como dice Muller) sino también desde el punto de vista de la economía real. Por ejemplo, el gobierno de Rajoy aun no ha recuperado el PIB real (la renta real de los españoles) que heredó cuando llegó a la Moncloa. No me refiero al que había antes de la crisis, en 2008, sino al que había a principios de 2012. Y lo mismo con el empleo.
  2. El segundo sesgo es el ideológico, o, si se prefiere, de escuela de pensamiento. ¿Es que no vamos a reconocer que el enfoque Keynesiano, con todos sus matices, ha ganado la batalla ideológica en esta crisis? ¿No vamos a reconocer que ha fracasado la interpretación alemana de su visión del euro y de Europa? ¿Es que no han ganado la batalla los anglosajones? ¿No vamos a aceptar que las políticas contractivas de demanda (recortar gasto y subir impuestos) han sido un error que no han conseguido no ya estabilizar la economía sino ni siquiera estabilizar la deuda pública? ¿Es que la Ley Presupuestaria de Aznar de déficit cero periodo a período (Buchanan) era mejor que la estabilidad presupuestaria a lo largo del ciclo? ¿De verdad debemos renunciar a las políticas anticíclicas?
  3. El tercer sesgo es sobre la conclusión: quién ha ganado a quién y por qué. Leones contra dioses. Desde mi punto no vista, no han sido los políticos nacionales lo que han derrotado a la prima de riesgo. Los mercados han sido “derrotados” cuando la Unión monetaria ha hechos sus deberes, desde un punto de vista institucional y de política monetaria. En 2009 los países actuaron conjuntamente, Europa actuó conjuntamente y se neutralizó el primer impacto de la crisis sobre los mercados. Lo que vino después fue la ausencia de una política auténticamente europea, así como la ausencia de las instituciones europeas, como el LTRO, el FEEF, el MEDE, la Unión Bancaria, y ahora la QE. Si todo ha sido por culpa primero y gracias después a las políticas nacionales, ¿cómo se explica entonces la evolución de las primas de riesgo (que tanto le gusta seguir a Müller) desde que llegó Rajoy? España: -67%, Grecia:-74%, Italia:-75%, Portugal: -83% e Irlanda: -88%. ¿Somos los peores? ¿Somos los que hemos hecho menos reformas?
  4. El cuarto sesgo es de tipo político, no exento incluso de rasgos de tipo personal. Recoge la envolvente de todo lo malo que se ha dicho sobre Zapatero y su gobierno. Todos los clichés.  Y algunos, que nadie ha dicho, de cosecha propia.. Y, no se asusten, pero voy a hacer algo inédito en Madrid: ¡voy a defender a Zapatero! Voy a mencionar algunos comentarios, solo unos pocos, porque el libro esta lleno de ellos y necesitaría mucho tiempo
  • “había un equilibrio entre política y mercados durante generaciones, hasta que Zapatero rompió ese equilibrio con su experimento keynesiano de 2009” (Pág.12). ¿A que se refiere con ese “experimento keynesiano”? ¿A cumplir con el acuerdo de la Cumbre del G20 de 2008 en Washington para implementar paquetes de estímulo del 1% del PIB en todos los países? ¿Acaso no fue ese acuerdo bien acogido por el mercado, por su rapidez y su magnitud? ¿Se refiere al Plan E? ¿Al Plan E que salvó la industria del automóvil? ¿Al Plan E que supuso un 1 punto del PIB cuando la deuda ha aumentado en 65 puntos del PIB desde entonces? Sin ir mas lejos, para que no me respondáis con la deuda tarifaria y todo eso, en este ultimo año 2014 la deuda pública ha aumentado en 6 puntos del PIB: es decir, un plan E cada 2 meses. ¿Era ese el “experimento keynesiano” que “sembró la imagen de una economía desquiciada y poco fiable”?.
  • no ha habido en la España moderna un Gobierno menos respetuoso con los Presupuestos Generales del Estado que el de Zapatero” (Pág. 24). ¿Cómo casa esta afirmación con haber sido el único gobierno de la democracia que ha conseguido superávit en las cuentas públicas? ¿Y el que llevó al ratio de deuda pública a su mínimo de 36% del PIB en 2007?
  • “Zapatero se quejaba de una conspiración internacional para acabar con su credibilidad. La verdad es que la responsabilidad era toda suya…” (Pág. 26). ¿Toda suya? ¿Realmente no ha habido un problema de diseño de las instituciones de la zona euro? ¿Ni de actitud de Alemania en lo que se refiere a las políticas de austeridad? ¿Ni del BCE en su percepción de la política monetaria que necesitaba la zona euro? Un BCE que subió los tipos de interés en julio de 2008, incluso después de que Zapatero reconociera la crisis. Por lo visto, Zapatero no fue el ultimo en verla…. Ni el penúltimo.
  • “Ningún presidente español llegó al poder en la España democrática con menos formación en asuntos económicos que JLRZ”. La veracidad de esta frase es difícil de contrastar, aunque yo lo dudo, porque Zapatero celebró y ganó varios debates de Presupuestos a Cristóbal Montoro. Pero lo que no dudo es de la irrelevancia del tema. No tengo ni idea de la economía que saben Obama o Merkel. Pero sé que Gordon Brown es un magnífico economista y que el Reino Unido sufrió más caída del PIB y más déficit público que España. La gran diferencia es que los de su partido no quisieron desmarcarse de él, ni negarle tres veces, cuando dejó de ser primer ministro.

Y, frente a esta dureza con Zapatero, que benévolo es en  cambio este libro con otros:

  • Por ejemplo con Margallo, que aparece como el padre de la unión bancaria…. Siempre es bueno aprender cosas.
  • O con Rato, “aplicó la política reformista que llevó a la entrada de España en el euro. Su nombre quedó unido al establecimiento de un círculo virtuoso de la economía española “(Pág. 128) ¿desde cuando las burbujas son círculos virtuosos? También es benévolo el libro con la salida de Rato del FMI a mitad de su mandato.
  • O con el episodio de la pérdida que tuvo España del puesto de consejero del BCE cuando terminó el mandato de González-Páramo. ¿Hubo veto a algún español potencialmente aceptable para ese puesto? No aparece en el libro, pero muchos dicen que lo hubo. Y por eso es injusto que se achaque toda la pérdida de peso internacional de España a Zapatero, cuando, entre otras cosas, fue el que consiguió que España entrara en el G20 en 2008.

Para terminar, el libro menciona una idea que esta poco desarrollada. Y es la idea de la “oportunidad perdida”. Comparto en  buena parte esa idea. La economía española sale de esta crisis con una lista de retos estructurales que habrá que abordar, alguien tendrá que abordar, en la próxima bonanza, porque la dificultad de llevar a cabo reformas estructurales en períodos de recesión ha quedado de manifiesto en esta crisis. El riesgo es que nos olvidemos de las reformas, de nuevo, en la próxima bonanza.

Esta idea da para otro libro. Y yo te animo a escribirlo, aunque seguramente no querrás que sea yo el que te lo presente…

Muchas gracias.

todosvimos

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INTERVENCIÓN DE LUIS DE GUINDOS

(notas tomadas al oído)

Quiero recordar lo que ha pasado y quiero hacerlo con humildad. Lo divido en cuatro etapas:

A.- Origen de la crisis: crisis de endeudamiento y de déficit externo. Hay quienes creían que el déficit no importaba al estar en el euro. Esta es la primera crisis financiera de España en el euro y el euro nos elevó el umbral del dolor. La banca tenía 320.000 millones en activos dudosos. Desaparecen 6 o 7 puntos de ingresos estructurales.

B.- Planteamiento: Decir la verdad. El Gobierno siempre se ha quedado por debajo del consenso. Nunca hemos creado falsas expectativas.

C.- Estrategia del Gobierno: Evitar el rescate. Nadie daba un duro por nosotros en julio deLEONES CONTRA DIOSES Müller2011 cuando Zapatero convocó elecciones anticipadas. El BCE (Trichet) compró más de 40.000 millones de euros de deuda pública. Después vinieron los LTRO. Lo que nos mataba era el sistema financiero. Había que recapitalizar y pedimos recate. Entre enero y agosto de 2012 hubo otro indicador casi tan importante como la prima de riesgo y fue el Target 2. Salieron 250.000 millones de euros del país en 8 meses, el 25% del PIB.

No creo que lo de Draghi fuera lo fundamental. Draghi, a diferencia de Trichet, no ha comprado nunca un euro de deuda pública. La clave es el cambio de actitud de Alemania respecto de la integridad del euro. Se toma una decisión importante en septiembre de 2012 en París que no ha salido a la luz pública y que es la decisión de impulsar la Unión Bancaria.

La otra parte de la historia tiene que ver con las medidas que se adoptaron, con las reformas. Ahí está la reforma bancaria. “Quién te iba a decir que ibas a nacionalizar bancos”, me decían en el Gobierno. Se actuó con transparencia. Invertimos 220.000 millones en un año en saneamientos.

El déficit público se ordenó. Se tomaron medidas para acabar con el déficit de tarifa energético. Se hicieron reformas en el sector comercial, se actuó sobre las insolvencias, el gobierno corporativo. Si uno revisa, el de Rajoy ha sido el gobierno más reformista de la historia.

¿Qué hubiera supuesto el rescate?

Un ajuste más intenso. Una mayor caída del PIB. Una recuperación mucho más dura. Nuestros vecinos de Portugal aún no la tienen. Un recorte de la autoestima del país que quizá qué hubiera supuesto.

D.- Resultado: España, ahora, empieza a crecer. Estamos creando empleo gracias a la sociedad española. Estábamos en el límite y nos hemos alejado. Hemos corregido todos los desequilibrios macroeconómicos que nos encontramos. El futuro hoy es distinto al que teníamos hace tres años. España va a crecer más que la media europea y va a crear empleo. Lo más importante es que hemos puesto las bases para ello.

Gracias.

Dejo para el final la reflexión que lanzó Ignacio Gomá en Twitter.

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