Mis apuntes de 'The Crown', la última coartada de los Windsor

Resulta paradójico que el estreno de la tercera temporada de The Crown -la serie que muestra cómo los Windsor han aprovechado ciertas noticias para tapar aquellas que no les convenían- haya servido para mitigar la separación de la vida pública del príncipe Andrés -tocado por su amistad con Jeffrey Epstein y sus relaciones con una menor de edad- y el “paso atrás” del príncipe Harry y Meghan Markle. Precisamente en el último episodio, Ana, la hermana de Isabel II le dice que va a separarse y que será el primer divorcio desde Enrique VIII. La reina le dice entonces que tiene una buena noticia: “Si lo planeamos bien, el anuncio de tu separación podría amortiguarse con la dimisión del primer ministro”.

Con la excusa de contar la vida de Isabel II, The Crown es una serie que logra rediseñar la imagen de la monarquía británica, convirtiendo sus miserias en dramas humanos y políticos que tienen su eco en la eternidad. Desde The Queen, la relación de la industria audiovisual con la monarquía británica no es inocente. Sus productos han sido fundamentales para recuperar el anclaje popular después de que este tocara fondo en 1992, el año que la propia Isabel II calificó de “annus horribilis”.

En esta temporada, estrenada el 17 de noviembre de 2019, los guionistas se han esforzado por transmitir ideas-fuerza que recopilé en este texto que elaboré nada más ver la serie y que era para mi uso como documentación personal. Alerto a quienes no la hayan visto que aquí quedan al descubierto aspectos de la trama de la obra.

Un último apunte de mi cosecha. El príncipe de Gales se consolida como personaje en esta temporada de la serie. He hablado con una persona que vivió ese momento de la historia y conoció a los personajes de primera mano para disipar algunas dudas. ¿Carlos admiraba tanto a Eduardo VIII como se desprende de la serie? ¿Sentía que su pasión romántica uniría su destino el del ex rey? ¿Vivía atormentado como un príncipe de Shakespeare? La persona a la que pregunté me dijo que la serie, en eso, se toma grandes licencias. “Deja a Carlos como a un tonto”, me dijo. “Él siempre pensó que su tío David (el ex rey Eduardo VIII) era un pobre hombre que había tomado una decisión equivocada”.

Estos son mis apuntes y recortes sobre esta magnífica serie:

Churchill

Desde la primera temporada, la serie ha vinculado la imagen de Isabel II con la de Churchill, uno de los mitos más poderosos del Reino Unido. Sin embargo, en el primer episodio de esta temporada, “el viejo león” está agonizante y la reina lo visita en su lecho de enfermo y eso le da ocasión de preguntarse para darle ánimos: “¿Dónde estaría Gran Bretaña sin su mejor británico?” Pero Churchill se ha dormido. La reina lo besa en la frente y se marcha.

La postverdad

También en el primer episodio, se recrea la historia de Anthony Blunt, el curador de las colecciones reales. Se descubre que ha sido un espía soviético (del famoso Círculo de Cambridge), pero el asunto no se hace público y se maneja discretamente. Felipe de Edimburgo trata de presionar a Blunt para que renuncie, pero este se niega y le recuerda que hay episodios que pueden resultar comprometedores para el príncipe: “Todos nos contamos mil cosas para darle sentido al pasado. Tanto que nuestras invenciones si nos las repetimos lo suficiente, se convierten en verdad. En nuestra mente y en la de los demás. Y créame, me alegra saber que su verdad es la verdad. Es lo mejor para todos”.

No somos iguales

La princesa Margarita ha encandilado al presidente Johnson de EEUU con su estilo desenfadado y plebeyo, y ha logrado desbloquear una importante operación política. Isabel, que ha considerado cambiar el papel constitucional de su hermana para darle más relieve, siente un puntito de envidia: “Margarita fue aquello que le supliqué que no fuera, lo que yo nunca podría ser: instintiva, espontánea, deslumbrante… Yo soy predecible, responsable, fiable. Pero estaría bien ser deslumbrante a veces”.

Entonces Felipe de Edimburgo pronuncia algunas de las mejores líneas de la serie: “El sistema es desigual, injusto y cruel. La ley del primogénito divide y destruye familias. El sistema es horrible. Pero en su crueldad e injusticia refleja algo más que es duro y brutal y que nadie sugiere que cambiemos: la vida. Todos deseamos la igualdad, pero lo cierto es que no nacemos iguales”.

“Siempre ha habido Windsor aburridos y deslumbrantes. Deslumbrantes, brillantes e individualistas. Así Por cada Victoria, tienes un Eduardo VII, por cada Jorge V tienes un príncipe Alberto, por cada Jorge VI tienes un Eduardo VIII, por cada Isabel tienes una Margarita. Habrá tenido éxito, pero no nos engañemos pensando que una diplomacia seria pueda lograrse bebiendo y cantando.  No rescribamos las normas constitucionales porque haya tenido éxito una vez…. Esa mente febril no necesita más ánimos”.

“Todo es política”

En el tercer episodio se cuenta la tragedia de Aberfan, un pueblo minero cuya escuela infantil resulta arrasada por el derrumbe de una montaña de residuos. El primer ministro Wilson viaja al lugar de la tragedia y sus asesores intentan quitarle hierro al asunto:

-Debemos tener cuidado, esto podría ponerse feo muy rápido- dice Wilson.

-Vamos Harold, esto es un accidente provocado por una lluvia sin precedentes. No todo es política.

-Todo es política- sentencia el primer ministro.

“Apenas necesitamos la humanidad”

La reina le explica al primer ministro que no ha sido capaz de emocionarse con la tragedia de Aberfan. Y que tampoco lo hacía cuando visitaba sitios bombardeados durante la II Guerra Mundial. Wilson la tranquiliza: “No podemos contentar a todos y seguir siendo fieles a nosotros mismos. Hacemos lo que debemos como líderes, esa es nuestra labora. Nuestro trabajo es calmar más crisis de las que creamos. Ese es nuestro trabajo y usted lo hace pero que muy bien. En cierto modo su ausencia de emociones es una bendición: nadie quiere ver histeria en una jefa de estado. La verdad es que apenas necesitamos la humanidad”

El misterio de la monarquía

Felipe de Edimburgo pide más recursos para la Casa Real. El gobierno se molesta. Wilson: “La armadura más fuerte en el arsenal de la monarquía es esa sensación de misterio de la que se deriva su aire de majestuosidad. Lo único que inspira asombro en esta pandilla es el tamaño de su hiperinflado egocentrismo”.

Para ganar popularidad, Felipe promueve que la BBC haga un documental sobre la vida cotidiana de la familia real. El experimento sale mal: acaba ridiculizando a sus miembros.

La reina reflexiona con Wilson sobre el asunto:

-La televisión es buena para la gente normal- dice el primer ministro.

-Pero de eso se trataba, que todos vieran que tras las puertas de palacio somos gente normal- replica Isabel.

– No señora, no son normales… el pueblo no cree que lo sean. Y, si me permite, aquí la cosa se complica, ellos no quieren que sean normales.

-Y entonces qué quieren?

-La verdad es que no sabemos lo que queremos, aparte de que queremos que sean extraordinarios, un ideal…

-Ningún ser humano es ideal- contesta Isabel-. Sólo Dios es ideal, por eso quiero que la familia real permanezca fuera de la vista, fuera de la mente, por nuestra supervivencia y cordura. Pero la contradicción es que no podemos estar escondidos, tenemos que estar a plena vista todo el tiempo… lo mejor que hemos encontrado por ahora es ritual y misterio, porque nos mantiene ocultos aún estando a plena vista. El humo y los espejos, el misterio y el protocolo no están ahí para mantenernos separados, sino para mantenernos con vida.

Técnica del golpe de estado

Lord Mountbatten se reúne con un grupo de conspiradores que quieren dar un golpe de Estado contra el primer ministro Wilson. Les sigue la corriente y les explica: “Lo que todos los alzamientos de éxito tienen en común son cinco elementos clave: control de los medios, control de la economía y la toma de objetivos administrativos para lo cual hace falta el cuarto elemento: la lealtad de los mandos militares. Bien, en Gana y en Gabón se consiguió con un puñado de batallones, pero aquí, en el Reino Unido, tendríamos que tomar el Parlamento, Whitehall, el Ministerio de Defensa y la sede del Gabinete… Harían falta decenas de miles de hombres de una lealtad inquebrantable y ni en mis mejores años podría dirigir semejante fuerza. Lo cual me lleva al quinto elemento: la legitimidad. Nuestro gobierno obtiene su fuerza de las instituciones centenarias establecidas que lo apoyan: los tribunales, el Common Law, la Constitución. Para que una acción contra el Estado pudiera triunfar, también habría que derrocar todo eso. Pero en una democracia tan evolucionada como la nuestra su autoridad es sacrosanta. Y por eso caballeros, un golpe de estado en el Reino Unido no tienen ninguna posibilidad…. A no ser que tuviéramos el respaldo de la única persona que no he nombrado: la Corona. La Corona tiene a su disposición poderes constitucionales sin igual que podrían hacer posible algo como esto: en 1834, Guillermo IV los utilizó para disolver su gobierno ante la oposición del Parlamento, y en 1920 la ley de poderes de emergencia fue aprobada, ley que otorga a la soberana poder en ciertas circunstancias para declarar el estado de emergencia… Ella es nuestro César”.

“Protegiendo la democracia”

La reina convoca a Mountbatten para reprocharle que participara en la conspiración contra Wilson.

-¿Por qué proteges a un hombre como Wilson?- pregunta Mountbatten.

-Estoy protegiendo al primer ministro, estoy protegiendo la Constitución, estoy protegiendo a la democracia- replica la reina.

-¿Pero si el hombre que hay en el centro de esa democracia amenaza con destruirla se supone que no tenemos que hacer nada?

-Sí, no hacer nada es lo que tenemos que hacer. Y aguantar el tiempo y esperar que la gente que lo votó, vote en su contra si es que eso lo que deciden hacer- repone Isabel-. Sé que te resulta casi imposible no hacer nada y no tener las responsabilidades que siempre has tenido. Naciste para estar ocupado y para liderar, pero aún tienes un papel importante que desempeñar en esta familia: una figura paternal para mi marido, un tío y un guía para mí, para hacer de Carlos un rey, por no mencionar un hermano para tu hermana…  Eso sería un mayor servicio a la corona que liderar golpes de estado anticonstitucionales.

“Nadie va a querer oírla”

Carlos discute con su madre sobre su papel en la familia.

-…Se me escucha en esta familia, se me ve por quién y qué soy. ¿Tengo voz?- pregunta angustiado Carlos.

-Demasiada voz para mi gusto- responde Isabel-. No tener voz es algo con lo que debemos vivir. Todos hemos hecho sacrificios y hemos suprimido quienes somos. Una parte de nuestro ser natural siempre se pierde.

-Eso es una elección

-No es una elección, es un deber. Yo tenía tu misma edad cuando tu bisabuela, la reina María, me dijo que no hacer nada, no decir nada, era lo más complicado. Requiere cada gramo de energía que tenemos. Ser imparcial no es natural, no es humano. La gente siempre querrá que sonriamos, o asintamos o estemos serios o hablemos, y en el momento en que lo hagamos habremos declarado una posición, una opinión y eso es lo único que como Familia Real no tenemos derecho a hacer. Y por esa razón esos sentimientos debemos ocultarlos.

-Mamá, tengo voz.

-Te voy a decir un secreto: nadie va a querer oírla.

-¿Te refieres al país, a mi propia familia?

-Nadie.

Los astronautas

Felipe se ve seducido por la aventura del Apolo XI. Trastoca toda la jerarquía exigiendo una reunión privada con los astronautas durante su visita al país. Pero, tras reunirse en privado con ellos, se siente profundamente decepcionado. 

-No se qué me esperaba, pensé que eran gigantes, dioses, pero en realidad son tres pequeños hombres, pálidos y resfriados…- le dice a Isabel.

-Ten compasión, esas cualidades les hacen perfecto para su trabajo…

-Pero su falta de estilo o imaginación…

-…Sentido del deber, modestia, fiabilidad- replica la reina.

-Una ausencia absoluta de originalidad o espontaneidad…

-Pero es lo que les hace perfectos en una crisis.

-Y completamente decepcionantes cuando les conoces en persona. Son capaces de ir a la Luna y volver sanos, pero un viaje a Londres casi los mata

-No es culpa de ellos, no querían ser figuras públicas. Y ahora por una sola misión lo serán para siempre.

-Cumplieron como astronautas, pero decepcionan como seres humanos.

-Van a pasar el resto de su vida como en una pecera, con miedo a abrir la boca, sabiendo que eso podría revelar como son de verdad y que eso decepcionará y por eso merecen nuestra compasión. 

La reputación

Eduardo VIII recibe malas noticias. Le queda poco tiempo. Y reflexiona con Wallis Simpson: “La reputación es una vana y engañosísima impostura que muchas veces se adquiere sin mérito y se pierde sin culpa”

El hombre en suspenso

Carlos cena con Camila Shawn (en el futuro Parker-Bowles). Y reflexiona sobre su papel:

-¿Príncipe de Gales?- se pregunta-. No es solo una forma de vivir, sino también un dilema. Soy a la vez libre y prisionero, totalmente superficial y bastante indispensable. No puedo dedicarme de lleno a una cosa u otra porque en cualquier momento todo puede cambiar.

-Y te convertirías en rey…- repone Camila.

-Por no hablar de cómo afecta a la familia. Cómo se puede ser un buen hijo cuando lo que más temes es lo que más, no deseo, sí deseo, porque hasta que ella no muera yo no podré vivir plenamente, no puedo ser aquello para que he nacido, así que estoy sometido a la ansiedad de la espera, como Saul Bellow… que escribió El Hombre en Suspenso, me siento como su protagonista a quien describe como existente en un atemporal y ligeramente ridículo abismo.

“La corona siempre encuentra el camino a la cabeza apropiada”

Isabel va a despedirse de su tío, Eduardo, en Francia. Hablan de Carlos y de la relación que han mantenido:

-Hemos tenido desacuerdos, pero siempre has sido mi tío favorito- le dice Isabel. 

– Es un detalle que lo digas y que hayas venido a visitarme… Te subestimé, yo y todos, pero la corona siempre encuentra el camino a la cabeza apropiada… mi padre, mi hermano, tu y algún día, Dios mediante, tu hijo. ¿Crees que no está preparado?

-Yo nunca he dicho tal cosa.

-Pero lo piensas. Puedo leer tu mente tan bien como tú puedes leer la mía. Y sé lo que piensas. A menudo parece débil, indeciso, pero con una buena mujer a su lado, diría que será un buen rey. Su pensamiento ya está puesto en ese asunto. Le gusta una tal Camila…

-Apenas se conocen…

-A veces, uno lo sabe inmediatamente, tú lo supiste…

-¿Qué te dice?

-Coge las cartas, léelas

-No puedo hacer eso, es correspondencia privada.

-Y afectan al futuro de la corona y arrojan luz sobre el alma no solo de un futuro rey, sino también de tu hijo. Es mejor que las tengas tu antes que cualquier otra persona. En el escritorio, en el cajón.

-Antes de que te vayas, por última vez, por todo ello, por todo lo que te hice, perdóname- dice el ex rey.

-Gracias. Lo que hiciste, tu abdicación del trono, me cambió la vida para siempre, pero quiero que sepas que no siempre es una maldición y no siempre he estado enfadada contigo. Hay días, cada vez más a medida que envejezco, que considero que es una bendición. Incluso en ocasiones he querido darte… las gracias. (Eduardo se ha dormido o perdido el conocimiento).

“Nunca renuncies al amor verdadero”

Wallis Simpson le entrega a Carlos un reloj que ella le obsequió a Eduardo VIII al que llama David con la inscripción: “No tienes excusa para equivocarte de dirección”. Ambos hablan tras el sepelio del ex rey.

-¿Es tu media naranja?- inquiere Wallis sobre Camila.

-Sí, eso creo.

-Pues si me permites dos consejos: nunca renuncies al amor verdadero, a pesar de todos los sacrificios y todo el dolor, David y yo jamás nos arrepentimos.

-Gracias y ¿el segundo?

-Ten cuidado con tu familia…

-Ah, son buenas personas

-Son terribles.

“Un emparejamiento apropiado”

Isabel II en las bodas de plata de su matrimonio, se dirige a Felipe de Edimburgo:

“Debo admitir, esposo mío, que los primeros 25 años de matrimonio han pasado en un suspiro. No soy muy dada a filosofar pero de vez en cuando se nos da la oportunidad para reflexionar sobre qué ha contribuido al éxito de algo y en el caso de nuestro matrimonio es la familia, la roca sobre la cual todo matrimonio duradero debe cimentarse, una red de hermanos y hermanas, madres y padres, primos y familiares, una filigrana de hilos diminutos entretejidos por sangre, parentesco y confianza…. Alcanzar esa, a veces esquiva condición de familia feliz, es una incansable lucha, una batalla, pero es una batalla que merece la pena librar, ya que no hay nada, en la vida, comparable. Un emparejamiento apropiado con una pareja apropiada son los sólidos cimientos sobre los que debe apoyarse una familia de éxito. El matrimonio es una apuesta que algunos en el mundo moderno cuestionan, pero es una apuesta, sobre la que, si me preguntan, puedo responder explítica e inequívocamente, estoy a favor”.

“Sólo hay una reina”

Isabel visita a Margarita que ha intentado suicidarse. Esta le dice que se va a separar de Anthony Armstrong-Jones y que será el primer divorcio real desde que Enrique VIII se separó de Ana de Cleves.

-Tengo una buena noticia al respecto- le dice Isabel-. Si lo planeamos bien, el anuncio de tu separación podría amortiguarse con la dimisión del primer ministro.

-¿Cuántos llevas ya?- pregunta Margarita.

-¿Primeros ministros?

-Mmm.

-El que le sustituya será mi séptimo.

-Los demás caemos como moscas, pero ella sigue y sigue- dice Margarita mientras besa la mano de su hermana.

-Que conste que hay muchas cosas que se te dan bien.

-¿Dime una que sea importante?

-Ser hermana.

-No te burles de mí.

-No lo hago. de todas las personas del mundo tu eres la más cercana e importante para mi. Y si al hacer esto querías que me imaginase por un minuto como sería mi vida sin ti, lo has conseguido: seria insoportable.

-Pues debemos seguir las dos.

-¿Qué opinas del jubileo?- pregunta la reina.

-Que debes celebrarlo…

-No crees que puede jugar en mi contra. Piénsalo, en el tiempo que llevo en el trono, ¿qué he logrado realmente?

-Has sido serena, estable…

-Inútil, inservible, este era un gran país cuando subí al trono y ahora mira. Adiós a la ‘segunda era isabelina’ de la que hablaba Winston, bajo mi mando parece que todo se ha venido abajo.

-Solo se ha venido abajo si nosotros lo decimos- responde Margarita-. Eso es lo bueno de la monarquía. Tapamos las grietas, y si lo que hacemos es lo bastante llamativo, grandioso y espectacular, nadie notara que todo a nuestro alrededor se ha venido abajo. Para eso estamos nosotros. Nosotros no, Tú. Tú no puedes ni parpadear, porque si mostrases una sola grieta, no la veríamos como tal sino como un abismo por el que todos caeríamos. Tu deber es mantenerlo todo en pie.

-¿Y debo hacerlo sola?

-Solo hay una reina.